Especial Van Gogh, Patrimonio 


Los comedores de patatas y el Van Gogh desconocido

El mes de mayo de 1885 puede considerarse un momento clave en la vida de Vincent van Gogh. El holandés concluye Los comedores de patatas, su primera gran obra de arte en opinión de muchos críticos. En cierta manera, este cuadro inicia una nueva fase en su producción pictórica, a la vez que sirve de compendio de su primera época, desconocida para el gran público, habituado a las explosiones de color y a la pincelada arabesca propia del Van Gogh de los últimos años. Hoy nos detenemos en esa etapa ignorada pero no menos interesante del pintor.

drenthe granjas

Granjas cerca de Hoogeveen, Vincent van Gogh, 1883.

Remontémonos al año 1883. Van Gogh abandona su relación con la prostituta Sien Hoornik, a causa de la presión familiar -en especial de su padre y no menos de su hermano Theo-. Otra relación que se rompe en este momento es la que le une a Anton Mauve, su primo y mentor artístico. El pintor deja La Haya y decide trasladarse a un ambiente rural. El destino elegido es Drenthe, en el noreste de Holanda, una región remota y poco desarrollada, de turberas y eriales, canales y miseria. Pero este ambiente de desolación sirvió como bálsamo para Vincent tras tanto vuelco sentimental. Los cielos grises y melancólicos apaciguaron su alma. En su producción predomina el paisaje, composiciones sencillas pero intensamente táctiles, óleos de pincelada gruesa y espesa con gradaciones de color muy sutiles, como podemos observar en Granjas cerca de Hoogeveen.

En Drenthe se comprometió más si cabe a dedicarse a la pintura, pero de nuevo se vio sumido en la soledad y el aislamiento. Le llegaban noticias de París: el mercado internacional de arte no atravesaba su mejor momento y Theo pasaba dificultades. Vincent le insta a abandonar la capital y trasladarse al campo con él.

«Vamos, muchacho, ven a pintar conmigo al erial, ven a caminar conmigo detrás del arado y del pastor de ovejas, ven a mirar el fuego conmigo. […] Creo que, como pintor, uno se siente más un hombre entre los otros hombres que llevando una vida que solo se basa en la especulación y en la que uno está sujeto a las convenciones.»

En diciembre de 1883 abandona Drenthe y se instala en la casa familiar -que en aquél momento estaba en Nuenen, una localidad en gran parte católica, cerca de Eindhoven-. Van Gogh le dedica a la pintura la mayor parte del tiempo, captando con maestría el mundo que le rodea, un mundo de feligreses que acuden a misa como en Capilla de Nuenen, de tejedores en sus telares, de mujeres campesinas con el espinazo doblado sobre los campos y de rostros de trabajadores extenuados, famélicos, resignados por la vida que llevan.

Recogedores de patatas, 1885. Vincent van Gogh

Recogedores de patatas, Vincent van Gogh, 1885.

Van Gogh se sintió especialmente fascinado en Nuenen por la representación del mundo del trabajo, una tendencia de la cual hicieron gala muchos pintores del XIX, que empezaron a sustituir la imagen idílica de las labores por otras mucho más físicas, más reales, como Gustave Courbet (Los picapedreros) o Jean François Millet (Las espigadoras). Van Gogh sintió una profunda admiración por este pintor francés, cuya influencia se deja sentir en obras como Recogedores de patatasCampesino con mujer plantando patatas en esas figuras monumentales, casi sacralizadas, de los que trabajan el campo.

El interés de Van Gogh por la vida rural en todas sus variantes explica la creación de Los comedores de patatas, una obra incomprendida en su tiempo por lo audaz de su concepción.

Los comedores de patatas, 1885. Museo Van Gogh, Ámsterdam.

Los comedores de patatas, 1885. Museo Van Gogh, Ámsterdam.

Parece que asistimos a una homilía: cinco campesinos comparten una frugal comida a base de patatas mientras se sirven vasos de malta. El cuadro fue cuidadosamente planeado, con uso de modelos y múltiples estudios de cada una de las figuras (como Campesina con cofia blanca). Los personajes emanan pobreza, pero también compañerismo. La paleta de tonos es reducida, lo cual no resta nada de poderío al conjunto: los tonos tostados del fondo, casi sucios, contrastan con los vibrantes toques de amarillo. Para quienes lo vieron en 1885, amigos de Theo sobre todo, resultó una escena poco convincente, forzada. Ningún personaje cruza la mirada con otro, creando una sensación extraña en el ambiente. Las caras toscas y las manos nudosas tampoco gustaron, considerándose fallos anatómicos, seguramente pretendidos por Van Gogh. El pintor Anthon van Rappard, amigo suyo durante la etapa de Nuenen, criticó los defectos que su vista, acostumbrada a lo académico, descubría en el cuadro: brazos cortos, bultos en los rostros, proporciones deficientes…

«Estarás de acuerdo conmigo en que un trabajo semejante no puede tomarse en serio. Por fortuna eres capaz de mucho más.» Rappard a Van Gogh sobre Los comedores de patatas.

Ni que decir tiene que el hipersensible Van Gogh concluyó su amistad con Rappard tras aquellas palabras. Llegaría a escribir a Theo:

«He puesto mi mayor empeño en que, al contemplar el cuadro, se piense que esa gente, que come sus patatas metiendo las manos en el plato, ha trabajado también con esas manos la tierra […] Pero el que prefiera ver aldeanos almibarados, allá él.»

La vicaría de Nuenen, Vincent van Gogh, 1885.

La vicaría de Nuenen, Vincent van Gogh, 1885.

Van Gogh aprendió, no obstante, una valiosa lección: nunca volvería a destinar tanto tiempo a la concepción de un cuadro, ni afrontaría composiciones de varias figuras. Sigue experimentado con el paisaje, captando escenarios conocidos entre los que destacamos la vivienda familiar, La vicaría de Nuenen, y La torre del cementerio de Nuenen. Suenan a despedida, a punto y final de una etapa. El padre de Van Gogh había muerto el 26 de marzo de ese año, y la relación con los otros miembros de la familia no pasaba por su mejor momento. Vincent decide irse a Amberes, donde apenas residirá tres meses estudiando la obra de Rubens, para trasladarse con Theo a París. Ahí comienza el Van Gogh más conocido por todos, gracias al descubrimiento de las vanguardias y de las estampas japonesas. Afronta la vida con fuerzas renovadas.

«Más color en los cuadros, más entusiasmo en la vida.»

 

Vía| THOMSON, Belinda. La pintura de Van Gogh. Obras maestras, Blume, 2007. TORTEROLO, Anna. Van Gogh, Electa Bolsillo, 1998. WALTHER, Ingo F. Van Gogh, Taschen, 2000.

Imagen| Granjas cerca de HoogeveenRecogedores de patatas, Comedores de patatas

En QAH| Especial 125 Aniversario Vincent van Gogh

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