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Castro Marim: la belleza medieval de un pueblo

Al sureste del Algarve portugués, colindando con la frontera española y a escasos 10 kilómetros de Ayamonte, se alza un pequeño municipio llamado Castro Marim, con unos 6.500 habitantes. Pisar las históricas calles de este blanco municipio es como adentrarse en una época añeja cincelada en piedra, roca y cal. La presencia árabe en esta zona ha dejado al visitante andaluz paisajes extremadamente reconocibles, de casas viejas y pequeñas apostadas en las múltiples laderas de los desniveles de esta tierra.

En las alturas, en la zona de vigía más elevada del pueblo, se impone un cementerio natural en forma de ruinas de la que fue la fortaleza de los caballeros templarios, y más tarde sede de la Orden de Cristo en Portugal: El Castillo de Castro Marim.

Este castillo fue el resultado de las necesidades defensivas de las múltiples civilizaciones que se apostaron en esta localidad, en la margen derecha del río Guadiana. Hay restos en su interior que fechan las primeras construcciones del castillo en el neolítico, y posteriormente serían los fenicios, cartagineses, vándalos y árabes los que aprovecharían su situación estratégica para asentar sus civilizaciones entre sus muros.

Cruzar el portal de madera de esta fortaleza y adentrarse en sus entrañas es como dar una zancada hacia la oscuridad propia de la Edad Media. Sobre las ruinas desenterradas, que desenmascaran la estructura que en su día tuvo aquel recinto, se han recreado establos, tenderetes de madera y mimbre, gradas, casas y escenarios; y hasta la flora de pinos, almendros y olivos ayuda a reconstruir el entorno árido, rocoso y polvoriento de la época.

En el Castillo de Castro Marim el tiempo se ha parado a deleitarse en sus rincones. Su población, que lleva el gusto por sus tradiciones dibujado en la cara, contribuye anualmente a rememorar (más si cabe) el esplendor del comercio y las costumbres medievales en una feria que organizan por todo el pueblo y por el interior de la fortaleza. Para ello montan cientos de puestos de gastronomía, artesanía, hechicería… y se visten con trajes y motivos de la época, reviviendo la magia y el misticismo medieval.

Se trata de una oferta turística muy asequible y a escasos kilómetros, que nos brinda la oportunidad de conocer una cultura muy similar a la nuestra con el encanto que da el halo histórico que envuelve al pueblo.

 

Vía| Castro Marim

Más información| Castro Marim

Imagen| La Cámara de Carlinhos

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