Cultura y Sociedad, Literatura 


Branwell, el alma más atormentada de los Brontë

El pasado 26 de junio se cumplía el –bastante discreto- bicentenario del nacimiento de un frustrado, malogrado y relativamente anónimo artista, en comparación con sus archiconocidas hermanas Emily (Wuthering Heights, traducido como Cumbres Borrascosas), Anne (The Tenant of Wildfell Hall, traducido como La inquilina de Wildfell Hall) y Charlotte Brontë (Jane Eyre). Cuarto hijo y único varón de Patrick Brontë (1777–1861) y Maria Branwell Brontë (1783–1821) Patrick Branwell Brontë (26 de junio de 1817 – 24 de septiembre de 1848) creció y recibió educación bajo la tutoría de su padre (1) en la casa de Haworth, donde Patrick Brontë ejercía de párroco.

Según Elisabeth Gaskell, amiga y biógrafa de Charlotte Brönte, los amigos de Mr. Brontë le recomendaron que enviara al muchacho a la escuela, como sus hermanas, pero, haciendo memoria de su propia fuerza de voluntad en su juventud, creyó más apropiado que Branwell se educara con él. De ello resulta sin embargo que, extrañamente, mientras sus hermanas reciben formación específica para ejercer alguna profesión (profesoras o institutrices), Branwell carece de ella.

Ávido lector, extremadamente imaginativo e ingenioso, Patrick Branwell era un niño prometedor y de talento precoz; también muy impulsivo y temperamental. Pronto manifestó su intención de ser poeta o pintor. Con tan solo once años, creó una revista llamada Branwell’s Blackwood’s Magazine, que contenía sus poemas, obrillas teatrales, críticas, historias y diálogos. Este “gusanillo” literario es el que le impulsa a solicitar trabajo en la Blackwood’s Magazine, ofreciéndose como colaborador tras la muerte del escritor James Hogg. Escribe hasta seis arrogantes cartas ofreciendo su colaboración: ninguna tuvo respuesta. Tiene ya dieciocho años y la familia Brontë cree que necesita una profesión. Si ninguna de las hermanas reconoce en sí misma y en las otras el talento que impregna a toda esta peculiar familia, sí son conscientes y están orgullosas del genio e inteligencia de Branwell. Desconocen todavía su afición a los pubs del condado de Yorkshire y a la compañía de sus parroquianos. Le encanta ser popular. Ignora, sin embargo, que se está ganando la dudosa fama de acompañar a cualquier bebedor solitario: según narra Elisabeth Gaskell, el propietario del ‘Black Bull’ preguntaba a los viajeros “¿quiere usted alguien para compartir su botella? Puedo llamar a Patrick Brontë”. (2) Aun así, en el ínterin les hablaba a sus clientes de sus múltiples y extraordinarios talentos, de su inteligencia precoz y su asombroso don de conversación. Era, a su vez, el orgullo de la villa. Su propio padre había frecuentado amistades y compañías semejantes en su juventud, pero, mientras él había tenido la suficiente fuerza de voluntad, seriedad y ambición para alejarse de ellos, el débil carácter de Branwell, en cambio, no le permitía hacer lo mismo.

Pero aún es joven, parece tener todo el destino en sus manos. Está lleno de nobles impulsos y extraordinario talento, aunque no está acostumbrado a resistirse a ninguna tentación salvo por el afecto que siente por su familia, que a su vez cree que se enderezará y será el orgullo de todos gracias a su genialidad y encanto. Es el rey de la casa, el favorito de su tía, único chico entre tres hermanas… Tiene que tener protagonismo en la vida, tiene que “hacer”, mientras que ellas se pueden limitar a “ser”; tiene tanto don de gentes y es tan encantador que nadie se resiste a satisfacer su voluntad y sus caprichos. No deja, pues, de ser también un niño mimado y engreído, que según va creciendo se va haciendo más arrogante y vanidoso, aunque el cariño que sus hermanas sienten por él les ciega de ello: sigue siendo su “ojito derecho”, su esperanza y su orgullo; él es el que ha de traer la gloria al nombre de Brontë.

