Economía y Empresa, Panorama Internacional 


Bratislava: ¿tierra de paso o destino laboral en auge?

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Vista del Danubio y del castillo de Bratislava.

Desde distintas perspectivas Bratislava, capital del joven estado eslovaco, es percibida como una ciudad en movimiento y transformación. Despachos y edificios se construyen para suplir  la demanda de eslovacos que acuden en busca de trabajo y mejores sueldos  mientras que en el sur de Europa (españoles, griegos e italianos) cada vez se sienten más atraídos por este destino, a nivel profesional.

La historia nos entrega una fecha simbólica, el 1989, cuando empezaron a llegar a Eslovaquia multinacionales hacia una economía de libre mercado.

Una transición que empieza cuándo la Checoslovaquia, liderada por Dubcek, quiere un papel más autónomo respecto al directorio de Moscú durante los años  1960. En ese contexto, los movimientos nacionalistas, asentados en el idioma y los confines territoriales, surgían ya bajo el régimen comunista en la sangre del conjunto de todas las naciones del centro este de Europa.  El 1989 representa, así, un catalizador de instancias nacionalistas que ya desde tiempo  atrás, personajes como el patriota Ľudovít Štúr,  con su defensa del idioma eslovaco habían alimentado.

El paso será breve por otro cambio relevante: la división de la Checoslovaquia  en el 1993 y el comienzo de un proceso democrático autónomo. Llegamos así a nuestros días con un país de 5 millones de habitantes que  aún sufren los desajustes del  cambio del modelo socialista al capitalista en un corto periodo de tiempo.

Capital apenas nacida, con ese background histórico, Bratislava, se mueve entre la búsqueda de una identidad cultural, una modernidad urbanística (a veces presuntuosa) y una economía estable, jugando siempre un papel de hub Eslovacca.

Dentro de este escenario, ya un poco más definido, se pueden distinguir los movimientos de jóvenes trabajadores que emigran por la crisis económica del sur de Europa.

Multinacionales como IBM, Amazon, Henkel, Dell, y otras muchas relacionadas con el sector de la consultoría  representan  un lugar donde muchos jóvenes cualificados pueden encontrar un empleo y crecer profesionalmente. Por otro lado, muchas veces, Bratislava, por razones socio culturales, no es sólo una hermana menor entre las capitales europeas que la rodean, sino, una ciudad difícil de representar, poco abierta al diálogo, y  por ende,  una tierra de paso.

Así, utilizando un poco nuestra imaginación, las puertas giratorias de los modernos edificios de las multinacionales que llenan la ciudad, hasta casi el centro histórico, van a ser la metáfora perfecta para representar la percepción común entre la mayoría de los trabajadores extranjeros. Disfrutar de una experiencia de trabajo y marcharse pronto a otro lado.

Por supuesto,  hay ventajas: la cerveza barata (sin tapas, todo hay que decirlo), el estilo de vida simple y por qué no, las fascinantes mujeres eslovacas. Pero,  con todo,  parece que estos aspectos no bastan para hacer de Bratislava un hogar “permanente” para los extranjeros.

Si hacemos memoria, ya en épocas pasadas la historia nos entregó un cuadro similar. Después de las guerras mundiales muchos italianos, españoles y europeos en general se movieron respectivamente hacia Alemania, Francia y América. Aunque con barreras a la integración social se estabilizaban allí donde había trabajo. De hecho, con esta perspectiva, se puede reflexionar sobre la peculiaridad de las sociedades del centro este europeo como lugares  más o menos acogedores. Naciones nacionalistas, anti inmigración, constituidas sobre una identidad lingüística fuerte, como las noticias recientes han confirmado, parecen no estar dispuestas a declinarse por una “mentalidad europea abierta”, sino sólo por la cooperación económica.

Mirando más a fondo, donde la persona puede hacer la diferencia, se puede matizar más la cuestión. De hecho la cultura mediterránea que llevan consigo los trabajadores viajeros tiene un sabor  que puede, seguramente, enriquecer  a los Eslovacos y Bratislava. Aunque esta última sea una capital pequeña,  tiene el encanto de una damisela que atrae mucha atención. La utilidad económica de una capital europea al centro de Europa con el euro, con una vía fluvial de trasporte se transforma también en belleza e ingresos a la vez que muchos turistas residen aquí por la competitividad de los servicios turísticos. Así,  gracias a los turistas y trabajadores extranjeros las calles del centro llenas de vida y de manifestaciones culturales son un verdadero placer. Además Viena, Budapest y Praga están muy cerca.

Muchos dicen que el encanto y el crecimiento de Bratislava, en todo su esplendor, se podrá ver dentro de unos años, cuando la capital eslovaca esté dispuesta a jugar un papel más “europeo”. ¿Cómo lograrlo?

Las estrategias pueden ser múltiples por la antigua Preßburg. Una mejor explotación de los flujos de turistas, mejores planes de integración con los extranjeros, y un uso de los espacios urbanos olvidados. Ejemplo de este último es vía Kapitulska, justo a dos minutos del centro, donde muchos edificios que pertenecían a la iglesia durante el comunismo fueron abandonados. Hasta que no se ponga eso en acción, las diferencias culturales, la dificultad del idioma y los salarios, no tan competitivos como los occidentales, serán percibidos como barreras a la “integración”. Y precisamente esta es  la única variable capaz de generar valor real, que tal y como resalta Matteo Pierabella, analista financiero residente en la ciudad, es lo que cuenta realmente en la sociedad.

Hasta que llegue ese momento, con los eslovacos que temen un cambio de su sociedad monoétnica, quizás necesario, los trabajadores viajeros vuelan hacia esta “hermana menor” con una maleta llena de razones variadas preferiendo moverse otra vez hacia otro lugar después de dos años.

Mientras nos hace gracia ver los trabajadores viajeros como testigos de una transición personal y eslovcca, disfrutemos de una capital “casi” europea y de variada oferta cultural y de ocio siempre a punto para pedir una cerveza, en eslovaco ( o al menos intentarlo) “Prosím si malé pivo”.

Informacion /About Bratislava:   Albrecht House: For the Love of Art

Imagen / OldBratislava

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