Economía y Empresa 


Cambio de ritmo: Slow Movement

La situación económica en la que nos encontramos es difícil. Pero el impacto va más allá de las cifras y los datos, de los recortes fiscales y de las profundas reformas institucionales que se han hecho claramente evidentes, y sobre los que se han ofrecido opiniones de lo más dispares por profesionales y académicos de profunda y consciente preparación.

Hablemos, pues, de uno de los impactos colaterales del ritmo frenético al que el mundo ha girado en los últimos años: el Slow Movement. Se ha puesto de manifiesto bajo diferentes nombres: Slow Money Movement, Slow Food Movement, Slow Life Movement… Pero todos con un hilo conector: reducir la velocidad a la que nos hemos acostumbrado a vivir. La interpretación ha sido hecha en dos sentidos: ignorar la tendencia de las 24h/7d (apertura ilimitada de los establecimientos) y promover el disfrute pausado del tiempo sin tener que estar siempre haciendo cosas, o simplemente ser selectivos con la inversión de nuestro tiempo. Este movimiento se mantiene por los individuos que constituyen la comunidad Slow, sin que haya una dirección concreta y definida del mismo.

En el plano de lo económico, sus defensores proponen la oposición a la tendencia de homogeneización y globalización que cada vez más se ha ido extendiendo en todos los ámbitos de nuestra vida: para ellos, el objetivo es apoyar el empleo y el desarrollo económico a nivel local, lejos de los debates que llenan los medios de comunicación a nivel supranacional. Se promueve, pues, la atención a necesidades locales mediante la producción local para uso local. De no ser posible la satisfacción de necesidades locales siguiendo esta pauta, se irá al nivel inmediatamente superior, al geográficamente más cercano posible. De este modo, se acudirá a fuentes de generación de bienes y servicios exteriores a la localidad (sea regional, nacional, o internacional –y en ese orden-) únicamente cuando sea indispensable. El objetivo es, pues, la comunidad local. El movimiento propone lo siguiente: “Piensa global, actúa local” y “Empezar en mi jardín”. Se aspira, pues, a crear comunidades económicamente sostenibles, sin dejar de tener presente el contexto internacional en el que cada comunidad, en última instancia, se encuentra inmersa. Las comunidades que apuestan por esta nueva organización de la economía, se comprometen con sus vecinos mediante la firma de acuerdos en los que se ponen de manifiesto los principios en los que la comunidad pasa a estar basada.

 El día 3 de enero de 2012, en el diario El País, Paul Krugman hacía una crítica a la defensa de políticas fiscales restrictivas en tiempos de recesión, recordando la clásica teoría keynesiana, que ya predecía consecuencias negativas de este tipo de actuaciones. De igual forma, al promover el movimiento Slow, en el plano económico se deja a un lado la eficiencia derivada de la apertura de los mercados (de bienes, de capitales y de factores) y del intercambio internacional, y de las ventajas derivadas de la deslocalización de la producción. No obstante, las peticiones de reformas estructurales han sido abundantes, y cualquier idea puede ser la base de un cambio de mentalidad, haciéndonos a todos parte de los problemas, pero, y sobre todo, de las soluciones.

A continuación, un vídeo, entre muchos, de algunos aspectos de este movimiento, que alcanza a esferas más o menos relacionadas con el plano de lo económico:

Vía| The Slow Movement

Imagen| Slow Earth, Slow Road

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