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Ciencia y tecnología al servicio del mal

Fue un 27 de enero de 1945: El ejército soviético entraba en Auschwitz. Recordando esa fecha, en 2005 la ONU estableció el 27 de enero como el Día Internacional de la Conmemoración de las Víctimas del Holocausto. Auschwitz, terrible nombre, recuerdo de lo peor del ser humano, y uno de los ejemplos del uso de la tecnología y la ciencia al servicio del mal.

Allí, como en otros campos, se usaron las cámaras de gas para el exterminio de judíos, gitanos, ancianos, niños y demás inocentes. ¿Cómo funcionaban las cámaras? Se trataba de habitáculos perfectamente estancos en los que se introducía a través de tuberías perforadas una cantidad determinada (4g por persona) de pastillas absorbentes impregnadas con Zyklon B. Este pesticida a base de cianuro, fabricado entre otras por Bayer, al contacto con la humedad del aire desprendía cianuro de hidrógeno gaseoso, letal en 20 ó 25 minutos tras provocar en las víctimas espasmos, incontinencia y muerte cerebral. Terrible.

Bomba atómica Little Boy

Bomba atómica Little Boy

Pero hay muchos más ejemplos del uso malintencionado de la ciencia y la tecnología. Por ejemplo, el Proyecto Manhattan, dirigido por el físico Oppenheimer y llevado a cabo por mentes brillantes para desarrollar la bomba atómica a partir de la fisión nuclear. Su resultado, principalmente dos bombas: Little Boy, basada en el isótopo de Uranio U-235, que mató en Hiroshima a 140.000 personas; y Fat Man, con isótopo de Plutonio Pu-239, que acabó con más de 40.000 vidas en Nagasaki. Muchos defienden que sirvió para finalizar la II Guerra Mundial, pero, ¿a qué precio?

El isótopo que contenía la Little Boy es protagonista también del siguiente ejemplo: El uso que Irán quiere dar al Uranio enriquecido (de alto porcentaje de U-235) que ellos mismos fabrican con técnicas como la resonancia magnética nuclear. La buena noticia, el acuerdo alcanzado entre el país y el Comité de Seguridad de Naciones Unidas tras las pasadas amenazas de Mahmud Ahmadineyad.

Existen, así, muchos más ejemplos de mal uso tecnológico. Las bombas de racimo, preparadas para “despedazarse” en vuelo y convertirse en cientos de proyectiles aniquiladores (prohibidas desde el Tratado de Oslo de 2008).  Las minas antipersona, cuyo detonador se activa con la presión de la pisada. Los drones con misiles… Cientos de casos, que nos recuerdan que quien tenga el poder de desarrollar tan avanzadas tecnologías, ha de tener también el raciocinio de utilizarlas en beneficio de la sociedad y en pos de su progreso.

Vía| Tecnociencia

Más información| USHMM

Imagen| Little Boy

En QAH| Los genocidios del Siglo XX

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