Jurídico 


Cómo explicar los desacuerdos entre juristas (Brian Leiter): el desacuerdo teórico

Cuando abogados y jueces discrepan sobre cualquier caso y ambos tienen un desacuerdo teórico acerca del derecho, litigan sobre lo que los teóricos reconocen como el criterio de la validez jurídica o fuentes del derecho, como diría Ronald  D. Workin. Esto es, nos referimos a la discrepancia sobre el criterio que debe saciar a una norma para que ésta sea jurídicamente válida en un Ordenamiento Jurídico de referencia. Dworkin, filósofo y político norteamericano, mantiene una férrea crítica al positivismo de Hart; pues corrobora que no existe una práctica convencional por parte de los officials (funcionarios) y que por ello hay desacuerdos. Y si no hay convención, no hay respuesta jurídicamente correcta.

Es acertado considerar dos ejemplos que Dworkin propuso relevantes para tratar su crítica, a saber: en Riggs v Palmer, la cuestión central trataba de si Elmer estaba legitimado para heredar el testamento de su abuelo a quien había asesinado con el objetivo de hacerse con dicha herencia según la voluntad del fallecido. Por una parte, la mayoría del tribunal neoyorquino expuso que Elmer no estaba legitimado; a sensu contrario, la minoría sostuvo una postura antagónica. Pero lo que les preocupaba a los officials en este sentido versaba sobre qué era derecho. A partir de aquí se formulan dos teorías: la teoría de la interpretación literal y la intención contrafáctica del legislador. Así pues, la minoría de los officials que acogían la idea que Elmer debía heredar se justificaba a través de la dicha que las palabras son lo que son y que, por lo tanto, debíamos estar al sentido literal del texto normativo, asignando el significado por el cual se optaría si no se conociera el contexto (¡sí!, ¡cómo verdaderos ignorantes!). En cambio, la mayoría de los jueces que sostuvieron que el criminal no estaba legitimado para heredar, se fundamentaron en que sería completamente algo irracional  que un criminal pudiera heredar y que, por ello, había que estar a la intención que el legislador tuvo en el momento en que dictó la ley de sucesiones norteamericana; pues evidentemente en ningún momento se promulgó una normativa que, a pesar de su literalidad, pudiera beneficiar a un asesino.

El segundo ejemplo mencionado por Dworkin es la sentencia del Tribunal Supremo en Tennessee Valley Authority vs HillLa Endangered Species Act de 1973 adhería la protección de una especie de pez conocido como tanasi o darter. En este caso, la Tennessee Valley había hecho ya un gasto total de 78 millones de dólares para la construcción de un dique, el cual conllevaría la puesta en peligro del hábitat de la especie animal mencionada. Así pues, la cuestión en este caso era referente a si la construcción debía pararse. La mayoría afirmó que debía procederse al paro del mismo, pues creían que se debía estar al literal de la ley,  y tal y como decía Dworkin el Tribunal no tiene derecho alguno a rechazar la aplicación del mismo únicamente porque crea que el resultado es estúpido. No lo sostuvieron de forma semejante los disidentes, sino que, como bien expresó la mayoría de Riggs, debían dirigirse a la simple interpretación del legislador; ello seria lo que determinara el significado de la norma y, por ende, la determinación de qué es derecho. En definitiva y en la misma línea que el ejemplo anterior, lo que se preveía era una desacuerdo teórico ante el posible significado de la Endangered Species Act. 

Imagen| Bajo mi ceiba

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