Historia 


Breve historia de la educación en España

Septiembre, hay que reconocerlo, es un mes que invita a la tristeza. Se inicia el fin del verano, los días empiezan a acortarse y se reactiva la vida cotidiana: los atascos mañaneros, el trabajo diario y demás actividades ordinarias. Incluso aquellos que no pierden la alegría tan fácilmente aparecen en televisión asidos por los brazos de sus padres que intentan consolar sus lágrimas en la dura vuelta al cole. Una vuelta al cole que este año cuenta con el aliciente e incertidumbre de ver cómo se termina de implantar la enésima ley de educación.

Desde la edad media hasta nuestros días, ha habido cantidad de ordenanzas que han pretendido normativizar y sistematizar los estudios en España. En la alta edad media la situación era bastante sencilla, los monasterios eran los encargados de custodiar el saber y en ellos se realizaba la transmisión de la mayor parte de conocimientos. Esto siguió siendo así a lo largo de todo el periodo medieval, sin embargo, la aparición de las universidades y estudios generales en el siglo XIII, ayudaron a extender el conocimiento a otro espectro de la población. Empezaba la preocupación para que el saber fuese accesible a personas de cualquier condición social cuando estos se mostrasen capacitados para el estudio. Es por esta razón que surgirán los primeros colegios mayores para atender a los alumnos carentes de recursos, siendo el primero conocido el de san Bartolomé, en la ciudad universitaria por excelencia: Salamanca. Tras este se irían extendiendo colegios mayores y menores por distintas localidades de España, en los cuales se impartirían las diferentes titulaciones, bachiller, licenciado, maestro o doctor.

Con pocas novedades persistió el sistema educativo durante los siglos siguientes. Se estructuraron los distintos estudios y las órdenes religiosas continuaron al frente. Agustinos, Dominicos y Jesuitas fundaron a lo largo del siglo XVI y XVII nuevos colegios por toda la geografía española que dieron cobijo a las principales academias y facultades. Años más tarde, con la llegada de la ilustración se iniciaría la fundación de las reales academias (española, de bellas artes o de la historia) como forma de establecer un sistema centralizado de instituciones culturales al margen de las universidades, por aquel entonces vistas como vestigios medievales que el Estado era incapaz de controlar.

Pero si hay una época en la que España intenta salir de esa obsolescencia y equipararse en desarrollo a algunos de los países de nuestro entorno esa es sin duda la segunda mitad del siglo XIX. Con algo de retraso frente a países como Francia o el Reino Unido y tras pasar un primer tercio de siglo marcado por las guerras y la desconfianza que generó el reinado de Fernando VII, el gobierno de Isabel II, tampoco exento de suspicacias y polémicas, fue clave para que en España se fueran dando pasos hacia la modernidad, donde uno de los puntos más importantes fue la reforma educativa realizada en 1857, la ley de instrucción pública, más conocida como Ley Moyano, por el político artífice de llevarla a término, Claudio Moyano.

La tasa de analfabetismo en España se acercaba a comienzos de siglo al noventa y cinco por ciento del total de la población. A mediados de siglo esa misma tasa había descendido hasta alcanzar un ochenta por ciento y pocos años después del destierro de Isabel II las cifras estaban en torno al setenta y cinco por ciento. Puede no parecer un descenso excesivo pero se trata sin duda de algo significativo. La constitución de Cádiz había incluido entre sus artículos el derecho a la educación primaria de manera universal, obligatoria y gratuita. Sin embargo las dificultades que encontró dicha constitución por mantenerse vigente en época de Fernando VII hizo que la educación en España no se impulsase hasta mediados de la década de los treinta con la creación de nuevas escuelas. Esta creación de escuelas afectó desigualmente en el territorio, las ciudades quedaron mejor dotadas que las zonas rurales e igualmente en el norte se hizo un número mayor con respecto a la zona sur.

La ley Moyano, que estuviera vigente por más de un siglo con ligeras modificaciones que se hicieron sobre ella a lo largo de la II República, logró adaptar la educación a su tiempo presente. Estructuró los distintos niveles educativos al modo que entendemos actualmente y sobre todo puso en el lugar que había de estar dentro de la sociedad a la educación. Es cierto que no fue fácil, la carencia de maestros y los bajos salarios, la ley permitía que se dedicasen a otros menesteres para que pudiesen completar un sueldo digno, pero fue el impulso necesario para que España saliera del analfabetismo que imperó hasta el siglo XIX.

Imagen|Fachada universidad, Ley 1857, Claudio Moyano

En QAH| El valor de la educación, Para afrontar el futuro: Educación, Invertir en futuro: Educación

RELACIONADOS