Economía y Empresa 


Cómo generar valor en plena revolución digital

Los cambios que se están produciendo en las últimas décadas en la sociedad y en la economía afectan directamente a la forma tradicional de entender la empresa. La dimensión social de nuestras vidas, el uso que hacemos de las redes sociales, la omnipresencia de Internet y el acceso a los dispositivos móviles conllevan un replanteamiento de los negocios y su necesidad de cambio para la supervivencia y el éxito.

Pese a ello, no todas las organizaciones se han sumado al carro del cambio.

La empresa actual ha tenido un largo recorrido caracterizado durante décadas por un modelo de negocio pos-industrial, en el que el indicador que medía el éxito era el posicionamiento en el mercado basado en volúmenes de producción, la venta a escala y la eficiencia económica.

A lo largo de muchos años, estos indicadores se han mantenido en el tiempo debido a un contexto cuasi-permanente que ha permitido la supervivencia de los negocios, y en muchos casos, la expansión. Ejemplo de ello han sido la estabilidad de los mercados, donde un grupo reducido podía dictar qué se debía hacer y fijaba los límites de las tendencias.

Por otra parte, la clientela tradicional actuaba de forma conformista, situándose al final de la cadena de valor, sin cuestionar las novedades o pautas que introducía el mercado.

Finalmente, y a nivel de organizaciones, los líderes luchaban por la optimización de los sistemas y los procesos de la estructura,  donde el modelo de negocio se mantenía, ofreciendo lo de siempre, pero mejor.

Sin embargo, el panorama empresarial ha cambiado por completo con los avances de estos últimos años. Las empresas con verdadera voluntad de permanencia tienen poco en común con lo que anteriormente algo se podía considerar una señal de éxito y progreso.

En este sentido, se ha podido apreciar cómo en los últimos años se han modificado los orígenes de los movimientos empresariales.

La economía de escala ya no tiene que ver con el tamaño de la empresa, sino con la capacidad de generar negocio a través de las comunidades.

En relación a esto, los clientes se han convertido en una fuente de creación de valor. En lugar de poner al cliente al final de la cadena de valor, cada vez más empresas lo sitúan en un ámbito de la co-creación en todas sus prácticas innovadoras.

Por lo tanto, se puede afirmar que los entornos colaborativos se han trasladado a la realidad de la empresa, tanto a nivel de clientes como de profesionales al servicio de ésta. Cuando los empleados saben hacia dónde va la empresa y qué se espera de ellos, saben bien hacia donde hay que ir y se comprometen más.

La voz del cliente y del empleado son claves en la generación de valor de la organización.

En definitiva, la clave para adaptarse a este cambio de era no es otra que escuchar al mercado. Sólo así se puede apreciar la diferencia entre la aplicación de un modelo de marketing tradicional en entornos que ahora se consideran sociales y la creación de empresas conectadas, o sociales con todo su potencial. Es la diferencia entre las empresas que buscan tener un gran número de seguidores en las redes sociales y aquellas que hacen a éstos partícipes de su negocio. Precisamente son estas últimas las que disfrutan de un mayor potencial de éxito, lo que se traduce en una mayor agilidad y flexibilidad para responder a las condiciones cambiantes del entorno.

Se necesitará cambiar el chip de las decisiones centralizadas hacia aquellas que son distribuidas, haciendo a la comunidad copropietaria del éxito, generando así sinergias y lealtad.

Todas las decisiones llevadas a cabo con este nuevo método, tendrán seguramente como consecuencia la aparición de errores.  Sin embargo, parte del éxito radica en ellos, para aprender, reconocerlos como parte del camino y visualizarlos como nuevos aspectos de mejora. Aprender y desaprender es vital para la gestión de la nueva era.

Si bien a lo largo de la era industrial el poder residía en mantener para uno lo que se consideraba de valor, en la era social hay que comprometer a los demás, siendo abiertos y trabajando conjuntamente.

 

Vía| Harvard Business Review

Más información| Twistimage

Imagen| Era social

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