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Qué Aprendemos Hoy

Celtíberos, romanos y el Año Nuevo

Calendario romano grabado en piedra

Calendario romano grabado en piedra

Recién comenzado un nuevo año podríamos preguntarnos por qué nuestro calendario, legado por los romanos, se reinicia una y otra vez en el mes de enero. Y la respuesta, no conocida lo suficiente, nos obliga a repasar una serie de hechos que tienen como escenario principal el interior de una tierra denominada Hispania.

Es a mediados del siglo II a.C. cuando Roma comienza una serie de campañas militares destinadas a ejercer su dominio sobre las poblaciones más belicosas de la Península Ibérica: lusitanos y celtíberos. Ya desde la finalización del conflicto entre romanos y cartagineses (202 a.C.) varias tribus celtíberas se habían levantado en armas para intentar sacudirse la creciente presión ejercida por las legiones. La situación continúa siendo inestable hasta la firma de una serie de tratados establecidos por el propretor Tiberio Sempronio Graco con cada una de las ciudades celtibéricas en liza, lo que derivó en una suerte de periodo de paz (año 179 a.C.).

Sin embargo, la aparente calma dura hasta el año 154 a.C., fecha en la que entra en escena la ciudad de Segeda, capital de la tribu celtíbera de los belos (Poyo de Mara, Zaragoza). La discrepancia con Roma vino producida por la interpretación de los citados pactos, pues los segedenses estaban ampliando la muralla de su ciudad para concentrar a la población del territorio circundante dentro de su trama urbana. Según Apiano (Iberia, 6) el pacto con Graco contenía tres puntos básicos: la obligación de pagar un tributo anual; el envío de tropas auxiliares para reforzar las legiones romanas y la prohibición de construir nuevas ciudades, punto éste en donde se hallaba la desavenencia. Los segedenses contestaron a los legados enviados por el Senado romano que, además de haber sido condonados de pagar tributos y de enviar tropas, el tratado no hablaba de reforzar las ciudades ya existentes mediante amurallamientos, sino de la fundación de nuevos asentamientos. Sea como fuere, Roma visualizó el hecho como una declaración de guerra y como tantas veces hicieron a lo largo de la historia, usaron una interpretación sesgada como pretexto para iniciar un conflicto.

El yacimiento de Segeda-I con el Poyo de Mara al fondo

El yacimiento de Segeda-I con el Poyo de Mara al fondo

Y es en este punto donde podemos comprobar el conocido pragmatismo de la mentalidad romana. El calendario que observaban iniciaba su año el 15 de marzo (idus Martii), lo que obedecía al tiempo necesario para convocar una leva, transportar las legiones por tierra o mar y combatir durante el verano, la estación bélica por excelencia durante la Antigüedad. No obstante, llegar hasta el territorio de la Celtiberia conllevaba más tiempo y esfuerzo, ya que tras desembarcar en Tarraco (Tarragona) debían remontar el Ebro hasta Caesaragusta (Zaragoza) y desde allí alcanzar el Sistema Ibérico a pie por los pasos transitables, todo ello evitando la llegada del crudo invierno meseteño, que los romanos ya conocían en sus propias carnes.

Por todo esto, el Senado decidió reformar el calendario consular en el 153 a.C., haciendo empezar el año el 1 de enero (calendas ianuaris). De ese modo tuvieron tiempo de reclutar un formidable ejército de 30.000 efectivos bajo el mando del cónsul Fulvio Nobilior. Los segedenses, quienes no tuvieron tiempo de finalizar las obras de fortificación, se vieron obligados a abandonar la ciudad y pedir refugio a los arévacos de Numancia (Garray, Soria). Los lazos de hospitalidad (hospitium) entre ambas tribus fueron atendidos, lo que arrastró a los numantinos a una guerra cuyo legendario final en el 133 a.C. es de sobra conocido.

Pero no acaba aquí la influencia de Segeda en el calendario romano, pues Nobilior, en plena persecución de los huidos hacia Numancia, cayó en una emboscada llevada a cabo por 25.000 celtíberos, ahora en una coalición comandada por el segedense Caro. La batalla finalizó con la masacre de 6.000 ciudadanos romanos -más las tropas auxiliares, que las fuentes no mencionan-, una derrota de tal daño moral que desde entonces, el día consagrado a Vulcano (23 de agosto, fecha del enfrentamiento) fue declarado nefasto y ningún general romano trababa batalla por propia voluntad en dicha jornada.

Arqueólogos documentando los restos de la muralla de Segeda

Arqueólogos documentando los restos de la muralla de Segeda

Es de destacar que los trabajos arqueológicos llevados a cabo desde 1998 en el Poyo de Mara, donde estuvo ubicada Segeda, confirman lo explicado por las fuentes escritas. Se ha comprobado la fecha de abandono de la ciudad celtibérica en el año 153 a.C., a lo que debemos añadir el descubrimiento de un tramo de muralla sin finalizar, identificable con el citado por Apiano. Por si fuera poco, también ha sido excavado parte de un barrio cuyas viviendas, realizadas de manera rápida y funcional, confirman la convergencia de los pobladores del entorno de Segeda, como la tribu de los titos, dentro del núcleo urbano justo antes de las acusaciones romanas del 154 a.C.

Sin la intervención en la historia de la ciudad de Segeda, ¿Continuaríamos celebrando el año nuevo el día 15 de marzo? ¿O al final Roma hubiera cedido a los tiempos y plazos originados por la sustentación militar de un imperio?

Vía| Burillo Mozota, F. 2006. Segeda y su contexto histórico. Entre Catón y Nobilior (195 al 153 a.C.). Zaragoza, Centro de Estudios Celtibéricos de Segeda.

Más información| Web oficial sobre Segeda.

Imagen| Calendario romano, El Poyo de Mara, Muralla de Segeda.

En QAH| ¿Por qué el año comienza el 1 de enero?, Historia del Año Nuevo.

Miguel Fernández Díaz Escrito por el ene 8 2013. Archivado bajo Cultura y Sociedad, Patrimonio.





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Licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Especialización en Historia Antigua

Máster de Arqueología por la Universidad Complutense de Madrid

Arqueólogo profesional

Especialista en Virtualización del Patrimonio

Redactor de la Sección de Qué Aprendemos Hoy - Patrimonio

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