Jurídico 


Comentarios a las elecciones europeas 2014

recommendations_ep_electionsMe corresponde a mí el honor de cerrar estos 26 días del especial #EuropeasQAH, con otros tantos artículos analizando todos los entresijos del funcionamiento de la Unión Europea: sus instituciones, su historia, las principales novedades en materia jurisprudencial de derechos políticos como el del derecho al olvido, y un largo etcétera.

El asunto elegido para cerrar nuestro especial es el análisis de los resultados de las elecciones europeas celebradas el día 25 de mayo de 2014. Lo haremos desde una doble perspectiva: por un lado, analizando los resultados en clave nacional; por otro, poniendo la atención sobre los resultados a nivel europeo, incidiendo en aquellos datos que nos parezcan más relevantes.

Empezando por los resultados a nivel nacional, destaca la “amplia participación” en Cataluña: por los resultados que se han obtenido, parece ser la participación es un 10% superior a la de 2009. Ello puede ser interpretado como un indicador de elecciones plebiscitarias, de la voluntad del pueblo de Cataluña de manifestar su identidad en las urnas, de una eclosión soberanista como lo llamó anoche El País; a mi juicio, ello debe ser más bien interpretado como un total desapego por la política a nivel autonómico en el año 2009 en Cataluña, y un interés creciente en la actualidad por una Cataluña en Europa, habida cuenta de la llamada de atención formulada por la Comisión Europea acerca de una posible independencia de la primera, que la dejaría fuera de la Unión.

La participación a nivel nacional ha sido del 45,86% del total de los llamados a votación. Una participación baja, qué duda cabe, pero ligeramente mayor a la de 2009. Parece que a nivel nacional se tiene menor interés por los comicios en clave europea, cuando, como destacan personajes de la política española, como Alfonso Guerra, en Europa se hace la mayoría de la normativa que aplica directamente en España (Reglamentos, Directivas, Decisiones, etc).

Los resultados a nivel nacional, decíamos, son: el Partido Popular, 16 escaños; el PSOE, 14 escaños; Izquierda Plural, 6 eurodiputados; Podemos, 5 eurodiputados; así como UPyD, 4 eurodiputados. Evidentemente, ello supone una victoria pírrica del PP (Pierde 5 escaños respecto del resultado de 2009); una estrepitosa caída del voto para el PSOE (Si bien es segunda fuerza política, pierde 9 eurodiputados respecto de 2009); y auge de partidos de nueva creación (Podemos, la gran sorpresa, se fundó en 2014, y UPyD en 2007). 

Respecto de los resultados a nivel europeo, destaca la también victoria en mayoría simple del Partido Popular Europeo (212 eurodiputados); la obtención de 186 eurodiputados por parte del S&D; pero sobre todo destacan el aumento de la fragmentación política y, preocupantemente, el auge de los partidos xenófobos y de extrema derecha o izquierda, como UKIP, que promueve la salida de Reino Unido de la UE; el Frente Nacional Francés, del archiconocido Jean Marie Le Pen, ahora dirigido por su hija; así como la muy preocupante entrada en el Parlamento Europeo de Aurora Dorada, un partido de extrema izquierda de carácter neonazi de Grecia.

Como dijo Diego López Martínez el pasado 24 de mayo en su post “La comisión Europea: un voto entre 400 millones”, por primera vez en la historia el Presidente de la Comisión Europea será elegido teniendo en cuenta el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo (Artículo 17, apartado 7, del TUE).

Así, con los resultados ya mencionados anteriormente, está claro que un gobierno de la Unión Europea en mayoría requerirá de pactos postelectorales. ¿Cómo será posible llegar a pactos electorales con tan variado espectro de ideologías que integran cada una de las coaliciones?

Por una parte, el Partido Popular Europeo, que lidera el expresidente del Eurogrupo Jean-Claude Juncker, tiene un perfil continuista al de la anterior Comisión (Durao-Barroso). Su leitmotiv es una mayor unión para una mayor Europa. Aquí se encuadra el Partido Popular español.

El Partido Socialista Europeo tiene como candidato al que actualmente es el Presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz (como pueden ver, o le cogen el gustillo a la política europea o como se dice habitualmente, “Todo queda en familia”). El principal objetivo del PSE es centrarse en los problemas que aquejan a los ciudadanos, dejando a un lado los problemas macroeconómicos. Aquí se encuadra, obviamente, el PSOE.

La Izquierda Europea reivindica, como no podía ser de otra forma, una auténtica política de izquierdas. A esta coalición pertenecen IU e Iniciativa per Catalunya Verds. La Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa proclama en su programa electoral la necesidad de frenar el gasto público europeo, así como un mayor peso de la Comisión de entre las instituciones de la Unión. Pertenecen a este grupo, entre otros, CDC y PNV. Por último, el Partido Verde europeo, al que pertenece EQUO, centra su programa político en las políticas sociales.

¿Nos podríamos aventurar a hacer cábalas acerca de las alianzas que pueden ocurrir? Una posible alianza de las coaliciones de los partidos de la izquierda podría dar un giro de 180º a la política europea. Por otra parte, parece también posible una alianza entre el Partido Popular Europeo (212) con la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa (70) junto con los Conservadores y Reformistas (44), aunque aún así necesitarían más apoyos.

Es algo que, como bien sabe el lector, es imposible anticipar: la política, decía Churchill, hace extraños compañeros de cama. Luego Groucho le corregiría diciendo que en realidad… es el matrimonio el que hace extraños compañeros de cama. Bromas aparte: veremos cómo queda la formación de la Comisión, quién será su nuevo Presidente, cómo se elegirá, toda vez que la disparidad de ideologáis y partidos presentes en el Parlamento lo harán sin duda muy complicado. Digamos, por concluir, que se trata de la legislatura europea que acaba con la estabilidad parlamentaria.

Una última reflexión que me gustaría compartir con ustedes: la política, como se ve, siempre es cíclica, como la economía. O quizás, por la economía. Como diría Bill Clinton: “es la economía, estúpido”.
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