Patrimonio 


Leptis Magna

Cuando los romanos arrancaron su dominio del norte de África, tras la tercera Guerra Púnica, centraron su atención en Cartago, su capital. Por entonces y durante mucho tiempo después, Leptis Magna no pasó de ser un enclave comercial más de los que Roma utilizaba en la costa africana. Todo cambió cuando uno de sus hijos, Septimio Severo, ascendió al trono imperial en el año 193. La vida de la ciudad cambiaría para siempre con su nueva consideración. El diseño se renovó, se levantaron nuevos edificios y el puerto, corazón de una ciudad profundamente comercial, se rehizo. En esos momentos, Leptis Magna podía mirar de frente a ciudades como Cartago y Alejandría gracias al favor de su emperador. Con el tiempo, su brillo palideció. Encima, los cambios climáticos no le vinieron bien: el desierto acechó la ciudad por todos sus flancos. Finalmente, la enterró en arena. Como en el caso de Pompeya y las cenizas, lo que fue una desgracia para sus habitantes supuso un regalo para los arqueólogos, que han podido desenterrar una de las ciudades romanas más espectaculares y mejor conservadas.

Mercado de Leptis Magna, uno de los mejor conservados

Mercado de Leptis Magna, uno de los mejor conservados

La historia de Leptis Magna arranca a comienzos del primer milenio a.C., cuando se llamaba Lpqy. Fue fundada por un grupo de bereberes garamantes, quizá con ayuda de fenicios. Lo que es seguro es que entra en la órbita de Cartago y crece con los púnicos hasta la conquista romana. Ésta, en un principio, apenas afectó a la ciudad, que conservó mucho autogobierno durante unos cien años. En ese tiempo, los romanos fueron ganando presencia comercial. Finalmente, incorporaron la ciudad a la provincia de África y después la nombraron municipio. Hasta ese momento era una ciudad de provincias, como podía ser Sabratha. Fue Septimio Severo el que la cambio radicalmente con un nuevo foro y un flamante puerto. Paradójicamente, fue diseñado erróneamente y se usó más bien poco por culpa de la sedimentación, por lo que ha llegado hasta nuestra era casi sin estrenar. Sin embargo, con las crisis romanas del siglo III arrancó una involución que dejó a la ciudad medio desierta.

Anfiteatro de Leptis Magna, con vistas al Mediterráneo

Anfiteatro de Leptis Magna, con vistas al Mediterráneo

Tanto mejor, porque en el 365 un tsunami provocado por el terremoto que destruyó Creta arrasó la ciudad. Cuando Leptis Magna se intentó reponer llegaron los vándalos en el siglo V. Ellos tiraron las murallas abajo, lo que se reveló como mala idea cuando los bereberes lo aprovecharon para conquistarla en el 523. Fue recuperada después por los bizantinos, pero Leptis Magna no terminó de levantar el vuelo. Fue finalmente conquistada por los árabes cuando apenas vivían en ella mil personas. Tiempo después cayó en el olvido y la arena la enterró casi del todo. En el siglo XIX llegaron los primeros cazatesoros, encabezados por varios británicos que se llevaron alguna muestra de arte. Los verdaderos arqueólogos tendrían que esperar al control italiano de Libia en 1930. Entonces se desenterró gran parte de la ciudad, aunque el trabajo no ha cesado nunca. Hace no mucho, antes de las guerras, se descubrió un fantástico mosaico que relata la vida de un gladiador.

Basílica de Septimio Severo en Leptis Magna

Basílica de Septimio Severo en Leptis Magna

Leptis Magna es uno de los mejores y más modernos ejemplos de diseño romano gracias al replanteamiento urbanístico de Septimio Severo. Está situada en la desembocadura del Wadi Lebda, en su margen izquierdo. El puerto está justo donde el río se encuentra con el mar, en una bahía artificial con diques para abastecerlo tranquilamente, proteger las mercancías y controlar el cauce del río. De los monumentos destacan el foro, la basílica y el arco, todos de Septimio Severo. El estilo de los relieves, más linear y angular, con los contornos marcados, refleja las influencias que tendrían que llegar del este. Anterior a Septimio, aunque también remodelado, es el fantástico mercado, uno de los más completos del mundo romano. Merecen también la pena el anfiteatro y teatro, con el mar Mediterráneo de fondo, y las termas de Adriano.

Una de las numerosas medusas de la Basílica Severa de Leptis Magna

Una de las numerosas medusas de la Basílica Severa de Leptis Magna

Afortunadamente, Leptis Magna ha soportado hasta ahora bastante bien las hostilidades de la Primavera Árabe, aunque corrió el riesgo de ser bombardeada cuando fue utilizada como guarida. Todavía está en peligro y viajar requiere informarse bien de la situación. Los cruceros, antes o después, volverán aquí. Antes era el modo de llegar más habitual. Ahora hay que hacerlo por tierra. Está a unos 130 kilómetros al este de Trípoli, a medio camino hacia Misrata. La tranquila villa de pescadores y playas de Khoms es la referencia más cercana. Desde aquí es fácil llegar a Lubda, como la conocen los locales. Es muy recomendable contratar algún guía, porque los cárteles explicativos brillan por su ausencia. También conviene complementar la visita con el museo nacional de Trípoli, donde se conservan numerosas estatuas de Leptis Magna.

Vía| UNESCO Wikipedia Wikitravel

Imagen| Stefan Krasowski Franzfoto NH53 Mike Gadd Colin Hepburn

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