Él y Charlotte son más menudos que sus hermanas menores. Era, según Gaskell, muy atractivo, de rostro intelectual aunque con cierta expresión de autocomplacencia. Corría suficiente sangre irlandesa por sus venas como para hacerle sincero y genial, y dotarle de una galantería natural, pero también vehemente y fatalista (3).

Habiendo pasado las Brönte a ocupar un lugar destacado en la historia de la literatura anglosajona y universal, era llamativo en la familia el grandísimo interés que tenían por la pintura, (4) más aún cuando la educación que habían recibido por parte de su tía (Ms. Branwell pasó a vivir con ellos tras la muerte de su madre, Maria Branwell Brontë, en 1821) que no pasaría más allá de coser y otras tareas domésticas. (5) Branwell sobresalía también en el difícil arte de la pintura al óleo. De hecho, el retrato más conocido de las hermanas Brontë –el único de las tres en grupo, y que se encuentra en la National Portrait Gallery de Londres- representa a la pequeña Anne, Emily y la mayor, Charlotte, alrededor de una mesa, sosteniendo un libro, las dos primeras separadas de Charlotte por una misteriosa columna. Elisabeth Gaskell menciona este retrato en su biografía de Chalotte Brontë:

«I have seen an oil painting of him [Branwell Brontë] (…) It was a group of his sisters (…) not much better than sign-painting, as to manipulation; but the likenesses were, I should think, admirable. I could only judge of the fidelity with which the other two were depicted, from the striking resemblance to Charlotte (…) Emily’s countenance struck me as full of power; Charlotte of solicitude; Anne’s of tenderness (…) From thence, I should guess his family augured that, if Branwell had but the opportunity, and, alas! Had but the moral qualities, he might turn out a great painter.
The best way of preparing him to become so appeared to be to send him to the Royal Academy
(…) »

(He visto una pintura al óleo suya [de Branwell] (…) Se trata de un grupo de sus hermanas (…) no mucho más que un cartel, en cuanto a su elaboración; pero los parecidos son, diría, admirables. Sólo puedo juzgar la fidelidad de las otras dos desde el asombroso parecido de Charlotte (…) La expresión de Emily tan poderosa, la preocupación de Charlotte, la ternura de Anne (…) De ahí que, me imagino, su familia augurara que, si Branwell tuviera la oportunidad y ¡ojalá! las cualidades morales, podría convertirse en un gran pintor.
La mejor forma de prepararle para ello era, pues, enviarle a la Royal Academy (…) (6)

Efectivamente, en 1835 escribe una carta solicitando su admisión a la Royal Academy of Arts de Londres. Como dice Gaskell, deseaba con inquietud seguir por este camino que, además de asegurarle su carrera como pintor, sobre todo le llevaría a la misteriosa Londres –esa gran Babilonia, según Gaskell- que parecía haber cautivado la imaginación de todos los miembros de esta solitaria familia, y especialmente la de Branwell.

«Poor misguided fellow! –escribe Gaskell- this craving to see London, and that stronger craving after fame, were never to be satisfied. He was to die at the end of a short and blighted life. But this year of 1835, all his home kindred were thinking how they could best forward his views, and how to help him up to the pinnacle where he desired to be (…) These are not the first sisters who have laid their lives as a sacrifice before their brother’s idolized wish. Would to God they might be the last who met with such a miserable return! »

(¡Pobre muchacho desorientado! Este anhelo de ver Londres, y ese aún más fuerte anhelo de fama, nunca llegaron a ser satisfechos. Moriría tras una corta y frustrada vida. Pero en aquel año de 1835, toda su familia andaba pensando en la mejor forma de promover sus expectativas, y cómo ayudarle a alcanzar la cima en la que deseaba estar (…) No son estas las primeras hermanas que sacrifican sus vidas por el deseo idealizado de su hermano. ¡Quiera Dios que fueran las últimas que recibieran tan desdichada respuesta!)

