Coaching y Desarrollo Personal 


Cómo construir relaciones interpersonales positivas y no morir en el intento

A cada instante me cuestiono y analizo TODO, realmente todo. Mi mente no para, pero a diferencia de años atrás, cuando me generaba ansiedad y sufrimiento; ahora, luego del yoga, la meditación, los libros, los talleres, los viajes, las personas…sinceramente, lo disfruto. Analizo a los seres humanos, las relaciones interpersonales, las situaciones, las conexiones. Siempre fui así, desde los 4 años si más no recuerdo. Luego, por las vivencias tan peculiares que he pasado, construí la creencia que “todo sucede por alguna razón y depende de nosotros, las enseñanzas que extraigamos de ellas para ser mejores humanos y más felices”. He leído tanto respecto al ser humano: emociones, pensamientos, patrones de conductas, lenguaje no verbal, creencias limitantes, constelaciones familiares, energía, genética (…en fin); que ello me hace siempre dar un alto antes de actuar impulsivamente en las relaciones humanas y determinar el rumbo de las mismas. Este feriado largo, alguien me  preguntó: ¿Cómo haces para llevarte bien con la mayoría de las personas?, ¿cómo logras perdonar?, ¿cómo puedes reírte con alguien que te hizo “daño” y pareciera que lo quieres; realmente no te duele?, ¿cómo lo ayudas?, ¿no les tienes resentimiento?, ¿por qué tus ex enamorados parecen tus mejores amigo, por qué los abrazas con tanto cariño?, ¿cómo haces para estar tan en paz?. Contesté rápidamente (no erróneamente, pero sí a grandes rasgos). Sin embargo, me quedé pensando en ello, dándole vueltas el resto del fin de semana; y decidí hacer este artículo para contárselos. Como siempre digo, no es ciencia cierta, mi verdad no es la verdad absoluta, parte de mis vivencias, pero si en algo les puede funcionar, genial!.Articulo alejandra

  1. No juzgar.

Debemos entender que todos somos humanos, que todos cometemos “errores”, que así como juzgamos, seremos juzgados. Que siempre vamos a volver a “fallar”, pero que lo importante es ser consciente de ello y buscar la transformación posterior en lugar de “autoflagelarnos”.  Que mucho de lo juzgamos en otros es lo que más nos fastidia de nosotros mismos, lo que nos hace infelices, por ello nos es fácil visualizarlo en el otro. Antes de juzgar a alguien, entendamos que la persona no es sólo lo que nos dice; tiene un pasado y vivencias distintas a las nuestras, no observa la realidad como nosotros la observamos. Muchas veces desea actuar y sabe que es necesario un cambio, pero es “presa” de sus creencias limitantes tan fuertes y de sus “demonios” internos que aún no ha sanado. En la medida que entendamos eso, sabremos llegar este  con tacto y paciencia. No olvidemos que: no existe lo malo o bueno, sino lo que funciona o no funciona en este momento.

 2. Esperar el tiempo de cada uno.

Cada persona tiene su momento. Tus ritmos y tiempos no son los mismos de los que te rodean, porque como lo dije anteriormente, ellos no han vivido lo que tú has vivido, tal vez tampoco han viajado y leído lo que tú sí. Es por ello que, no debemos esperar que nuestro entorno genere los mismos resultados que nosotros, en lugar de ello, disfrutemos con sus avances. El progreso que hacen puede parecer “pequeño”, pero tal vez para ellos, dentro de sus posibilidades es un paso inmenso. Celebrémoslo, reforcémoslo, confiemos.

 3. Gratitud.

La vida puede ser blanca o negra, puedes ver el vaso medio lleno o medio vacío, es cuestión de actitud. Por ende, todo lo que nos suceda va a ser enriquecedor, en la medida en que captemos el mensaje de lo que nos quiera enseñar. No conocemos a alguien por casualidad sino por causalidad, porque la vida nos la puso para enseñarnos algo, porque nuestra energía la atrajo, porque nuestra vida la quiere en ella. Desde este punto de vista: ¿cómo no se puede ser agradecido por todo lo que nos sucede?. Personalmente, mis mayores aprendizajes se han dado desde los momentos más difíciles, así que hay que agradecerlos. Además, todas las personas (hasta las que nos estiman) van a cometer errores que nos van a “dañar”, y eso no las hace “malas” personas. Como mi mamá me decía cuando era pequeña: “No estoy molesta contigo, a ti siempre te voy a querer, estoy fastidiada con el acto; así que deja de realizar esa acción y todo estará bien”. Desde ahí entendí que, no deberíamos dejar de agradecer y querer a alguien por una acción errónea, cuando tal vez la llegamos a querer por cien acciones valiosas  durante nuestra convivencia en este mundo.

