Historia 


Cela, un Nobel centenario

Camilo José Cela recoge el Premio Nobel de Literatura

Entre la multitud de efemérides literarias de este 2016, con especial atención a Miguel de Cervantes y William Shakespeare, hay que encontrar espacio destacado también el recuerdo para el centenario del nacimiento de Camilo José Cela. El escritor gallego nació en Padrón un 11 de mayo de 1916 y falleció el 17 de enero de 2002, consagrado como uno de los grandes literatos españoles del siglo XX.

Cela fue reconocido con todos los premios imaginables. El momento cumbre de su carrera, claro, fue la concesión del Nobel de Literatura de 1989. Sólo otros seis  españoles, siete si contamos a Mario Vargas Llosa, con doble nacionalidad peruana-española, han conseguido semejante reconocimiento. Dos en categorías que nada tienen que ver con la literatura (Severo Ochoa y Santiago Ramón y Cajal) y cuatro escritores: José Echegaray, en 1904; Jacinto Benavente, en 1922; Juan Ramón Jiménez, en 1956 y Vicente Aleixandre, en 1977.

Además del Nobel, el máximo reconocimiento al que un escritor puede aspirar, la obra literaria de Cela también mereció, entre otros, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que recibió en 1987, dos años antes que el Nobel, o el Premio Cervantes, en 1995. También fue miembro de la Real Academia Española de la Lengua durante 45 años. Ahora, catorce años después de su muerte, la prosa de Cela se impone por encima de las polémicas o enfrentamientos que pudiera tener el autor en vida. También a las partes más oscuras de su biografía, como su trabajo como censor para el franquismo durante la dictadura.

Cela es de esos escritores a los que termina devorando de algún modo su propio personaje. Fue en los últimos años de su vida más protagonista de polémicas o noticias del papel couché que literato. Pero, como sucede siempre, lo que sobresale a la superficie a la hora de valorar su figura es, por encima de cualquier otra consideración, su imponente obra. Y ella es la que le hizo merecedor de aquello reconocimientos y, lo que es más importante, lo que le sitúa en un lugar destacado de la república de las letras, como uno de los escritores españoles más relevantes del pasado siglo.

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Cela, ante una placa que recuerda su Viaje a la Alcarria

La voz del Cela escritor acalla cualquier polémica menor. La del autor de La familia de Pascual Duarte, en la que refleja con toda la crudeza posible, sin el menor edulcorante, la miseria, el atavismo, la violencia y los odios de la España rural de la época previa a la Guerra Civil, y durante la propia contienda. Con La Colmena, quizá su obra más reconocida, el autor que había colaborado con el franquismo fue víctima de la censura del régimen, escandalizado por algunos pasajes eróticos de esta obra caleidoscópica que retrata el Madrid de la posguerra. Otra de sus obras, San Camilo 1936, también regresa a los tiempos de la Guerra Civil. En este caso, la semana previa al golpe de Estado que la desencadenó.

Viaje a la Alcarria quizá no sea su mejor obra, pero también ha sido una de las más comentadas, y en ella mostró Cela con su realismo habitual los distintos pueblos alcarreños que recorrió. Publicó el libro en 1948, pero regresó años después, en el Nuevo viaje a la Alcarria, en 1986, bien distinto al anterior, donde narra viajes en autobuses de línea. Aquí, viaja con choferesa y en limusina. Son sólo dos de las muchas obras de viajes, todas ellas por España, del escritor y académico gallego que recibió en 1996 de manos del rey Juan Carlos el marquesado de Iria Flavia, en reconocimiento a su trayectoria literaria.

La bibliografía de Cela es mucho más extensa. También incluye algunas incursiones en otros géneros, como la poesía o el teatro. Pero destacan sobre todo sus novelas. Entre otras, también destacan Mazurca para dos muertos (Premio Nacional de Narrativa) o Madera de boj (Premio Planeta de 1999). De Cela también se recuerdan algunas de sus intervenciones públicas. No era hombre demasiado gustoso de la diplomacia. Quizá una de las anécdotas más recordadas del autor data de su época como senador por designación real, cuando se le afeó estar durmiendo en la Cámara Alta, ya entonces, por lo que se ve, tan apasionante sede de grandes debates como ahora. “No estoy dormido, señor, estoy durmiendo”, respondió. “¿Acaso no es lo mismo?” “No, de igual forma que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”.

Cela no escabulló exabruptos, insultos o frases malsonantes, ni en su obra ni en su vida. Por encima de anécdotas o cualquier otra consideración, la grandeza de Cela está en sus novelas, esas cuya lectura son el mejor homenaje posible al Nobel en el centenario de su nacimiento.

Vía| Papelenblanco.

Más información| Fundación Cela.

Imagen| 2ominutos y ABC

 

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