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¿Buscar la calidad más que aumentar sin parar mis redes sociales?

A veces entro en Facebook y me maravillo de las enormes redes de contactos que tienen algunos conocidos míos que superan las 1.000 ‘amistades’ en su perfil. Todavía están lejos de los 13, 5 millones seguidores de Rafa Nadal o los cerca de 70.000 del ilustre Sir Ken Robinson (experto en sistemas educativos) pero claro, éstos dos ejemplos son personalidades públicas. Dicen que vamos camino de una era en que la superficialidad de nuestros vínculos sociales será la norma.

En mi caso, tardé una eternidad en pasar la barrera de los 100 pero, para ser sinceros, con 20 amigos me hubiera quedado igual: esos son los que percibo activos en la red de forma regular. Los demás rara vez “asoman” y entonces, como mucho cuelgan una foto para decir que están de vacaciones o ‘dar bombo’ cosas de su trabajo. No digo ya que se pongan a escribir un comentario o pequeño texto, esto me da la impresión que está quedando para “especialistas” o animadores pseudoprofesionales de las redes. Ese reducido grupo que decía es el que suele cargar bonitas o curiosas fotografías, me hacen reír con algo, comparten cosas que me interesan mucho o hablan –de manera comprensible y a veces hasta muy emocionados- de las cosas que les pasan.

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Una ventaja de tener una red tan manejable es, por ejemplo, que sólo en una ocasión he tenido que “borrar” a uno de mis amigos, porque me superaba su incansable actividad y su ansia por compartir los detalles de su vida personal que no lograba descifrar. No es agradable tener que leer pensamientos banales o ver imágenes del día a día de alguien que conoces de uno o dos encuentros fortuitos. Reducir la lista de amigos es un tema delicado, casi parece una ofensa, pero por otro lado, por qué habría que fustigarse cada 10 minutos con algo que no nos incumbe.

 

 

Hay algún psicólogo que afirma que tener una red social muy amplia, sea de gente cercana o que vive muy lejos, siempre es positivo porque nos enriquece. Permite conocer puntos de vista muy distintos al propio y nos da la oportunidad de empezar a apreciar, por ejemplo, nuevas filosofías o estilos de vida.

Quizá sea válida la afirmación que sugiere que aquellos que piensan que sólo hay una manera de hacer las cosas son las personas más conflictivas. Es como si al pensar o actuar de forma interrelacionada pudiéramos evolucionar hasta ser mejores personas. Algo similar a lo que sucede al consultar varias opiniones antes de tomar una decisión: puede que así sea más probable lograr el éxito. Creo que difícilmente puede existir un planteamiento más optimista sobre este tema.

¿Y qué hacer con aquellos que se han convertido en insufribles? En las redes sociales cada vez hay más opciones de configuración de nuestro perfil. Solo hay que descubrir la más adecuada para cada caso.

 

Y tú ¿qué piensas?

 

Por Miguel Olalquiaga

 

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