Especial I Guerra Mundial, Historia 


Campaña de Galípoli (I): Un Nuevo Frente

  La campaña de los Dardanelos, o batalla de Galípoli, fue el intento de los aliados de apartar al Imperio Otomano de la guerra y avanzar en el conflicto tras el estancamiento en Europa. Galípoli, al igual que el Somme o Paschendaele, ha pasado a convertirse en un símil de inutilidad y pérdida de vidas. Pero Galípoli también supuso el nacimiento de la identidad nacional de Australia y Nueva Zelanda, simbolizada a través de los soldados ANZAC.

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Estrecho de los Dardanelos.

  Dentro de los planes prebélicos que todas las potencias habían estudiado en caso de estallar una guerra, los británicos habían barajado la posibilidad de llevar a cabo acciones anfibias contra los alemanes en la costa báltica. Churchill consideró que estos planes podían extrapolarse a Turquía. Contando con el apoyo del ministro de la marina, Jackie Fisher, comenzaron a prepararse los planes para atacar el estrecho de los Dardanelos.

  Los Dardanelos eran un punto clave estratégico. El estrecho estaba protegido al oeste por la península de Galípoli, que se extiende 75 km. Se trata de una fortaleza natural; montañosa y con profundos barrancos, con cordilleras costeras.

 Durante años anteriores se había estudiado una incursión de la flota británica en los Dardanelos, con el fin de forzar el paso del estrecho, bombardear las fortificaciones turcas que protegían el estrecho desde ambos lados y amenazar la propia capital otomana.

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Winston Churchill y Lord Fisher.

  Los mandos y el gobierno británico veían en esta campaña no solo la posibilidad de ayudar a Rusia distrayendo tropas del Cáucaso y abriendo una ruta directa con las bases del Mar Negro; consideraban que obteniendo una los turcos se apartarían de la guerra. Además, consiguiendo tomar el estrecho se forzaría a los reinos de Rumania y Bulgaria a que no entraran en la guerra del lado de los imperios centrales, a que Grecia se alinease definitivamente con los aliados, y dar un apoyo directo a los serbios.

Forzar el estrecho.

  Churchill llegó a la conclusión que la acción combinada de 15 acorazados y cruceros, junto con varios dragaminas, los fuertes serian destruidos y el canal abierto. Presentó el proyecto al gobierno y este lo aceptó el 28 de enero. Los alemanes también eran conscientes del riesgo que supondría una victoria aliada en los Dardanelos. Avisaron al gobierno otomano sobre los planes aliados de atacar el estrecho, y enviaron a numerosos oficiales para que entrenaran y dirigieran a las fuerzas turcas.

  El almirante Sackville Carden fue puesto al mando de la operación. Nada más aceptar el mando y estudiar los planes propuestos por Churchill, se da cuenta de que los fuertes otomanos no podrían ser destruidos totalmente usando el bombardeo naval, sería necesario un desembarco terrestre.

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La flota de los Dardanelos.

  El plan era internarse en el estrecho con los buques de guerra y bombardear las fortificaciones de los otomanos hasta que fueran destruidas, eliminar las minas y dejar libre el camino hacia Estambul. Pero pronto los problemas del plan comenzaron a aparecer. Para llevar a cabo un bombardeo efectivo de las posiciones turcas los barcos debían internarse en aguas del estrecho pero estas debían ser previamente limpiadas de minas, pero los dragaminas no podían internarse en el canal y hacerlo con total seguridad debido al fuego de los cañones apostados en las fortalezas otomanas.

  El 19 de febrero se puso en marcha el plan. La primera intentona se saldó con escasos éxitos. El 25 de febrero se llevó a cabo un nuevo intento. En esta ocasión los turcos habían abandonado las defensas exteriores del estrecho, por lo que la flota pudo internarse más en el estrecho y eliminar algunas minas marinas.

  Churchill siguió insistiendo y el 18 de marzo se llevó a cabo un nuevo y último intento con 18 buques y pequeños barcos pesqueros transformados en dragaminas, que sucumbieron ante los cañones turcos y ante el fuerte oleaje del canal, que los arrastró contra las hileras de minas marinas. La operación se saldó en total con dos buques ingleses y uno francés hundidos, y otros tantos seriamente dañados.

  John De Robeck, almirante al mando de la flota en sustitución de Sackville Carden, que había caído enfermo, declaró a sus superiores que la armada no podía silenciar los cañones turcos por sí sola, necesitaba la cooperación del ejército y solicita que la península de Galípoli sea ocupada por tropas de tierra que procedan a despejar las defensas costeras que se encuentran enclavadas en las alturas.

Un nuevo plan.

  Kitchener consintió el envío desde Egipto de las fuerzas ANZAC (Australian and New Zealand Army Corps), que no había entrado aun en combate y no había completado su adiestramiento. Estas fuerzas enviadas desde Australia y Nueva Zelanda estaban en Egipto, donde debían completar su instrucción para combatir en Oriente Medio, pues se adaptarían mejor al calor que al frio invierno en Europa.

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La 29º división británica siendo inspecionada por Jorge V.

  Con el fracaso de las operaciones navales, Kitchener, Secretario de Guerra, aceptó que la 29ª división británica fuera enviada. Dos días después, el 12 de marzo, Kitchener se entrevistó con el general sir Ian Hamilton y le informa del envió de una fuerza terrestre a los Dardanelos que solo entrará en acción cuando la flota agote todas sus posibilidades, y que el estará al mando. Hamilton formó su estado mayor a toda prisa y el 13 de marzo partió hacia los Dardanelos con la Fuerza Expedicionaria del Mediterráneo.

 El general llegó a los Dardanelos para presenciar los últimos coletazos de las operaciones navales, y se convenció de que la una manera de atravesar el estrecho era con acciones en las que el ejército tuviera un papel más importante. Lo mismo opinaba el almirante de Rodeck, que ante la pérdida de varios buques exclamo: “esto va a acabar conmigo”. Hamilton informó a Londres y así de un plumazo se invirtieron completamente los roles del ejército y la marina.

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Sir Ian Hamilton.

  La acción requería de una fuerza naval y de un número reducido de tropas terrestres, algo acorde con las capacidades de las unidades militares británicas. La pregunta que se hicieron los mandos fue ¿dónde realizar el desembarco? La respuesta no tardó en llegar, el lugar idóneo era la península de Galípoli.

En colaboración con QAH|La Gran Guerra: Sangre, Barro y Trincheras.

Vía| Desperta Ferro Contempoánea, Nº 8: Galípoli, 1915. 2015

Imágenes| Dardanelos, Churchill, flota, 29º división, Hamilton.

En QAH| Carnicería entre Europa y Asia, medio millón de bajas en Galípoli, Especial Primera Guerra Mundial (1914-1918)

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