Jurídico 


Philadelphia y los punitive damages

“Andrew Beckett:  (…)What I love the most about the law?

 Joe Miller: Yeah

 Andrew Beckett: It´s that every now and again – not often, but occasionally-

you get to be a part of justice being done. That really is quite a thrill when that happens.”

( Philadelphia)

 

Para los que amamos el derecho y creemos que (no siempre, pero a veces) se imparte justicia y somos parte de ella, y que cuando esto ocurre temblamos de emoción, les recomiendo Philadelphia.

Philadelphia es una película que habla sobre los prejuicios de una sociedad (y por extrapolación de la cultura en general) ante lo desconocido y del rechazo ante lo que no entendemos. Es una película sobre la discriminación laboral por razones de orientación sexual y sobre las desigualdades ocasionadas por una enfermedad entonces desconocida (VIH).

Cuentan que Philadelphia es la ciudad del amor, de la hermandad y de la fraternidad, donde los Padres de la Declaración de la Independencia, consagraron que todos los seres nacemos libres y en igualdad de condiciones. Y eso es lo que subyace en la cinta: ansia de igualdad y deseo de justicia.

Podría ceñirme a la mera sinopsis y decir que es una película sobre cómo un joven, brillante y prometedor abogado (Andrew Beckett) es despedido de manera discriminatoria por uno de los mejores bufetes de Philadelphia como consecuencia de su enfermedad y de su orientación sexual y de cómo, junto a Joe Miller, lucha por impartir justicia ante tal discriminación.

Pero más allá de esta reducción simplista, Philadelphia es una película sobre derechos y principios: el derecho a no ser discriminado por razón de enfermedad, el derecho a vivir libremente la orientación sexual de cada cual… en definitiva, una cinta sobre ideales y valores llevados a sus últimas consecuencias, más allá de los meros fundamentos jurídicos. Es también la lucha de David contra Goliat, la eterna batalla del hombre bueno y con principios que lucha frente a todos por lo que cree justo.  Es además, una radiografía de los abogados corporativistas y los litigantes. Y es también la moraleja de que en ocasiones, el pez pequeño puede comerse al pez grande si creemos con firmeza que la justicia está de nuestro lado.

En la cinta se invoca, como argumento de la defensa la supuesta Sentencia Airlen, dictada por la Corte Suprema (y que se adelanta en la inolvidable secuencia de la biblioteca en la que se señala que “el prejuicio que rodea al SIDA impone una muerte social que precede a la real y física” (…) “la esencia de la discriminación está en formular opiniones sobre otros no basadas en sus méritos particulares, sino en su pertenencia a un grupo con características opuestas”). Y ello tomando como base jurídica la Ley de Rehabilitación Vocacional Federal de 1973 (The Federal Vocational Rehabilitation de 1973) que prohibe la discriminación contra las personas con discapacidad cualificada que sean capaces de realizar las tareas requeridas por su empleo, es decir, de aquellas personas competentes afectadas por una minusvalía, que sean capaces de llevar a cabo sus obligaciones. Aunque en la cinta se infiere que la  sentencia no se refirió a la cuestión específica de discriminación por el VIH, como señala el propio protagonista: “decisiones posteriores han sostenido que el SIDA está protegido bajo la ley, no sólo debido a las limitaciones físicas que impone, sino porque el perjuicio que rodea al SIDA, supone una muerte social que precede a la real o física”.

Nuestro análisis jurídico, sin embargo, no se centrará en la defensa, ni en las estrategias de las partes, ni en la institución del Jurado, ni en los fundamentos jurídicos que sostienen las alegaciones de las partes… sino en algo que en nuestro ordenamiento jurídico se desconoce como tal y que es tan común en los países anglosajones o de la common law, cual son los llamados “punitive damages” o daños punitivos (en la cinta, la indemnización comprende los pagos retroactivos, los daños por el dolor y sufrimiento, y especialmente los llamados daños punitivos .-$ 4,5 M.- que suponen con mucha diferencia el grueso más importante de la indemnización). Y como es una institución desconocida en España, parafraseando a uno de los protagonistas de la cinta, “yo también quiero que alguien me lo explique como si fuera un niño de cuatro años”.

Se entiende por “daño punitivos” el mecanismo por el cual se condena a pagar una indemnización que busca reparar la violación a los derechos constitucionales de los ciudadanos. Son sumas de dinero que los tribunales exigen, no como una indemnización compensatoria, sino más bien como una sanción con fines ejemplarizantes. Por ello es conocido también como daño ejemplarizante o daño retributivo. Algunos señalan su carácter de pena privada, donde lo que se trata de compensar es una pérdida agravada por la circunstancia de evidencia, presión, malicia, fraude o conducta indebida, aliviando al demandante su angustia mental o perjuicio como modo de castigar el mal comportamiento del demandado. Es por tanto, algo más que la mera reparación del perjuicio, cuando el acto causante del perjuicio ha estado rodeado de circunstancias que lo hacen particularmente ultrajante, vejatorio o penoso para la víctima.

En cuanto a los antecedentes históricos, algunos autores apuntan al Código de Hammurabi, las XII Tablas, o incluso las Partidas de Alfonso X El Sabio. Pero parece que el antecedente más directo lo encontramos en la causa Huckle vs Money en 1763.

Como ya señalábamos al intentar hacer un acercamiento de esta figura, el propósito de  la misma no está encaminado a reparar el perjuicio causado al demandante, sino a CASTIGAR a quien produce un mal y DISUADIR tanto al causante del perjuicio como a otros posibles infractores de repetir la misma acción dañina. Es más una sanción (a modo de cláusula penal) que una indemnización.

La finalidad de esta figura es, pues, penalizar las conductas especialmente graves y reprochables socialmente por su ilicitud, como mecanismo para salvaguardar la paz pública; prevenir y persuadir de tales actuaciones a posibles futuros infractores y restablecer el equilibrio emocional de la víctima (justicia restaurativa).

Los daños punitivos, deben ser solicitados de manera expresa en las pretensiones de la víctima, ya que no son de obligatorio reconocimiento por parte del juez, que a la hora de aplicar y determinar la cuantía de la misma, tendrá en cuenta especialmente:  el grave reproche subjetivo del causante del daño, la existencia de lesión o daño para la víctima y la inexistencia de vínculo contractual (aunque esto último es matizado por la jurisprudencia, cuando a pesar de existir dicho vinculo vaya acompañado de un agravio o conducta especialmente reprochable).

Por último, aunque muchos autores han criticado la constitucionalidad de los daños punitivos y se postulan en su contra alegando enriquecimiento injusto o sin causa, arbitrariedad del jurado, inseguridad jurídica… lo cierto es que está fuertemente arraigado en el sistema de la common law y que es una institución que, aunque desconocida para muchos ordenamientos jurídicos, supone una figura de relevancia capital en el derecho anglosajón.

Volviendo al lirismo de la cinta, déjense llevar desde las primeras notas del “Boss” hasta el aria de “La mamma morta” interpretada por María Callas, en Andrea Chenier, de Umberto Giordiano y que el viaje les lleve hacia la utopía, que como diría Galeano, es aquello que nos sirve para avanzar.

 

“.-En esta sala, Mr.Miller, la justicia es ciega a las cuestiones de raza, credo, color, religión y orientación sexual.
.-Joe Miller: Con el debido respeto, Señoría, no vivimos en esta Sala, ¿verdad?”

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