 4. Rodearse de personas adultas.

Es importante saber elegir a las personas con las que nos rodeamos, siempre buscando que nos puedan enseñar algo, que nos sumen (en lugar de restarnos y desorientarnos). En este contexto, si nos rodeamos de personas con sentimientos nobles, pero sobretodo, adultas (con criterio y sentido común), toda situación de desacuerdo y conflicto se va a poder resolver. Serán personas que afrontan, que dan la cara, que piden disculpas y perdonan, que mejoran; poseen tolerancia, capacidad de escucha y negociación, autocontrol y  poco ego. Seres humanos que saben que el fastidio pasará, que todo tiene solución y que vale la pena ceder.

 5. Reinventarnos y reinventarlos.

Cada vez que paso una situación complicada con alguien. Pienso de esta manera: “Primero, no digas nada, respira hasta que sientas que tus emociones están estables. Deja pasar unos días hasta que puedas ver con claridad, no tomes decisiones con las emociones confusas, no te encuentras en tus cinco sentidos. Segundo, intenta entender la situación, ¿qué hice yo?, ¿que hizo esa persona?, ¿en qué pude colaborar para no haber terminado de la mejor manera?. Tercero, ¿cuál es mi objetivo?, ¿qué espero que suceda ahora?, ¿es una persona valiosa?, ¿la deseo en mi vida?, ¿con qué rol la deseo en ella, con el mismo o con un nuevo rol?, ¿qué puedo rescatar de este vínculo?. Cuando la respuesta es: “No, no es una persona que ahora mismo le aporta a mi proyecto de vida”; sólo le mando las mejores vibras y con el tiempo, podré apoyarlo en situaciones puntuales. Cuando la respuesta es: “Sí, creo que es una persona que vale la pena tener al lado, que aún me puede enseñar, que no ha cumplido toda su misión a mi lado”; entonces intento solucionarlo, desde las posibilidades que tengo, sabiendo que para ello no debo pisotear mi dignidad y debo observar la predisposición de la otra persona.”

Al fin y al cabo, por algo generamos conexiones especiales con determinadas personas, algo valioso le estamos aportando juntos a esta sociedad. No dejemos ir a las personas que hacen bonito nuestro mundo.

 6. Aprender a aceptar.

Aprendamos a aceptar el “aquí y ahora”, aprendamos a no tener respuestas inmediatas para todo (con el tiempo llegarán, tal vez ahora no estamos preparados para saberlas). Tenemos que aprender a ser rechazados, a que nos digan que NOOOO. Cuando sintamos que, por más que lo hemos intentado en repetidas ocasiones, estamos “remando” solos,  debemos dejar de insistir.  No podemos ayudar a quien no se deja ayudar. Es ahí cuando solo les enviamos luz, amor y las mejores vibras. No esperemos cuando damos, no esperemos que alguien vuelva, no creemos historias ideales, porque es ello lo que nos genera sufrimiento. Paralelamente, tengamos los brazos abiertos para cuando soliciten nuestra ayuda. ¿Suena complicado?. Entrena tu mente, entrena tu corazón, entrena tu espíritu y alma.

Finalmente, no permitamos que nuestras creencias limitantes, nuestro ego, nuestro falso orgullo y nuestros MIEDOS nos paralicen a actuar y a transformarnos. Salgamos de nuestra zona de confort que es fuera de ella donde se encuentra el crecimiento y bienestar.

Vía| Alejandra Lezama

Más información|Escuela de Vida, Reflexión Visionaria

Imagen| “Lo siento, perdón, gracias, te amo”

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