Biógrafos posteriores, en cambio, especulan con la idea de que Branwell en realidad se sentía muy intimidado ante la idea de presentarse en la Academia, hasta el punto de que se ha sugerido la posibilidad de que ni siquiera enviara esa carta ni viajase a Londres. De hecho, según cuenta E. Gaskell, una noche de 1840, la presencia de Branwell es requerida en el Black Bull, el pub de Haworth, para amenizar con su compañía y elocuencia la estancia de un viajero procedente de Londres. Tras hablar largo y tendido sobre la ciudad, detallando sus callejones oscuros, su actividad… al final de la noche el viajero descubre, por propia confesión de Branwell, que jamás ha puesto un pie en la capital.

Según un amigo y posterior biógrafo de la familia, Francis Leyland, el primer trabajo de Branwell fue como ujier en un colegio de Halifax, si bien es mucho más probable que trabajara como retratista en Bradford, entre 1838 y 1839, para posteriormente regresar endeudado a Haworth ese mismo año. En 1840 encuentra un nuevo trabajo en Broughton-in-Furness, una pequeña ciudad comercial de Lancashire. Durante ese tiempo, mantiene correspondencia con sus amigos del pub, cartas que dan testimonio de su escabroso sentido del humor, su arrogancia y su necesidad de ser aceptado en un mundo de hombres (7) Según él mismo cuenta, empezó este trabajo tras una descomunal borrachera en Kendal. Incluso, según otra biógrafa de la familia Brontë, Juliet Barker, en esa misma etapa habría sido padre de un hijo ilegítimo, si bien otros autores consideran que no es más que otra de sus fanfarronadas.

A pesar de todo este desenfreno, Branwell conserva su inquietud literaria, y envía traducciones y poemas a Worswoth, Thomas De Quincey y Hartley Coleridge, quien incluso le invita a su casa y le anima a continuar con su traducción de las Odas de Horacio.

Pero Branwell no dura mucho en ningún trabajo, bebe demasiado, se endeuda…

Tras una nueva estancia en Haworth, en 1843 consigue un nuevo trabajo en Thorp Green, donde su hermana Anne lleva trabajando como institutriz desde 1840, como tutor del hijo del Reverendo Robinson. Todo parece ir bien, permanece en el trabajo más de dos años… Pero, en su correspondencia con sus viejos amigos, Branwell confiesa que se está enamorando de la esposa de Robinson (Lydia, una atractiva y sofisticada mujer, quince años mayor que él) “My mistress is DAMNABLY TOO FOND OF ME” (sic) [la señora está endiabladamente encariñada conmigo] -escribe- y asegura que una noche le ha dejado sobre el pecho un mechón de su cabello. En julio de 1845, Branwell recibe una severa nota de despido en la que se le comunica que su incalificable ‘mal proceder’ ha sido descubierto y se le requiere, salvo pena de divulgación, que cese de inmediato y para siempre cualquier comunicación con cualquier miembro de la familia. Branwell cree que la razón es su affaire con Mrs. Robinson, con quien esperaba en poder casarse tras la muerte del marido de ella. Curiosamente, siguió recibiendo durante varios meses después pequeñas cantidades de dinero, enviadas por la propia Mrs Robinson, probablemente para evitar que Branwell la chantajease de alguna manera. En todo caso, la esperanza de Branwell se quebró tiempo después pues, a pesar de la muerte del Reverendo, Mrs Robinson rechazó casarse con él, debilitado por el alcohol, los opiáceos y las deudas.

Regresa nuevamente a Haworth, donde retoma su vocación literaria e incluso publica algunos poemas en un periódico local bajo el pseudónimo de Northangerland. Pero es un alma frustrada. Mientras sus hermanas conocen el éxito (aunque bajo pseudónimo, publican sus respectivas novelas) él no consigue llevar a término nada de lo que ambicionaba. Su salud y su carácter se van deteriorando.

