Historia 


¿Cómo era el sexo en la Prehistoria?

No sabemos con exactitud cuándo el sexo dejó de ser un acto exclusivamente destinado a la reproducción para el ser humano, y cuándo pasó a significar, además, una actividad relacionada con el placer. Sin embargo, es evidente que los homo sapiens de la Prehistoria ya practicaban el sexo contemplándolo tal y como hoy en día se hace, por lo que esa evolución de la mera procreación al fenómeno sociológico se correspondería con un período de más de doscientos mil años, durante el Paleolítico Superior. El sexo como deleite es tan antiguo como el propio hombre, pero es algo que no debería resultarnos raro teniendo en cuenta que anatómica y cerebralmente, aquellos humanos prehistóricos eran exactamente iguales a nosotros.

Camarín de Las Vulvas. Cueva de Tito Bustillo. Ribadesella

Camarín de Las Vulvas. Cueva de Tito Bustillo. Ribadesella

Miremos a las rocas. Son muchos los testimonios que nos indican la visión que nuestros ancestros tenían del sexo. Conservamos imágenes en variados formatos como las halladas sobre piedras o paredes de cuevas a lo largo de toda Europa, que nos informan de la evolución de su posición con respecto a la sexualidad. Desde hace cuarenta mil años, nuestra especie plasmaba dibujos que representaban aspectos de la vida sexual. En un primer momento, dichos grabados únicamente poseían un valor descriptivo de los procesos fisiológicos, como por ejemplo, el del parto, que parecían conocer perfectamente según los bocetos en los que simbolizaban el proceso de dilatación de la vagina en el momento de dar a luz. ¿Y quién no conoce las venus? Estas figuras de mujeres, habitualmente orondas, tienen antigüedades de entre veinte mil y casi treinta mil años, y son numerosas las encontradas a lo largo y ancho de Europa. Sus pechos son enormes, sus caderas muy prominentes, y no es extraño que en muchas de ellas se encuentren claramente exageradas sus vulvas, teniendo en cuenta que en la posición normal de una morfología femenina no deberían quedar tan a la vista. Bien pudiera deberse a que con ello querían representar la importancia de los partos y la fertilidad, en esa sociedad en la que lo habitual era que pocos niños sobreviviesen, pero también queda demostrado que existía cierta predilección por determinadas partes del cuerpo. Ya en el último tramo del Paleolítico Superior, los artistas entraron de lleno en la representación de escenas que claramente evidencian que el sexo era practicado por puro placer. Dibujos de parejas copulando en distintas posturas, o de escenas donde se aprecian elementos sexuales experimentales, nos indican que la supervivencia de la especie no era el único motivo por el que los habitantes de las cavernas se dedicaban a fornicar.

Si citamos algunos ejemplos de este tipo de imágenes, podemos alcanzar grados verdaderamente explícitos. Desde un amplio abanico de posturas que buscaban aumentar el placer por medio de la penetración más profunda, hasta dibujos esquemáticos que por su extrañeza no tienen una clara interpretación. Como ejemplo de lo primero, existen escenas esquematizadas en las que el hombre aparece elevando una pierna de la mujer. En cuanto a lo segundo, podemos citar dibujos en los que vemos a hombres con el pene erecto junto a animales. Un poco raro. Se conservan pinturas que representan escenas de sexo en grupo, así como dibujos de penes erectos o vaginas secretando flujos junto a manos plasmadas a su lado, evidenciando, quizás, actividades de masturbación.

El sexo en la Prehistoria sí difiere del que en la actualidad concebimos sobre todo en cuanto a un punto. El sexo en la Prehistoria era totalmente desinhibido. Se practicaba en cualquier sitio y en cualquier momento. No era una práctica que supusiera tener que esconderse para realizarla. Los asentamientos prehistóricos no incluían ningún sistema destinado a la privacidad. Podemos imaginarnos a una pareja copulando en el interior de una cueva, a unos metros del resto del grupo, o a un hombre y una mujer fornicando dentro de una cabaña con la entrada a la misma totalmente abierta mientras sus vecinos pasean alrededor.

2014 07 A

Falo de Tübingen

Además de los testimonios rupestres, se conservan artilugios que tras someterse a estudio se han identificado como juguetes utilizados para el onanismo. En su mayoría son elementos fálicos fabricados con distintos materiales como piedra, hueso o astas de renos. El consolador femenino más antiguo de la Historia es el falo de Tübingen, descubierto en el interior de la cueva de Hohle Fels, en Alemania, y que posee una antigüedad de unos veintiocho mil años. Se trata de un objeto cilíndrico exquisitamente esculpido en piedra, de unos veinte centímetros de largo por tres de diámetro, que tuvo que ser reconstruido a partir de catorce fragmentos. El delicado trabajo de pulido y sus dimensiones llevaron a los expertos a considerar que se trataba de un auténtico juguete sexual.

El sexo en nuestra sociedad es un elemento básico para favorecer la sociabilidad. Y si desde hace cuarenta mil años somos lo que somos, no es sino un tema curioso, y no raro, el que envuelve estas aventuras sexuales de nuestros ancestros.

En colaboración con QAH| Corresponsal en la Historia

Vía| La Vanguardia

Imagen| PinturasFalo

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