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Cláusulas Suelo (I): El comienzo de una larga historia

(Artículo escrito por Miguel Fernández Benavides)

Se entiende por cláusula suelo aquélla que establece un límite mínimo al tipo de interés variable que se aplica en la cuota de un contrato de préstamo hipotecario, aunque aquél baje. Con carácter general y en abstracto, la conocida como cláusula suelo era –y sigue siendo-, tanto antes como después de la famosísima Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de 9 de mayo de 2013, una estipulación contractual perfectamente válida. No está de más recordar que la cláusula suelo inserta en préstamos hipotecarios de interés variable (generalmente: diferencial + EURIBOR) no es más que un pacto cuya finalidad consiste en establecer un tipo de interés mínimo.

A modo de ejemplo, observemos dos posibles formas en que podría venir redactada una cláusula suelo inserta en un préstamo hipotecario a interés variable:

  • Ejemplo 1: El tipo de interés nominal anual vigente en cada período, que en ningún caso podrá ser inferior al DOS COMA CINCUENTA (2’50 %) , se determinará sumando el “margen” que seguidamente se indica al “tipo de referencia” que corresponda al período.
  • Ejemplo 2: Pactan las partes expresamente que el tipo de interés ordinario resultante de lo anteriormente pactado no podrá ser nunca inferior al 2,75 por ciento anual.

En esencia, las partes pactan un tipo de interés variable (v.g. EURIBOR + 0,5%), pero estableciendo un límite mínimo (v.g. 3%), de tal forma que independientemente de la evolución del índice de referencia (EURIBOR), el tipo de interés que abona el prestatario nunca estará por debajo de un determinado porcentaje.

Hasta aquí no hay nada que objetar respecto de la validez de la cláusula. Del mismo modo que en un contrato de compraventa las partes pactan el precio que el comprador pagará al vendedor, en un contrato de préstamo hipotecario, acuerdan el tipo de interés a satisfacer por el prestatario (que a la postre es elemento esencial del contrato).

De hecho, el Tribunal Supremo afirma en su Sentencia de 9 de mayo de 2013 (RJ 2015\735), que las cláusulas suelo son lícitas siempre que su transparencia permita al consumidor identificar la cláusula como definidora del objeto principal del contrato y conocer el real reparto de riesgos de la variabilidad de los tipos (f. 256). Dicho de otro modo, toda cláusula suelo es válida salvo en el caso de que no supere determinados parámetros legales.

Y es aquí donde el Tribunal Supremo define el llamado doble control: (i) el control de incorporación, que se refiere a la redacción de la cláusula (que debe ser clara y sencilla) y a la información facilitada al consumidor (que debe hacer posible el conocimiento de la cláusula); (ii) y el control de transparencia, que tendría por objeto, en palabras del Tribunal Supremo, que el adherente conozca o pueda conocer con sencillez tanto la carga económica […] como la carga jurídica de la cláusula (f. 210),  y que la información suministrada le permita tener un conocimiento real y razonablemente completo de cómo juega o puede jugar en la economía del contrato (f. 211).

Desde un punto de vista técnico, la Sentencia fue duramente criticada, principalmente en relación a dos aspectos: (i) en primer lugar, porque la Sala primera emitió un juicio sobre la comprensibilidad real de la cláusula suelo, sobrepasando los límites de la acción de cesación, cuyo objeto consiste en el enjuiciamiento en abstracto de una cláusula, con total independencia de las circunstancias fácticas que hubieran rodeado a la contratación en el caso concreto (ver aquí); (ii) y en segundo lugar, porque se declaró la irretroactividad de la sentencia, de tal forma que la nulidad de las cláusulas no afectaría a los pagos ya efectuados en la fecha de publicación de la sentencia, basándose fundamentalmente en el riesgo de trastornos graves con trascendencia al orden público económico (f. 294).

Más allá de las críticas de unos y alabanzas de otros, es posible afirmar que la Sentencia de 9 de mayo de 2013 constituyó un hito histórico en el ámbito del derecho de consumo de nuestro país, y fue sin duda el primer episodio de “la Guerra de las Cláusulas Suelo”. Una guerra que casi cuatro años después todavía está pendiente de una solución definitiva.

Vía| HayDerecho Joven

Imagen| LegalTeam

 

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