Patrimonio 


¿Cómo era la imagen de las mujeres en la Grecia Antigua?

La imagen de la mujer en la Antigua Grecia es, sin duda, creación y justificación del pensamiento masculino. Por eso eso mismo, los valores que se imponen a la hora de representar a la mujer son los de la prudencia, la vergüenza, la sumisión o la discreción que siempre han de acompañar a la mujer “honrada” en el lugar al que pertenece, que no es otro que el oikos, el hogar. Para los pintores, ceramistas y, seguramente, escultores, las mujeres debían tener una tez clara, al contrario de la piel bronceada de los hombre, debido a su inexistente trabajo en el exterior, algo que ya ocurría en la iconografía egipcia. La actividad más reconocida dentro de las tareas del hogar era la elaboración de tejidos, teniendo como modelo a Penélope que fue su único trabajo junto con el de mantenerse fiel hasta que volvió su marido Odiseo. Las esposas, hermanas y madres han de tener un aspecto recatado, con el pelo recogido e incluso tapado con un velo, como encontramos en las imágenes de la Atenas de los siglos VI y IV a. C. Y por esta razón encontramos en el lado totalmente contrario a las gorgonas, furias, sirenas o arpías, una serie de monstruos con aspecto de mujer del que el hombre debe alejarse; incluso ver a las mujeres desnudas puede llevar a la muerte. Una sola mujer puede llevar a la destrucción de ciudades enteras, como Helena de Troya, o incluso a desatar el caos, como Pandora. Había que mantenerlas a raya.

Muy poco se sabe de la educación femenina. Es cierto que en algunos vasos encontramos representaciones que pueden llevarnos a pensar que sí tenían una educación, como es el caso de una copa del Metropolitan de NY, en la que una mujer conduce a  otra que se resiste a seguirla agarrándola de la mano, como un gesto de dominación. La joven que se niega a echar a andar haciendo un gesto hacia atrás, lleva un la mano un díptico de tablillas de cera, donde además aparecen un estilete o punzón para escribir. También podemos encontrar mujeres leyendo, o mujeres con utensilios propios de una escuela cerca. Pero parece que serían más escenas de parodia de la educación masculina y que sirvieran en los banquetes como motivo de conversación y mofa, ya que parece que las mujeres honradas no iban de una enseñanza específica para el cuidado del oikos. Sólo sabemos de un grupo de mujeres que sí adquiría conocimientos y muy variados: las heteras o cortesanas. Estas mujeres acompañaban y entretenían a los varones en la segunda parte del banquete o symposion, cuando se retiraba la comida y se bebía, cantaba, charlaba o jugaba. En esta copa del Museo Arqueológico Nacional, las mujeres son representadas bailando y tocando el aulós, instrumento que no debía tocar una dama debido a la deformación de los carrillos que conllevaba tocarlo. Quizá por eso la leyenda decía que fue Atenea la que lo inventó pero lo rechazó por verse de esta manera.

Las mujeres que llegaron a mostrar su verdadera naturaleza fueron las amazonas y ménades, muy frecuentes en las representaciones de cerámica ática en época arcaica y clásica, en imágenes privadas e incluso en la decoración del Partenón. Las amazonas pertenecen a un lugar que se situaba fuera de los límites del mundo griego; ellas son las que mandan, viven en el exterior y salen a combatir llegando incluso a invadir Atenas en época de Teseo. En las imágenes las amazonas siempre conservan los dos pechos y van armadas como los soldados de infantería, aunque siguen manteniendo su tez blanca. En el siglo V a. C. aparecen muchas veces como persas, como los enemigos orientales; se cree que este modelo se siguió desde la pintura de Micón de la stoá Pécile del ágora de Atenas, asociada a la batalla de Maratón. También encontramos este tipo representación en una crátera de campana  del Museo Arqueológico Nacional procedente de una tumba de la necrópolis granadina de Baza de hacia mediados del siglo IV a. C. Las ménades eran simplemente mujeres que salían de la ciudad para formar parte del cortejo de Dionisio donde participaban mujeres “locas” y sátiros que sería el elemento masculino. En la copa Borowski podemos ver que las ménades están descuartizando a un hombre con sus manos desnudas, puede que a Penteo, rey de Tebas según Eurípides nos cuenta en Las Bacantes.

Sin embargo, durante mucho tiempo lo normal es que el hombre pudiese exhibir su cuerpo en público sin ningún pudor ejercitándose en la palestra, caminando por la calle con una clámide que se abría por el costado, en las competiciones atléticas y en el arte. El desnudo del cuerpo de la mujer tardó en aparecer, pues no fue hasta mediados del siglo IV a. C con la célebre estatua de Afrodita que compraron los habitantes de Cnido a Praxíteles y con la que ilustro esta articulo, cuando el cuerpo de la mujer se convirtió en culto. A la diosa la sorprendemos en el baño, como si el espectador fuera un voyeur; intenta taparse pero casi sin convicción; nos mira y nos sonríe. El recinto donde se guardaba era una thólos, un espacio circular, donde la mujer sigue estando en un lugar íntimo, cerrado, alejada del hombre: el baño. Mirar a una diosa desnuda podía suponer un peligro. Cuando Luciano en Erote,14-16, que un joven quedó oculto en ejemplo cuando este ya había cerrado. La estatua de Afrodita quedó manchada del acto que realizó durante la noche a solas y al siga siguiente se suicidó arrojándose al amar. Se decía que era mejor ver la estatua en grupo que en privado. A partir de esta obra surgen una serie de Afroditas en el helenismo y se extienden por todo el mundo griego, pero sin ser exuberantes: tienen pechos pequeño, el pubis depilado, inofensivas. Pero así crearon el desnudo público, uno de los legados más importantes de la cultura griega.

Vía| Sánchez Fernández, C. (febrero 2017). La imagen de la mujer en la Grecia antigua. Desperta ferro. Arqueología e Historia(11), pags. 14-18.

Imagen|Afrodita de Cnido, Friso este del Partenon, Copa de Oltos, Copa Borowski.

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