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Ciudadanos LGTB (III) Una mirada al derecho comparado

Artículo escrito por: José Joaquín Pousa Velázquez

Escribir sobre la situación legal a nivel internacional del matrimonio entre personas del mismo sexo no resulta baladí ni tampoco sencillo. A lo largo de la historia, esta concepción de uniones entre sujetos ha sido perseguida en numerosos países por diferentes motivos.

Si se quiere marcar un hito sobre el momento en que se comenzó a luchar de forma más oficial contra todo tipo de discriminación por motivos de libertad sexual se debe señalar el año 2011. Es  partir de este año cuando el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas comenzó a luchar por los derechos del colectivo LGTB de forma más activa y abierta hacia la comunidad internacional. En primer lugar, consiguió la aprobación de una resolución en la cual se contemplan una serie de derechos para las personas que pertenecen a este colectivo. Esta resolución servía para instar a los diferentes países a promulgar leyes que amparasen los derechos de homosexuales, transexuales y bisexuales. Además, en 2014 y 2016 se aprobaron dos resoluciones para perseguir la violencia y discriminación fundada en orientaciones sexuales.

Todas estas resoluciones que las Naciones Unidas adoptaron desde el año 2011 en adelante suponen un gran avance en el ámbito internacional para la defensa de los derechos del colectivo LGTB. Es importante señalar que hasta enero de 2017 en un total de 73 países existen legislaciones que castigan penalmente y persiguen las prácticas homosexuales por considerarlas contrarias a la ley. Incluso existen 10 países en los que la pena por pertenecer a estos colectivos es la muerte. La pena capital solamente existe en los ordenamientos jurídicos de países con “sharia” o ley coránica musulmana.

Aunque quizá la respuesta más eficaz a toda esta discriminación global y estigmatización internacional sea la adopción por parte de todos los estados que conforman la ONU de los Principios de Yogyakarta, redactados en noviembre de 2006. Estos principios fueron una serie de derechos fundados en los Derechos Humanos y con base legal en la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Declaración y Programa de Acción de Viena y también en diversos tratados sobre DDHH. Para comprender estos principios simplemente debe considerarse a los mismos como un elenco paralelo a las demás declaraciones de derechos humanos. Su debilidad normativa radica precisamente en su falta de consenso a la hora de ser adoptados por los diferentes países de la comunidad internacional. El contenido ya está estructurado y positivizado desde el año 2006, pero le falta la fuerza vinculante para que surtan el efecto necesario sobre la humanidad. 

Los juristas que decidieron redactar y darle contenido a estos principios tenían como objetivo crear un tratado de adopción internacional que lograse el respeto por la comunidad homosexual en cualquier parte del globo, sin excepción. La humanidad es un valor irrenunciable desde el punto de vista del iusnaturalismo y su dignidad debe ser protegida por el derecho positivo, evitando así la promulgación de cualquier norma que persiga a esas personas por su condición sexual.

La regulación de esta situación difiere enormemente dependiendo de diversos factores, entre ellos religiosos, históricos y políticos. Como paradigma de tolerancia se encuentran los países occidentales. Los estados que reconocen el matrimonio homosexual con plenos efectos jurídicos y en igualdad respecto del heterosexual son los siguientes: Argentina, Bélgica, Brasil, Canadá, Colombia, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Irlanda, Islandia, Luxemburgo, México, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Sudáfrica, Suecia y Uruguay. Cualquiera que lo lea con atención comprobará ausencias sonadas como por ejemplo Francia, Italia o Alemania (en este último país, se está debatiendo estos días su posible futura regulación); países con democracias consolidadas bajo el amparo de los DDHH, pero que mantienen la prohibición a este tipo de uniones.

El otro lado de la moneda lo representan los países de África y Asia, en los cuales está prohibida esta forma de matrimonio o incluso perseguida penalmente, como ya se indicó más arriba. No obstante, el continente más restrictivo es Asia, pues ninguno de sus países lo reconoce legalmente. Sirva de ejemplo la reciente sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos con sede en Estrasburgo que ha condenado la Ley de Propaganda Homosexual de Rusia, por considerarla contraria a la libertad de expresión. Todo ello pese a que su Gobierno ha defendido la norma argumentando que protege la moral pública y a los menores de su país, fundamentos que han sido insuficientes para el Alto Tribunal de DDHH.

Como puede observarse, aún queda un camino por recorrer en esta materia legal. Los seres humanos, bajo la protección de los tratados internacionales en materia de Derechos Humanos, debemos ser lo suficientemente libres de elegir cuantas formas queramos de manifestar nuestros sentimientos. Valores como la dignidad y la libertad sexual tienen que ser siempre parámetro de legalidad por tratarse de principios conformadores de un Derecho Universal que no entiende de morales, ideologías o relativismo cultural.

 

Imagen| Pixabay

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