Historia 


Cancho Roano: ¿palacio, santuario, centro comercial? (I)

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Reconstrucción panorámica de Cancho Roano

Si hacemos caso a la Wikipedia, Cancho Roano es un yacimiento arqueológico, el conjunto tartésico mejor conservado de la Península Ibérica. Desde el momento del descubrimiento del edificio mucho se ha escrito con respecto a la verdadera utilidad de Cancho Roano. ¿Se trata de un santuario o de un palacio? J. Maluquer veía en el edificio un palacio por su estructura y santuario por su función, algo que le llevó a acuñar el término de palacio-santuario asumiendo un modelo oriental importado por los comerciantes mediterráneos procedentes de alguna factoría costera del sur de la península Ibérica. De esta forma asumía la posibilidad de que algún reyezuelo local adoptara la tradición oriental de construirse una residencia que sirviera como tanto de centro de culto de una divinidad como de centro comercial. Con todo, en todos sus trabajos se refleja la idea del doble sentido del edificio, el religioso y el palaciego, estableciendo parecidos con él tanto en los templos de tipo migdal documentados en Meggido, Hazor o Sechem, como en los palacios o hilani de Siria. J. Maluquer mantuvo la idea de que la aparición de un monumento de estas características en el interior de la península Ibérica no se debió a la transmisión directa oriental hacia Occidente, sino que esta transmisión se produjo a través del mundo griego, llegando a establecer paralelos también con los edificios del barrio comercial de la colonia griega de Al Mina, donde los edificios cuentan con una planta en U muy similar a la planta de Cancho Roano. Esto, unido a la gran cantidad de fragmentos de cerámica ática encontrados en el edificio extremeño, acentuaron su idea de que fueron los griegos quienes, partiendo de un modelo semita, hicieron construir el santuario de Cancho Roano. Con todo, los hilani sirios nos quedan muy alejados en el tiempo del edificio de Cancho Roano, y las construcciones de Al Mina, más cercanas cronológicamente hablando, están muy lejos del significado social del monumento hispano.

Planta de Cancho Roano

Planta de Cancho Roano

Poco tiempo después del comienzo de las excavaciones en Cancho Roano (1978), A. Blanco Freijeiro consideró que el monumento era un altar para las cenizas, algo a lo que se unió J. M. Blázquez, defendiendo así la versión que hace de Cancho Roano un santuario. Básicamente esta teoría arranca tras el incendio que termina con la fase A del edificio, momento en el que, según estos dos autores, se convirtió en un altar de ceniza o de sangre, relacionándolo con lo que Estrabón nos cuenta en relación a los sacrificios a Ares referidos a los montañeses que habitaban en el norte de la península, algo que habría que considerar a la hora de establecer diferencias, puesto que Cancho Roano se aleja bastante de estos pueblos desde un punto de vista geográfico. Con todo, nos parece mucho más acertado pensar que las cenizas que cubrían el edificio no son sino los restos del incendio que terminó con éste tras su última fase, la A.

Con respecto a las funciones que el edificio ejercería como palacio, ya M. Almagro se encargó de establecerlas mediante un análisis de los objetos encontrados en todas y cada una de las salas el edificio. Esta idea se articuló en torno al reparto de funciones dentro del edificio, esto es, vivienda del reyezuelo, almacén de alimentos, lugar para actividades artesanales y control económico, y área sacra, funciones que se encontrarían bien determinadas según las distintas zonas, algo que sólo se explica por la finalidad concreta de las mismas. Los hallazgos arqueológicos encontrados en las diferentes estancias harían referencia a las actividades socioeconómicas del dueño: agricultura, almacén de alimentos, producción artesanal local, control económico, estatus de guerrero… faltando, según M. Almagro, la documentación que se referiría a las funciones religiosas del edificio. Este hecho fue el que propició la consideración del monumento como palacio, un palacio en el sentido de residencia dinástica con función pública, política y administrativa. Sin embargo, este autor también ha profundizado en el carácter religioso del edificio, llegando a definirlo como palacio sacro o santuario palaciego.

Como ya hemos mencionado, los mejores paralelos formales de Cancho Roano se han encontrado en los hilani sirios, de aspecto macizo y con un patio central de entrada abierto. Sin embargo hay una diferencia fundamental entre éstos y el monumento que nos ocupa: aquéllos no cuentan con ninguna habitación que se parezca a la habitación H-7, habitación de carácter marcadamente sacro y que parece ser desde la que se ordena todo el monumento.

Sin embargo, los parecidos que consideramos más acertados para Cancho Roano los encontramos en el Mediterráneo occidental, concretamente en Etruria, donde el santuario de Pyrgi, de influencia fenicia, presenta parecidos importantes con el monumento de Zalamea; lo mismo ocurre con el edificio portugués de Abul de origen fenicio. En ambos casos tenemos edificios de planta cuadrada de unos 23 m de lado, medidas idénticas a las de Cancho Roano. En el caso concreto del edificio de Abul, nos encontramos que también cuenta con una habitación central donde se erigió un altar cuadrangular donde se han hallado restos de ceniza. Sin embargo el edificio fue derribado en el siglo V a. C., pero parece que esta destrucción no tuvo carácter ritual puesto que los objetos de valor fueron retirados del edificio antes de la destrucción, no así en Cancho Roano, donde todos los enseres quedaron dentro del edificio de manera consciente, para que fueran destruidos junto con el monumento.

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Cancho Roano: vista aérea

Por nuestra parte, hemos podido comprobar la importancia de la función religiosa dentro del edificio, puesto que todo el complejo monumental se organizaba en torno a una habitación principal que continuó ostentando su función religiosa a lo largo de las diferentes fases del edificio. De la misma manera, la existencia de diversas capillas rodeando el edificio principal usadas como depósitos de ofrendas parecen señalar muy bien el carácter de santuario que Cancho Roano desempeñaba. Sin embargo desde los primeros momentos tras su descubrimiento, el término dual de palacio-santuario sirvió para deshacer las contradicciones que el edificio planteó debido a su estructura palaciega y su funcionalidad templaria.

Con todo, tanto las versiones que hacen de Cancho Roano un palacio como las que lo convierten en un santuario, están de acuerdo en la función comercial que éste llegó a ejercer. Situado dentro de la periferia tartésica, el propio J. Maluquer lo relacionó con el comercio foceo a través de la ruta de los santuarios, partiendo del valle del Vinalopó hasta la Meseta de Albacete y desde Sierra Morena hasta el área extremeña. Esto ha sido aceptado por otros investigadores, aunque con matices, relacionándolo siempre con la minería existente en la zona occidental de la Meseta meridional. Pero la función comercial del edificio la estudiaremos en la siguiente entrega.

Vía| BLANCO FREIJEIRO, A. (1981) “Cancho Roano, un monumento protohistórico en los confines de Lusitania”, BRAH CLXXVIII; BLÁZQUEZ, J. M. (1983) Primitivas religiones ibéricas. T. II Religiones prerromanas; CELESTINO PÉREZ, S. El Palacio-Santuario de Cancho Roano; MALUQUER DE MOTES, J. (1981) El Santuario Protohistórico de Zalamea de la Serena, Badajoz

Imagen| Planta de Cancho Roano, Cancho Roano: vista aérea, Reconstrucción panorámica de Cancho Roano

En QAH| Caminos Prerromanos: contactos entre indígenas, Presencia de enterramientos orientalizantes femeninos en el interior peninsular

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