Patrimonio 


La catedral de Oviedo en la historiografía del siglo XIX

Como es bien sabido, durante el siglo XIX se desarrolla el Romanticismo, que impone una serie de ideales estéticos desde los que se juzgarán, no sólo las manifestaciones histórico-artísticas del momento, sino también los monumentos del pasado. Esto queda plasmado especialmente en la historiografía artística, donde las obras de arte de siglos anteriores se estudian de acuerdo con las nuevas imposiciones del gusto romántico. En este artículo veremos esto ejemplificado en el caso de la catedral de Oviedo, se comenzó a construir a finales del siglo XIII, terminada a mediados del XVI y con varias adiciones de los siglos XVII y XVIII.

Vista general de la catedral de Oviedo

Vista general de la catedral de Oviedo

La identidad de la catedral de Oviedo se fue construyendo a lo largo del siglo XIX en base a la importancia que se otorgaba a ciertos elementos de la misma, y a la vez, al desprecio que sufrían otros. En primer lugar, hay que mencionar la Cámara Santa. En este caso, las alabanzas que se dedicaban a este espacio estaban más en relación con la religiosidad española que con los presupuestos ideológicos románticos. La Cámara Santa es el único resto conservado de la primitiva fundación de la catedral de Oviedo en la primera mitad del siglo IX por el rey Alfonso II el Casto.

Imagen del interior de la Cámara Santa. Fotografía de Jean Laurent, mediados del siglo XIX

Imagen del interior de la Cámara Santa. Fotografía de Jean Laurent, mediados del siglo XIX

En el siglo XIX, la dinastía asturiana se entendía como continuadora de la labor de los visigodos, de su tradición cristiana y del mantenimiento de todas sus estructuras político-administrativas. Por otro lado, en Asturias da comienzo el proceso de la Reconquista, o Restauración como ellos lo denominaban, y por tanto, es donde se recupera la tradición cristiana frente al establecimiento de la cultura islámica en el resto de la península. Todo esto se une al ferviente deseo del pueblo decimonónico de buscar la identidad de su nación en el cristianismo, pues consideraban que es lo que verdaderamente identificaba a España, ya que nunca se perdió, gracias a las dinastías asturianas que lo mantuvieron en el norte de la península. Así, la Cámara Santa se presenta como el símbolo de la labor de los cristianos del reino astur frente a los musulmanes.

El otro elemento de la catedral de Oviedo al que se prestaba mayor atención es la torre gótica. En este caso, lo que predominaba era el valor estético que se le otorgaba al gótico en el siglo XIX, ya que, como se sabe, en el Romanticismo se vuelve la vista hacia períodos anteriores que habían sido despreciados durante los siglos del clasicismo, como es la época medieval y especialmente el gótico. El gótico se entendía, además, como el primer estilo que identificaba a las naciones, lo que ocurría sobre todo en Francia. Este movimiento fue siempre considerado como el lenguaje más adecuado para representar la religión católica, dado que se materializó a través de las grandes catedrales por toda Europa. Nuevamente, vemos que, en parte, es el concepto de los nacionalismos lo que pone en valor un estilo artístico en el ambiente intelectual del siglo XIX, pero añadiendo aquí un componente claramente estético que no tenía la Cámara Santa.

Imagen de la torre gótica de la catedral. Fotografía de Jean Laurent, mediados del siglo XIX

Imagen de la torre gótica de la catedral. Fotografía de Jean Laurent, mediados del siglo XIX

Por el contrario, lo que ha sido especialmente rechazado en el análisis de la catedral ovetense durante el siglo XIX son las capillas que a lo largo de los siglos XVII y XVIII se fueron adosando en torno al cuerpo principal del templo. Esto responde, una vez más, al gusto artístico y estético del momento, pues el barroco se comprendía como una desviación del orden clásico que había primado en los siglos anteriores. Para ellos, está repleto de excesos decorativos y horror vacui, y como tal degeneración y decadencia del estilo clásico, era denostado. Se solía insistir en el nulo valor artístico de este estilo y en muchas ocasiones, se clamaba por hacerlo desaparecer de los añadidos que impedían ver las bellas formas góticas. Algunas de las capillas más destacadas de la catedral de Oviedo a este respecto son la de Santa Eulalia (finales del siglo XVII) y la del Rey Casto (primer tercio del siglo XVIII), de las que se dice en numerosos textos decimonónicos que no tienen mérito alguno.

No será hasta el siglo XX, y bien avanzado, cuando la consideración de la Historia del Arte como ciencia permita un acercamiento a cada momento histórico-artístico lo más objetivo posible, estudiándolo de acuerdo con el contexto social, político, cultural e ideológico en que cada uno se desarrolla.

 

Vía| CASO, F., y otros, La catedral de Oviedo, vol 1: historia y restauración. Ed. Nobel, Oviedo, 1999.

Imágenes| catedral de Oviedo, Cámara Santa, Torre gótica

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