Patrimonio 


Ciudades romanas abandonadas ¿Que sucedió?

La huella romana en España es inabarcable, la podemos ver en muchas de nuestras ciudades y pueblos, en nuestras vías de comunicación, nuestro idioma o nuestras leyes. Algunas de las ciudades fundadas o refundadas por los romanos han sido pobladas hasta nuestros días, como Tarragona, Zaragoza o Lugo. Sin embargo otras importantes ciudades como Segóbriga, Numancia o Baelo Claudia fueron abandonadas.

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Ruinas de Baelo Claudia en Tarifa

Cada una de las ciudades romanas abandonadas (hay un buen número de ellas en España) tiene su propia historia y sus propias circunstancias, pero todas ellas sufrieron el mismo azote, la crisis del siglo III. Esta crisis supuso la puntilla para algunas ciudades mientras que otras iniciaron un lento declive hasta su final abandono.

A finales del siglo II el Imperio sustentaba un vastísimo ejército, que a su vez era quien sustentaba el poder y por tanto quien devoraba los recursos. Todo el que pretendía tener poder debía pagar ejércitos, una situación que aunque venía de lejos iba degenerando hasta el punto de que Septimio Severo (193-211) aumentó el tamaño del ejército en un 25 % y duplicó la paga básica de los soldados. La costumbre de pagar sobornos a cambio de lealtad estaba generalizada a todos los niveles del poder en todo el territorio del Imperio. De esta manera, el gasto global de los ejércitos unido al coste de la corrupción suponía un gasto monumental.

Para financiar este gasto era fundamental subir impuestos, pero en un territorio tan enorme su recaudación era lenta y compleja, las grandes distancias y la corrupción de los gobernadores convertían en poco eficaz esta fuente de financiación.

En el año 215 el emperador Caracalla decidió cambiar la proporción de metal en las monedas, es decir mantener el valor oficial reduciendo el valor intrínseco. Acuñar menos metal en las monedas era una forma rápida de conseguir liquidez.

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Áureo de Carcalla

La devaluación de la moneda causó una hiperinflación que tuvo un efecto devastador en la economía romana, la moneda perdió tanto valor que acabó primando el trueque en las transacciones.

Con una inflación galopante y sin una moneda estable que poder trasportar cómodamente, el comercio entre provincias se hundió y con él la producción a escala, volviendo a la economía puramente local, la economía de autarquía.

La inflación y el hundimiento del comercio provocó que la vida en las ciudades fuera cada vez más difícil para gran parte de la masa social que tuvo que huir a las zonas rurales en busca de alimentos y protección. Los aristócratas se convirtieron en terratenientes y los huidos de las ciudades tuvieron que renunciar a sus derechos como ciudadanos romanos para convertirse en colonos, penoso precedente de lo que siglos después sería el feudalismo. La crisis fue parcialmente superada a partir del año 284 pero ni la economía ni la sociedad volverían ya a ser lo mismo.

La crisis del siglo III tiene otras muchas connotaciones como la tensión geopolítica, la crisis institucional y la anarquía militar, pero este artículo solo trata de explicar las razones por las que se abandonaron algunas de las ciudades romanas, cuya causa principal fue la crisis económica y social.

Vía| historicodigital,  ecured,  uv

Imagen| cgb.fr, wikimedia

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