Historia 

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Campomanes y Olavide, dos teóricos ilustrados


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Pedro Rodríguez de Campomanes

Pedro Rodríguez de Campomanes, fue una de las personas políticas con mayor influencia en la monarquía de su tiempo. De educación universitaria, se encuadraba dentro de los golillas o manteístas frente a los colegiales que se encontraban en la administración del Estado, colocados en sus puestos gracias a la red de contactos e influencias del mundo colegial. Como buen ilustrado y hombre de letras defendía la educación de todos los sectores sociales sin diferencia[1]. Una obra que nos sirve de ejemplo para explicar sus postulados es Discurso sobre la educación de los labradores españoles, donde promulgaba la necesidad de difusión de los saberes útiles y prácticos, no las ciencias abstractas. En estas tesis, deja más de lado el tema de la educación de la clase privilegiada para centrarse en la del pueblo llano, “a fin de que todo fuera más ‘industrioso’ y formara un ‘disciplino ejército’”[2]. El fin último que podemos apreciar en esta teoría es que los trabajadores rurales, en definitiva, no abandonaran los campos y talleres para emigrar a las ciudades sobrepoblando las aulas en busca de una educación no adecuada a su condición y destino.[3]

Estas políticas o, mejor dicho, propuestas educativas de Campomanes, se encuentran dentro de una política más amplia de recogimiento y control del grupo social más desfavorecido: los mendigos. Sustituyendo la limosna indiscriminada por la caridad o beneficencia regulada y organizada. Así mismo, buscaba el destierro de la ociosidad, así como la incorporación de las mujeres y niños al mundo artesanal. Campomanes, además, apela al clero y a la nobleza para que promuevan y financien a través de las Sociedades Económicas de Amigos del País estas reformas educativas. Por lo que, en último término, todo este sistema de formación profesional se basaba en la buena voluntad de los sectores privilegiados y gentes acomodadas, agrupadas en estas sociedades económicas. El papel asignado al Estado en este programa de reformas era, en todo caso, el de promotor, no el de gestor y mucho menos el de protagonista. Y, como buen ilustrado español, creía que todo esto era posible sin poner en cuestión las estructuras políticas del Antiguo Régimen, al cual “no aspiraba a cambiar, sino a consolidar mediante sus reformas”[4].

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Pablo Olavide

Pablo de Olavide, conocido con el sobrenombre “el afrancesado”[5], siguió un curso diferente al de Campomanes. Entra en la vida política tras el motín de Esquilache, pero pasará a la historia de la educación por su Informe sobre el destino de las casas de la Compañía de Jesús (1768), donde hace referencia a la reforma del plan de estudios de la Universidad de Sevilla, ejemplo que será utilizado para el plan de reforma de las universidades realizado en la segunda mitad del siglo XVIII. En este informe, se propone destinar a hospicio general una de las seis casas que dejaban en Sevilla, otras dos a sendos colegios de nobles para jóvenes de uno y otro sexo, otra para el estudio de gramática y humanidades, otra a seminario clerical y otra, la más importante, a una universidad reformada, definida como “Oficina pública” o “Estudios generales y públicos’[6], instituidos por el Estado para la educación de la nobleza, elemento que preocupará a todos y cada uno de nuestros ilustrados ante el déficit que tenía dicho estamento.

Los aspectos básicos del programa de reforma era la exclusión de la enseñanza del clero regular, la no validez de los estudios cursados y títulos obtenidos en conventos, la reducción de los colegios mayores a seminarios de estudios, siempre dependientes de las universidades, la eliminación del escolasticismo y la introducción de las ciencias experimentales y naturales, así como del derecho nacional y el natural. Pero como suele pasar en multitud de ocasiones con los programas teóricos y los postulados reformistas, distintas circunstancias, como las dificultades económicas, la oposición de los colegiales y religiosos y el encarcelamiento de Olavide por parte de la Inquisición, llevaron al fracaso este proyecto de reforma.

A parte de este proyecto, otra de las razones por las que este autor ha pasado a la historia es por la evolución personal que tuvo. Tras la Revolución Francesa de 1789, Olavide vio los peligros de una Ilustración no atemperada por los valores de la religión católica. Producto de este cambio de parecer, escribe El Evangelio en triunfo, donde nos postula que la educación que se debe de dar a los vástagos, debe de ser una educación ilustrada pero basada en la religión y en la moral cristiana. Las enseñanzas de tenían que recibir los jóvenes tenían que estar basadas en el latín y en las nobles artes, las ciencias físicas y la naturaleza, las artes útiles y manuales, las matemáticas, el álgebra y la geometría, la jardinería y la agricultura; a fin de que acostumbrarles a una vida moderada y filantrópica.


[1] Siempre manteniendo el origen social y de género bien diferenciados. Se trataba de una educación destinada, en cierta medida, a mantener el orden social establecido sin renunciar al avance de los tiempos en materias económicas y tecnológicas.

[2] DELGADO CRIADO, Buenaventura. (coord.). Historia de la educación en… p. 658.

[3] Esta última frase define de una manera excepcional la concepción que se tenía del fin último de la educación en la Ilustración española, no solamente la teoría de Campomanes, sino la de todo nuestro cuerpo ilustrado. No se concebía la educación como un sistema de promoción social, ni siquiera como un elemento de crecimiento individual; sino que se entendía como el instrumento idóneo para mantener el orden social establecido, mantener la sociedad estamental y privilegiada, a la vez que se crecía económicamente y se creaban estructuras sociales sólidas a través del adoctrinamiento educativo.

[4] DELGADO CRIADO, Buenaventura. (coord.). Historia de la educación en… p. 661.

[5] Sobrenombre que le viene dado por su biblioteca, que suscita tempranamente recelos en el Santo Oficio hacia su persona, que se incrementan con su “salón” a la parisina con asistencia femenina, donde realizan traducciones y representaciones de obras de teatro francesas.

[6] DELGADO CRIADO, Buenaventura. (coord.). Historia de la educación en… pp. 662-663.


En colaboración con QAH| Mundo Histórico

Vía|

ÁLVAREZ DE MORALES, Antonio. El pensamiento político y jurídico de Campomanes. Madrid: Instituto Nacional de Administración Pública, 1989.

ANES, Gonzalo. El siglo de las Luces. T. 4. Artola, Miguel (coord.). Madrid: Alianza Editorial. 1994.

DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio. Carlos III y la España de la Ilustración. Madrid: Alianza Editorial, 1988.

DELGADO CRIADO, Buenaventura. (coord.) Historia de la educación en España y América. La educación en la España Moderna (siglos XVI-XVIII). Madrid: Ediciones SM, 1993.
Imagen| Campomanes; Olavide

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