Historia 


Brennt Paris? (¿Arde París?)

 

Hace casi dos semanas París sufría una serie de atentados en diversos puntos de la ciudad, que sumieron en el caos a la capital gala. A todos se nos ha grabado a fuego las imágenes publicadas de la huida de los asistentes al concierto de la sala Bataclán y de las diversas actuaciones policiales para dar caza a los responsables del asesinato de 130 personas inocentes. Esta cadena de atentados, los más relevantes y sangrientos de la historia de Francia, hicieron de la ciudad del Sena un campo de batalla más propio de Oriente Medio que de la refinada y democrática Europa. Posiblemente no se recordaba tal caos en Paris desde la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Durante los primeros años de la década de los 40, París sufrió continuos ultrajes y atropellos de las fuerzas alemanas, e incluso pendió sobre su cabeza una espada de Damocles que a punto estuvo de acabar para siempre con su existencia física.

Hitler en Paris

Hitler en Paris

Durante los meses de mayo y junio de 1940, las fuerzas alemanas lanzaron su ofensiva definitiva sobre Europa Occidental, arrollando a los respectivos ejércitos de Holanda, Bélgica, Francia e Inglaterra, ocupando todos estos países salvo Gran Bretaña. Fue una derrota militar sin precedentes, que gracias a la evacuación de Dunquerque no se convirtió en un desastre absoluto. A Francia no le quedó más remedio que rendirse a los alemanes, en una humillación que pasará a los anales de la Historia.

Después de la firma del armisticio en el mismo vagón de tren donde se rubricó la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, en el bosque de Compiegne, Francia fue dividida en dos zonas, una ocupada directamente por los alemanes, a groso modo la costa atlántica y el norte del país, y otra zona en el sur con un gobierno francés afín a  Alemania con sede en la ciudad de Vichy, siendo el famoso mariscal Petain, héroe de la batalla de Verdún, su máximo dirigente.

Los primeros años de la ocupación alemana fueron relativamente tranquilos para la Ciudad de la Luz. El movimiento de la resistencia era prácticamente inexistente y el ejército alemán parecía invencible, aguantando solo el viejo león británico los furiosos envites de los nazis, gracias a su fuerza naval y aérea. Con la invasión de la Unión Soviética la situación empezó a cambiar, ya que los comunistas franceses empezaron a ver a Alemania como enemigo. Hasta este momento, aunque resulta sorprendente, los comunistas franceses no mostraron recelos hacia los alemanes porque estos eran aliados de los soviéticos.

Pero lo que realmente dio alas a la resistencia fue la orden emitida por los nazis que obligaba a multitud de franceses a viajar a Alemania para ponerse a trabajar en las fábricas que mantenían la poderosa maquinaria de guerra nazi. Muchos franceses decidieron echarse al monte antes que trabajar para los alemanes, hostigando continuamente a las fuerzas de ocupación. Las potencias aliadas no desaprovecharon esta oportunidad y armaron copiosamente a estos partisanos.

Desembarco de Normandia

Desembarco de Normandia

Esta situación se mantuvo hasta el verano de 1944, cuando el 6 de junio comenzó la ansiada invasión de Normandía por las fuerzas aliadas. La resistencia comenzó a salir a la luz, combatiendo abiertamente en algunos lugares a los nazis. La posición alemana fue empeorando según pasaban los días y tras una férrea resistencia, en las semanas posteriores al desembarco aliado, Hitler ordenó una retirada gradual y ordenada de Francia.

La política que empleaban los alemanes en sus retiradas graduales era muy ilustrativa, ya que empleaban la táctica de “tierra quemada” destruyendo toda infraestructura útil para el enemigo. Esta política se aplicó en los territorios ocupados de Europa del Este cuando comenzaron las grandes ofensivas del Ejército Rojo. Todo parecía indicar que estas mismas directrices se podían aplicar sin problemas en el resto de Europa, incluida Francia.

Basado en esta premisa, Hitler ordenó el 7 de agosto de 1944 al comandante de la guarnición de Paris, Dietrich von Choltitz, lo siguiente: “Es preciso que París no caiga en manos del enemigo, si no es convertido en un montón de ruinas”. Inmediatamente comenzaron los preparativos para colocar explosivos en los principales puentes y monumentos de la ciudad, a pesar de que para la mayoría de los alemanes esta orden era una completa locura. Pero no hay que olvidar que durante el mes de julio había acaecido el último gran intento de asesinar a Hitler, protagonizado por el coronel von Stauffenberg. El Führer salió ileso de esta tentativa, afianzando más si cabe su poder. A partir de este momento el ejército seguiría sin fisuras las directrices de Hitler, eliminando sin piedad a todos los miembros implicados en la conspiración.

_Dietrich_v._Choltitz

Dietrich von Choltitz, comandante de la guarnición alemana de París

A pesar de la lealtad que siempre había mostrado von Choltitz, un oficial de la vieja escuela militar prusiana, este guardaba serias dudas sobre el cumplimiento de esta orden, ya que las tropas con las que contaba, unos 20.000 soldados, se habían ocupado anteriormente de labores de intendencia y logística, teniendo muy poca experiencia de combate. Además hay que tener en cuenta las implicaciones morales que acarreaba la destrucción de una ciudad como París, demasiado pesadas para cumplir una orden de tal calibre.

Con las tropas aliadas a las puertas de París, la resistencia comenzó a enfrentarse abiertamente con los alemanes, respondiendo estos con una dureza inusitada, con multitud de arrestos y ejecuciones. Pero cuando el 23 de agosto, la División Leclerc entró en París, las tropas alemanas se rindieron  sin dudarlo y sin cumplir la orden dictada por Hitler de destruir París.

Según distintas versiones, el 25 de agosto por la mañana, cuando la noticia de la rendición de París había llegado a Alemania, Hitler ordenó que se llamara a la guarnición alemana y que formulara la ya famosa pregunta “Brennt Paris? (¿Arde París?)”. La respuesta que recibió no podía ser más explícita, desde el auricular del teléfono se podía escuchar las notas de la Marsellesa, tantas veces entonada hoy en día, y el replicar de todas las campanas de Paris.

Pero ¿por qué razón Hitler ansiaba tanto la destrucción de la Ciudad de la Luz? Hay que tener en cuenta que el Führer despreciaba todo lo que representaba la cultura francesa. Además el país galo fue el principal responsable de las duras condiciones que implantó la Paz de Versalles a Alemania e incluso Hitler había vivido la ocupación de la cuenca de Ruhr por parte de fuerzas francesas y belgas en 1923, humillando profundamente a Alemania. París sin duda es el símbolo de Francia, por este motivo no dudo en ordenar su destrucción sin vacilar. Menos mal que para los amantes de la cultura, nunca se llevó a cumplir esta orden.

 

Vía| La Segunda Guerra Mundial, ¿Arde París?

Imágenes| Hitler en Paris; Desembarco de NormandíaDietrich von Choltitz

En QAH| Atentados de París: las reacciones

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