Cultura y Sociedad 


Cómo construir un buen villano. Hannibal Lecter, Darth Vader, Freddy Krueger

La teoría de guión da una premisa clara que muchas veces es poco tenida en cuenta: tu antagonista debe ser igual o más poderoso que tu protagonista. Si esa fuerza opositora no está a la altura, el conflicto no resulta eficaz.

Hay escritores que han trabajado el “malo” de su historia más que cualquier otro aspecto de su obra. Un claro ejemplo es Hannibal Lecter, el psiquiatra caníbal ideado por el novelista Thomas Harris, que dejaba descaradamente en segundo plano a la FBI Clarice Starling en El silencio de los corderos (1991). O Darth Vader, que quedará en el colectivo imaginario cinéfilo para siempre haciendo que Luke Skywalker nos parezca poca cosa en comparación. No es de extrañar entonces que los dos suelan copar las listas tipo “Los mejores villanos de la historia del cine”. Y no seré yo quien ponga en duda su valía, pero mi apuesta siempre ha sido otra menos popular en los rankings: Freddy Krueger.

Freddy Krueger, obra de Wes Craven

Freddy Krueger, obra de Wes Craven

Lo primero que llama la atención de un antagonista es su caracterización. En el Dr. Lecter vemos a un magnífico Anthony Hopkins con aspecto elegante y aseado pero con una mirada que por momentos cambia de vacía a intensa, reflejando a la perfección el carácter sociópata que esconde; cuando aparece la máscara anti mordeduras el conjunto adquiere una potencia visual remarcable. Darth Vader impone con su look  mezcla de robot y samurái, una voz profunda (qué suerte la nuestra de poder disfrutar del gran Constantino Romero) y sus dos metros de altura. Pero es innegable que Krueger se lleva el duelo. Hablamos de Robert Englund con la cara desfigurada por las quemaduras, un guante con cuchillas en lugar de dedos y un sombrero ajado que le da un extraño toque de dandy del infierno; la combinación funciona más que bien.

Otro punto que impacta al espectador es la música o sonido que les acompaña. La Marcha imperial de John Williams (la segunda persona más nominada en la historia de los Oscar, solamente por detrás de Walt Disney) es una pieza de museo que siempre se asociará a Darth Vader. ¿Y quién piensa en Hannibal Lecter y no le viene a la mente el sorbido horrible que hace con la boca para hacer notar su apetito de carne humana? Pero una vez más, si de aterrorizar se trata, la que se lleva la palma es la canción con letra macabra entonada por niñas saltando a la comba cuando Freddy aparece en pantalla. Transformar un juego infantil en un aviso de que él va a por ti es brillante.

Aunque el aspecto clave, donde reside el peso real de los villanos, es lo que están amenazando, cuál de nuestros miedos usan en su beneficio. En el caso de Lecter, son tres factores combinados: la aversión a que alguien sepa cómo pensamos y lo pueda usar para manipularnos (de ahí cierto recelo de muchas personas a los psicólogos), la difícil asimilación de que una mente privilegiada se decante por hacer el mal en lugar del bien y algo aún más primario (y por tanto más eficaz), el miedo innato a ser devorados, probable vestigio residual de miles de años de evolución de la especie. Sin embargo, Darth Vader posee atributos menos amenazantes: el miedo a que alguien use su “magia” o poder en nuestra contra (en este caso La Fuerza), el sometimiento mediante el uso de la violencia y la traición de un ser allegado cuyo papel se suponía que era cuidar de nosotros. Analizando a uno y a otro, no es de extrañar que Hannibal cause bastante más pavor que Vader.

Pero la obra maestra de Wes Craven (que se licenció en Psicología y de esto sabe un rato) va mucho más allá. Freddy es la perfección hecha pesadilla. Solamente te ataca cuando estás dormido, así que no puedes defenderte en la vida real, y más pronto que tarde todo el mundo tiene que dormir… Además, te tiene a merced en los sueños, un entorno que él controla pero tú no. Hay más: el guante con cuchillas que usa pretende reproducir las garras de un depredador; ¿recuerdan lo que hablábamos con Lecter de los miedos innatos que tenemos como especie? Y no conformándose con esto, Wes Craven dobla la apuesta en este aspecto. Porque Freddy no se limita a ir contra el instinto más arraigado que tenemos, que es el de supervivencia, sino que lo lleva al nivel conceptual vengándose de quienes le mataron a través del asesinato de su descendencia. No va a por sus agresores, sino a por sus hijos, quienes deberían perpetuar la estirpe. Porque no estamos simplemente diseñados para tratar de sobrevivir como individuos, nuestro instinto va enfocado a continuar la línea genética. Como pueden ver, se ha hecho un trabajo muy fino a la hora de diseñar el que espero que a partir de ahora sea su villano favorito. O por lo menos, al que más teman.

Dejamos para otro día, si les apetece, la evolución de los miedos sociales y cómo Wes Craven volvió a acertar de lleno doce años más tarde con su Ghostface de Scream: vigila quién llama (1996). Si es que escribiendo cine, quien trabaja bien su villano, tiene mucho ganado.

 

Más información| IMDb

Imagen| Freddy Krueger

En colaboración con QAH | LGEcine 

 

 

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