Actualidad Jurídica, Jurídico 


¿Catalán o español?

/var/www/clients/client0/web2/web/wp content/uploads/2015/09/banderas ue espana catalunya 1024x6821

#actualidadQAH

Evitando cualquier opinión subjetiva acerca del recurrente tema de la secesión de Cataluña, y sin entrar a valorar el resultado de las elecciones de ayer, los cuales todo sea dicho, pienso que a nadie pillarán por sorpresa, vamos a analizar desde un punto de vista jurídico la situación en la que quedaría Cataluña y sus ciudadanos en una hipotética independencia del territorio, como siempre con el pragmatismo por bandera.

En primer lugar, no vamos a entrar en el plano teórico de cómo/cuando puede accederse a la ciudadanía, hecho que ya pusimos de manifiesto en un excepcional artículo hace un tiempo. Sí vamos, por el contrario, a analizar si podría perderse hipotéticamente dicha nacionalidad española por los catalanes y qué sectores quedarían más afectados en un escenario de independencia.

Así pues, en lo que al status personal del residente en Cataluña se refiere, aunque el artículo 11 CE establece tajantemente que “ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad”, la mayoría de los constitucionalistas coinciden en señalar que este principio hace referencia a la posibilidad de retirada arbitraria de la misma y a la pretensión de que ningún español pueda ser considerado apátrida, pero no incluye en absoluto el supuesto de la secesión.

No obstante, parece lógico que quien pretende separarse de su país de origen y quiere ser reconocido como nacional del nuevo, su intención clara es de abandonar su anterior nacionalidad y, por ello, perder la misma voluntariamente. En este sentido, nuestro Código Civil sí contempla algunas causas de pérdida de la nacionalidad española, infiriéndose en su artículo 24 que “pierden la nacionalidad española los emancipados que, residiendo habitualmente en el extranjero, adquieran voluntariamente otra nacionalidad o utilicen exclusivamente la nacionalidad extranjera que tuvieran atribuida antes de la emancipación”.

De esta forma, en el caso de una Cataluña independiente, los ciudadanos no perderían automáticamente su nacionalidad española hasta que no optaran por adquirir la nueva nacionalidad catalana (contando los famosos 3 años), algo que a todas luces sería requerido por su nuevo Estado ya que no cabe imaginar una nación independiente vacía de nacionales.

Al margen de lo anterior, habría otra vía para la convivencia de ambas nacionalidad, como sería la figura de la doble nacionalidad, camino que desde mi punto de vista, parece hoy en día inaccesible atendiendo a las relaciones entre el Ejecutivo central y un hipotético gobierno independentista que se formaría entre los partidos JXS y CUP.

En segundo lugar, y en lo que al plano institucional se refiere, tras los resultados de ayer y si los referidos partidos coalicionan, el bloque independista, al contar con una mayoría de escaños aunque no de votos, debería poner en marcha el mecanismo que ha venido proclamando día a día en su mítines electorales, esto es (i) declaración unilateral de independencia, (ii) programa transitorio de cumplimiento legal, activar las llamadas “estructuras de Estado” y (iii) elaboración de una constitución catalana y su proclamación formal de independencia.

Sin embargo, entendemos que el escenario no será automáticamente de ruptura. Y ello a pesar de que el Estado cuenta con los mecanismos para invalidar una declaración de independencia de la Generalitat de Cataluña o del Parlamento regional. De hecho, el Tribunal Constitucional (TC) cuenta incluso con la posibilidad de inhabilitar a Artur Mas, a los diputados y a los consejeros que incumplan las sentencias del TC. Sin embargo, por parte del Ejecutivo se es consciente de la gran dificultad de plantear una batalla contra un Parlamento y contra un Gobierno elegido legítimamente en unas elecciones, por lo que optarán para reconducir la situación a base de modificaciones estructurales y cesión de mayor soberanía.

En esta línea, el Gobierno, días antes del temido 27-S, inició una campaña de divulgación de los posibles efectos que podría tener en los diferentes sectores si prospera el desafío independentista de Artur Mas y una hipotética secesión de Cataluña. Para ello, emitió un informe interno del Ministerio de Hacienda que repartió entre los distintos ministerios para defender la relación actual entre Cataluña y España. Informe que, como decimos, era interno, pero que a pocos minutos ya se encontraba en manos de los principales diarios.

En dicho informe, se hace mención expresa a que sin España, Cataluña no podría financiarse por sí misma -Hacienda lo ha explicitado esta semana destacando que la deuda catalana es considerada “bono basura” por las agencias de ráting-, que no se podrían pagar las pensiones, que no habría ayudas suficientes para fomentar el empleo ni dinero para becas, que la sanidad quedaría gravemente dañada o que algunas inversiones en la industria del automóvil desparecerían porque han contado con el apoyo explícito de préstamos del Estado para ponerse en marcha. El documento llega a plantear que Cataluña no podría tener suministro energético, de gas y de hidrocarburos suficiente si se desconecta de España y que infraestructuras que se están planteando que pasan por Cataluña como el MIDCAT, que podrían contar con financiación europea, se desactivarían en el caso de que se rompa España.

Como podemos imaginar, el escenario que se abre en estos momentos puede tener un efecto devastador no solo para España como nación si no para la propia Cataluña, pues nos adentramos en un hito histórico en el que esta vez parece no haber marcha atrás. Y pienso que la mayoría de españoles tiene el sentimiento de que este asunto ha llegado demasiado lejos, que quizás todos los movimientos desesperados de los independentistas por firmar páginas en la historia de España y los intentos del Gobierno central por mantener una unidad en la que pensaban invulnerable, llegan demasiado tarde.

Lástima que Cataluña y los catalanes no quieran formar parte de España. Ojalá hubiéramos sabido desde un primer momento hacerles participe de la nación, otorgándole sus competencias capaces de gestionar y reconociendo sus derechos particulares que la propia historia les reconoce. Llegados a este punto de no retorno, solo cabe ir pensando si es hora del cambio del modelo estatal o si puede darse un esperpento social más digno del 36, como ciertas voces autorizadas del panorama político ya auguran.

Vía| “Doble nacionalidad e independencia de Cataluña”, “Cuestiones jurídicas en torno a la independencia de Cataluña”

Imagen| La razón

RELACIONADOS