Patrimonio 


La ciudad ideal: Un arquetipo urbanístico del Renacimiento

El arquetipo urbanístico de la ciudad ideal era algo sobre lo que ya se había empezado a teorizar en los círculos monásticos europeos a lo largo de toda la Edad Media, tomando como referencia los textos sobre la Jerusalén celestial. Pero, sin embargo, fue durante el Renacimiento cuando toda una corriente teórica llevó a numerosos artistas e intelectuales, hombres renacentistas, a crear una literatura más extensa sobre el tema, amparándose en la recuperación filosófica que se llevó a cabo durante dicho periodo.

Plaza del Duomo en Pienza

Las ciudades italianas, con una planta heredada del trazado medieval, empezaron a ser objeto de intervenciones en el Renacimiento, que intentaban racionalizar la estructura, dando un sentido geométrico al urbanismo, con el objetivo de que este fuese el entorno adecuado para las construcciones en el estilo de la nueva arquitectura que se levantaban por las diferentes calles y plazas.

No obstante, a lo largo de todo el siglo XV hubo amagos de creación de ciudades de nueva planta que, si bien no se llevaron a la práctica, se proyectaron y planearon de forma extensa, en diseños, descripciones y tratados llevados a cabos por arquitectos que, más allá del diseño y construcción de edificios, se dedicaron a desarrollar toda una teoría que desembocó en un ideal de ciudad italiana con un catálogo de características más o menos comunes.

Las plazas, herederas del foro romano y hasta entonces de tratado irregular heredado de la Edad Media, empezaron a recibir modificaciones que buscaban una estructura más geométrica y uniforme. De la misma manera que en arquitectura se seguían unos cánones matemáticos, simétricos y de óptica que remitían a los tratados arquitectónicos de la Roma clásica, las plazas también reflejaron la influencia de los tratados de Vitrubio y Alberti. Esto ya se advierte en la plaza de Pienza, reformada pasada la mitad del siglo XV por el arquitecto Bernardo Rosselino (1409 – 1464), adoptando una estructura trapezoidal que permitió jerarquizar los edificios según su tamaño, situándose en dicho emplazamiento el Duomo de la ciudad entre el palacio Piccolomino y el palacio Borgia, enfrentados el uno al otro.

Plaza del Duomo de Pienza según el plan de Bernardo Rossellino

Por su parte, Federico de Montefeltro, duque de Urbino, con su castillo, construido a mediados del siglo XV, dio lugar al germen de una ampliación de la ciudad a finales de dicha centuria, promovida por el duque Ercole I d’Este y llamada Addizione Erculea. Supuso uno de los principales proyectos urbanísticos del quattrocento italiano, atribuido a Biagio Rossetti. La estructura se realizó en trazado ortogonal de calles rectas que formaban ordenadas manzanas. Bajo la ola constructiva de este añadido, también se llevó a cabo una enorme plaza en el centro viejo de la ciudad, llegando a formar una estructura que remitía al tratado sobre Sforzinda, la ciudad utópica que ideó Filarete.

Addizione Erculea

El arquitecto Leon Battista Alberti en su tratado, De re aedificatoria, escrita en 1452 y que no fue publicada hasta treinta años después, una vez acaecida la muerte del autor, también explora la ciudad utópica y geométrica, basándose en los tratados y la arquitectura de la propia península italiana durante la Roma clásica. La ciudad que Alberti propone, es de forma circular, rodeada por un sistema de doble muralla. Se acercaba todavía un poco a la ciudad medieval sugiriendo unas calles que no eran rectas, así como llevando a cabo un diseño fortificado y muy defensivo.

No obstante, su carácter renacentista se manifestaba en la importancia que se daba en el diseño y la planificación de esta ciudad a la plaza porticada, de gran importancia y que el formaba mediante la unión de dos cuadrados, asociados a distintos tipos de comercio. Todo el lugar se estructuraba en base a los cálculos de proporciones matemáticas, incluyendo la altura y la disposición de los edificios, así como al orden de la columnata y los arcos que se disponían por la ciudad.

Sforzinda

Filarete fue otro de esos arquitectos y humanistas que desarrolló un texto teórico acerca de un a ciudad ideal, en este caso llamada Sforzinda. Su diseño era el de una ciudad de planta estrellada regular y octogonal, resultado de la unión de un círculo con dos cuadrados superpuestos y girados 45 grados sobre él. En torno a toda la ciudad se sitúa un foso, además de una torre en cada ángulo agudo, siendo, otra vez, una ciudad renacentista fortificada.

La estructura de sus dieciséis calles principales fue planeada de forma radial, naciendo todas del centro de la ciudad, donde se situaría la Gran plaza central, que alberga los edificios más importantes que debe de tener la urbe. Todos los poderes tienen representación en esta plaza, alrededor de la cual se ubican los edificios comerciales, todo cuidadosamente pensado en este plan que fue encargado por la familia Sforza.

Como muestra gráfica, queda la pintura de La ciudad ideal, una obra anónima tradicionalmente atribuida a Piero della Francesca, realizada en el siglo XV y conservada en el Palacio Ducal de Urbino. Nos muestra una ciudad ideal, realizada mediante perspectiva reticular y con fachadas segmentadas mediante elementos arquitectónicos tan clásicos como los entablamentos o las arcadas. En el centro, una iglesia circular que termina por racionalizar un diseño totalmente regular. Es el ejemplo perfecto de todos los análisis y planteamientos que hemos expuesto en el artículo: una ciudad ideal, medida y vacía.

La ciudad Ideal

 

Vía| DE FUSCO, R.: El Quattrocento en Italia. Ediciones ISTMO, 1999/ GARCÍA MELERO, J.E. y URQUÍZAR HERRERA, A.: Historia del arte moderno: Renacimiento. Editorial Universitaria Ramón Areces, 2014/ VV.AA.: El arte en la Italia del Renacimiento. H.F. Ullmann, 2011

Más información| La ciudad ideal en Arte, la guía; Vitrubio y la ciudad del Renacimiento en Ciencia y cemento

Imagen| Plaza del duomo de Pienza; Plano de la Plaza del Duomo de Pienza; Addizione Erculea; Sforzinda; La ciudad ideal

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