Neurociencia 


Cerebro e inteligencia: desmontando el C.I.

¿Qué entendemos por inteligencia? Una definición indiscutible sería responder que la inteligencia es lo que miden los test de inteligencia. Si hacemos un repaso sobre  este constructo nos parecerá que esta definición tan obvia resulta bastante acertada. testpreptp

Para entender el concepto de inteligencia es necesario hacer un breve repaso histórico, comprender en el contexto en el que surgió e ir dando a paso a descripciones más actuales acordes con el avance que se está produciendo en neurociencia. Francis Galton (1822-1911) en 1892 interesado en estudiar las diferencias individuales introdujo en concepto de inteligencia como aptitud general superior. Alfred Binet y Theodore Simon crearon en 1904 la primera prueba para medir la inteligencia en escolares a fin de detectar a los menos capaces. Más adelante, en 1912, William Stern (1871-1928) introduce en la escala Standfot-Binet el concepto de cociente intelectual (C.I.) entendido como el cociente que resulta de dividir la edad mental entre la edad cronológica.

Distribución CI

David Wechsler (1896-1981) diseña la escala de inteligencia para adultos (WAIS) y para niños (WISC) en 1939 y 1949 respectivamente. Ambas escalas se emplean en la actualidad para la estimación del C.I. el cual ya no es un cociente como en sus inicios si no una puntuación transformada que se deriva de las puntuaciones obtenidas en cada prueba de la escala. Para entender esta puntuación es necesario explicar algunos conceptos estadísticos. El C.I. es una puntuación típica que se distribuye normalmente y que tiene como media 100 y como desviación típica 15. La desviación típica o estándar, es una medida de dispersión que permite conocer cuánto se aleja una puntuación de la media. Esta medida de dispersión es útil a la hora de considerar personas con altas capacidades o con inteligencia límite, ya que en una distribución normal entre la media y ± 2 desviaciones típicas (100 ± 30) se encuentran el 95,5 % de las mediciones. Esto significa que se considera un C.I. dentro de la normalidad el comprendido entre 70 (normal bajo-inferior) y 130 (normal alto-superior), siendo superior a la media todo C.I. por encima de 100.

Es importante señalar el efecto descubierto por  James R. Flynn en 1987 que lleva su nombre y que supone una subida continua del C.I. a razón de 3 puntos por década. No son claras sus causas, pero es importante tenerlo presente y emplear las últimas actualizaciones de los test para compensar este efecto.

Cómo vemos, el C.I. atiende principalmente al criterio estadístico de normalidad por lo que puede resultar útil a la hora de fijar determinados puntos de corte que se exigen en algunos ámbitos, como por ejemplo el escolar. Pero en realidad la mera puntuación poco o nada nos dice sobre las capacidades del individuo, simplemente lo sitúa respecto a su grupo de referencia. Dejando atrás el concepto de inteligencia como algo unitario, Howard Gardner propone en 1983 su teoría de inteligencias múltiples.  Actualmente se valora cada una de las diferentes áreas de funcionamiento cognitivo, considerando potencialidades y puntos débiles de la persona, en lugar de reducir todo el rendimiento del individuo a un único factor.

En la actualidad se profundiza en estudiar qué hace a un cerebro más eficiente y cuáles de sus características explican diferencias individuales en inteligencia. Se considera que las diferencias en los patrones cognitivos están representados en la estructura del cerebro (Yakota et al., 2015). Recientemente García-Molina et al. (2010) han postulado el córtex prefrontal como posible sustrato neuroanatómico de la inteligencia, considerando que las funciones ejecutivas y la inteligencia se solapan en algunos aspectos. La integración de las áreas del cerebro es clave en funciones como la construcción visual y el razonamiento (Kim et al., 2016). La integridad de la sustancia blanca del cerebro se relaciona con la habilidad cognitiva (Muetzel et al. 2015). Es decir, la evidencia reciente nos lleva a pensar que un cerebro es más eficiente cuanto más y mejor integradas están sus áreas. Junto con esta característica se han considerado otras que puedan explicar la variabilidad de la inteligencia, como es el volumen total del cerebro (Ritchie et al. 2015), aunque históricamente ha sido una característica muy discutida.

Vía| García-Molina A., Tirapu-Ustárroz J., Luna-Lario P., Ibáñez J., Duque P. (2010). ¿Son lo mismo inteligencia y funciones ejecutivas? Rev Neurol, 50, 738-46. 

Muetzel, R.L., Mous, S.E., van der Ende, J., Blanken, L.M.E., van der Lugt, A., Jaddoe, V.W.V., Verhulst, F.C., Tiemeier, H., White, T. (2015). White matter integrity and cognitive performance in school-age children: A population-based neuroimaging study. NeuroImage, 119,  119-128.

Ritchie, S.J., Booth, T., Valdés Hernández, M.C., Corley, J., Maniega, S.M., Gow, A.J., Royle, N.A., Pattie, A., Karama, S., Starr, J.M., Bastin, M.E., Wardlaw, J.M., Deary, I.J. (2015). Beyond a bigger brain: Multivariable structural brain imaging and intelligence. Intelligence, 51,  47-56.

Kim, D.-J., Davis, E.P., Sandman, C.A., Sporns, O., O’Donnell, B.F., Buss, C., Hetrick, W.P. (2016). Children’s intellectual ability is associated with structural network integrity. NeuroImage, 124, 550-556.

Yokota, S., Takeuchi, H., Hashimoto, T., Hashizume, H., Asano, K., Asano, M., Sassa, Y., Taki, Y., Kawashima, R. (2015). Individual differences in cognitive performance and brain structure in typically developing children. Developmental Cognitive Neuroscience, 14, 1-7.

Imagen| WISC | CI |Conectividad

En QAH| Howard Gardner y la teoría de las inteligencias múltiples

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