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Breve historia de las Preferentes

Las participaciones preferentes son un tipo de bonos emitidos por las empresas e instituciones financieras, con un plazo de tiempo indeterminado, es decir, sin vencimiento o a perpetuidad, para financiar el largo plazo de su balance, reforzando capitales propios.

No garantizan a sus tenedores un tipo de interés fijo ni asegurado. Tampoco garantizan la devolución del principal, ya que dado que se trata de deuda perpetua pueden no amortizarse nunca por la entidad bancaria. Y en caso de quiebra se sitúan sus tenedores en último lugar en la lista de acreedores, solo por delante de los accionistas ordinarios.

p1En cuanto a su liquidez, antes de 2011 la gran mayoría de participaciones preferentes de las cajas y bancos españoles no cotizaban en mercados secundarios, sino que era la propia entidad quién tenía un mercado interno de compraventa de estos activos.

A partir de 2011 la CNMV obligó a las entidades a que las participaciones preferentes tuviesen que cotizar en mercados secundarios (AIAF) con el objetivo de dotar de mayor liquidez a estos activos, y de que se pudiesen valorar por el mercado. Si bien en cuánto salieron a mercado se evidenció que la casi totalidad cotizaba “bajo la par”, esto es, por debajo de su valor nominal.

A partir de 1998 empezaron a comercializarse este tipo de activos en España, pero fue principalmente desde 2003 cuándo de manera masiva los bancos y cajas de ahorros se lanzaron a su comercialización. La política expansionista de los bancos centrales se encontraba en todo su auge, las entidades tenían que captar financiación más allá del pasivo convencional (que financia el corto principalmente), y en especial las Cajas, que no contaban con un buen acceso a los mercados financieros, encontraron en esta vía una buena manera de captar fondos para el largo plazo de su balance.

Más adelante, ya en época de recesión, las entidades siguieron recurriendo a esta forma de financiación, ahora para cubrir posiciones que probablemente ningún inversor institucional hubiese financiado. Y es que entre 2008 y 2011 se colocaron entre inversores particulares más de 12.000 millones de euros.

p2En cuanto las participaciones preferentes empezaron a cotizar, los pequeños ahorradores vieron que los activos que ellos habían comprado no valían ni mucho menos el dinero que habían invertido. En el caso de algunas Cajas las participaciones cotizaban al 30 % de su valor nominal (es decir, el ahorrador que había puesto 10.000 € se encontraba con que tenía 3.000 €). Desde luego, en este momento se evidenció que la comercialización no había sido la correcta, pues la mayor parte de los ahorradores no habían sido informados de que sus participaciones podían valer menos del dinero que ellos ponían (o podían llegar a no valer nada). En muchos casos, a los ahorradores se les había identificado una Preferente (al igual que la deuda subordinada, los bonos, u otros productos de deuda) con un plazo fijo.

Cuando se acometió el proceso de reestructuración bancaria, muchos inversores vieron diluirse sus ahorros por emisiones de preferentes que se convirtieron en activos como acciones que no valían ni el 10 % de lo invertido. Y a día de hoy muchos siguen litigando, alegando el hecho de que no conocían de manera alguna en qué estaban invirtiendo cuando su banco o caja les vendió este producto.

Más información | cotización preferentes   Expansión

Imágenes | AIAF

 

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