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Cine y feminismo

Las cuestiones feministas comenzaron a impregnar la teoría y el análisis cinematográfico en los años setenta y ochenta fruto del auge de una nueva política de movimientos sociales tras el Mayo del 68 que desembocaron en el surgimiento del propio feminismo, la liberación gay, el ecologismo o el apoyo a las minorías. En este sentido, el feminismo en el cine siempre ha estado ligado al activismo, grupos de concienciación y campañas políticas.

En esta primera toma de contacto de reivindicación feminista en el cine las cineastas pretendían explorar las estructuras de poder y los mecanismos psicosociales que legitiman y subyacen a la sociedad patriarcal, con el propósito de subvertirla y transformar, no sólo la teoría y la crítica cinematográfica, sino toda lógica social basada en el género. De esta manera, el feminismo cinematográfico centró sus preocupaciones en todo las caras del paradigma, desde la representación, el lenguaje, las lógicas de producción, las teorías del espectador y la propia academia.

Las primeras obras feministas tomaron como principal frente el cine clásico de Hollywood. Así, a principios de los setenta se hicieron muy populares obras como From Reverence to Rape de Molly Haskell, Popcorn Venus de Marjorie Rosen y Women and Sexuality in the New Film de Joan Mellon. En un sentido general, todas estas obras hacían hincapié en la representación hollywoodiense de la mujer a través de estereotipos negativos (vírgenes, putas, descerebradas, cazafortunas, chismosas, juguetes eróticos…) que infantilizaban o demonizaban a las mujeres o las convertían en exuberantes objetos sexuales. Todas estas autoras quisieron llamar la atención sobre como el cine clásico había normativizado un modelo patriarcal en el que la mujer asumía un rol pasivo y sumiso, mientras que castigaba a la mujer que suponía un reto en esta estructura patriarcal.

El que se considera el texto inaugural de la teoría feminista, o al menos en su modalidad psicoanalítica, fue el influyente ensayo de Laura Mulvey Placer visual y Cine narrativo (1975). En su texto la autora parte del psicoanálisis para estudiar el cine clásico de Hollywood y llega a la conclusión de que el placer en el cine reproduce la estructura de una mirada masculina y una “cualidad de ser mirada” femenina. Su principal argumento se basaba en que el hombre se convierte en el sujeto y conductor de la narración mientras que la mujer pasa a ser un objeto pasivo de una mirada espectatorial definida como masculina. Ponía así de manifiesto que el cine puede ser voyeuristico a lo Hitchcock, donde el espectador se identifica con la mirada masculina sobre una mujer objetivizada; o fetichista a lo Sternberg, que convierte a la mujer en objeto inofensivo de belleza perfecta.

Esta teoría del placer masculino de Mulvey fue muy criticada por su determinismo al no contemplar las diferentes mujeres en las que la mujer puede subvertir, redirigir o socavar la mirada masculina. La defensa de la subjetividad femenina en la creación cinematográfica se materializó en el apogeo de cine realizado por mujeres y la reivindicación de las mujeres cineastas que había sido anuladas por la historia oficial del cine. Entre los trabajos realizados destaca Women Who Make Movies de Sharon Smith publicado en 1975. En él se citan una inmensa cantidad de mujeres que habían contribuido y participado en los primeros años de la industria cinematográfica. En esta lista se mencionaban por primera vez a cineastas como Alice Guy, quien se disputa frente a Meliès ser la primera persona en hacer una película narrativa, La Fée aux Choux (El hada de las coles, 1896) o Lois Weber quien con su propia productora, Lois Weber Production dirigió filmes de una temática insólita para la época sobre relaciones interraciales, a favor del derecho al aborto y del control de natalidad. En su obra se podemos encontrar al menos a 26 directoras que trabajaron en Hollywood entre 1913 y 1927, entre las que se encuentran aquellas que lo hicieron de forma anónima como Lilian Gish o Mary Pickford.

Dorothy Arzner

Sharon Smith también critica de forma directa a la propia academia de cine por ignorar y subestimar la figura de la mujer. Pone el ejemplo del libro de Andrew Sarris, The American Cinema, quien pretende hacer una recopilación de la historia del cine en la que sólo incluye a dos mujeres: Ida Lupino (en el apartado de rarezas) y Mae West (en el apartado de payasos). Pero el feminismo cinematográfico no solo ha protestado contra el cine clásico a través de la destape y descripción de los mecanismos y obviedades en los que la mujer ha quedado subyugada, sino también a través de la realización de un cine propio.

Con el objetivo de escapar y romper con los convencionalismo del cine dominado por los hombres, la mayoría de las cineastas han optado por utilizar elementos del cine experimental y de vanguardia para construir sus propio discurso. Si repasamos algunas de las voces de cineastas más representativas históricamente se puede observar su relación con el cine más de vanguardia: Germaine Dulac, cuyo cine está principalmente inspirado en el impresionismo francés y el surrealismo; Maya Deren, defensora del cine puro y artístico; Marguerite Duras, formó parte del masculinizado movimiento cinematográfico Nouvelle Vague, de hecho escribió el guión de la representativa películas Hiroshima mon amour (1959) dirigida por Alain Resnais; Dorothy Arzner, que dirigió The Wild Party (1929), la primera película sonora de la Paramount o Craig’s Wife (1936) que estuvo nominada al Oscar.

A modo de conclusión, en sus inicios el feminismo cinematográfico trató de subvertir el papel impuesto a la mujer en la sociedad desde todos los frentes: destapó la misoginia erotizada y la banalización de la mujer en la representación fílmica, reivindicó su contribución al cine desde su inicios rescatando a grandes cineastas ignoradas, y rompió con los convencionalismo clásicos utilizando un lenguaje diferente a la narrativa clásica de pretendido realismo para construir un discurso propio. No obstante, en la últimas décadas el feminismo ha evolucionado a la par de otros movimientos sociales hacia una reflexión más compleja que deja atrás el binomio sexual biológico hombre y mujer para preguntarse por la heterogeneidad femenina y las problemática entorno al género como constructo social. Un tema arduo e interesante que no tiene espacio en este artículo, pero que merece un buena reflexión y que aún está progresando.

 

Vía|Teorías del cine: una introducción (2001), Robert Stam. Paidos, Hacer visible lo invisible y la teoría femenista

Fotografía| Dorothy Arzner trabajando

 

 

 

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