En julio de 1848, Charlotte escribe:

«Branwell sigue con su conducta habitual. Su constitución está mucho más quebrantada. Papá, y muchas veces alguna de nosotras, pasa noches muy tristes con él. Duerme durante casi todo el día, y consecuentemente pasa las noches en vela ¿No tiene cada familia su adversidad?»

Y en octubre del mismo año:

« Las tres últimas semanas han sido una brecha oscura en nuestro modesto hogar. La salud de Branwell decayó estrepitosamente durante el verano, pero ni él ni los doctores creían que estuviera tan cerca de la muerte. Había guardado reposo diario, sólo estuvo en la villa dos días antes de su muerte. Falleció, tras veinte minutos de lucha, la mañana del domingo 24 de septiembre. Estaba perfectamente consciente hasta su último momento. Su mente había experimentado dos días antes ese peculiar cambio que frecuentemente sobreviene antes de la muerte, lleno de mejores sentimientos, un regreso a su afecto natural marcó sus últimos momentos (…) Una profunda convicción de que al final descansa en paz –merecido descanso tras su breve, errática, sufrida y febril vida- inunda y calma mi espíritu ahora. La despedida final, la palidez de su cadáver, me ha causado un dolor más agudo y amargo de lo que hubiera podido imaginar. Hasta que no llega la última hora, no sabemos cuánto podemos perdonar, compadecer o lamentarnos por un ser querido. Todos sus vicios no son nada ahora. Sólo nos quedan su aflicción (…) »

Tenía 31 años.

La frágil salud de Emily Brontë se agravó tras la muerte de su hermano, y murió en diciembre de ese mismo año. Anne fallecería meses después, en mayo de 1849. Charlotte sobrevivió a sus hermanos hasta marzo de1855.
Su padre, Patrick Brontë sobrevivió a todos sus hijos.

Si se observa con atención la enigmática y casi inquietante columna del retrato de las hermanas Brontë, un misterioso fantasma aparece tras ella: es el mismísimo Branwell, tal como se demostró en 2015 tras sucesivos estudios del cuadro. El grupo tenía en el original una cuarta figura, que Branwell borraría para colocar una columna en su lugar. En qué momento y por qué decidió Branwell eliminar su propia figura del grupo no es fácil de determinar, pero el efecto parece una metáfora de su propia vida: una vida aparte, a la sombra de sus más famosas y exitosas hermanas… pero también una presencia constante en sus vidas, y una fundamental influencia en sus almas.

–o0o–

P. S. The life of Charlotte Brontë, de Elisabeth Gaskell tuvo una excelente acogida desde el principio, y aún en la actualidad se considera la biografía más exacta de la vida de la autora de Jane Ayre y amiga personal de Gaskell. Sin embargo, tuvo que confirmar en The Times en mayo de 1857 que no haría ninguna insinuación ni comentario inapropiado respecto a cierta dama (Mrs Robinson, la “seductora” de Branwell) tras haber sido tachada en la Blackwood’s Magazine de “mero cotilleo y especulación” y ser mencionada en la Edinburgh Review como de dudosa fiabilidad “meramente porque le apetece a cualquier novelista sacar a relucir transgresiones imaginarias u olvidadas”.

_____________________________________________

(1) Sus cinco hermanas, por el contrario, fueron enviadas al Clergy Daughters’ School en Cowan Bridge. De ellas, las mayores, Maria (11) y Elisabeth (10) murieron muy tempranamente en 1825, debido a las duras privaciones que sufrían en la escuela; recuerdo que probablemente inspirara a Charlotte Brontë para Jane Eyre y que marcó la sensibilidad de Branwell, de tan solo ocho años de edad.

(2) Sus vecinos le conocían por Patrick; el nombre de Branwell era sólo para la familia.

(3) Otra descripción física menos amable se refiere a Branwell como “insignificantemente bajo” y “con esa masa de pelo rojo para, me parece, resultar más alto… esos ojos inquisitivos y hundidos más ocultos aún bajo esas gafas que nunca se quita”.

(4) Recordemos, por ejemplo, lo buenas dibujantes que son Jane Eyre o Mrs. Helen Graham (The Tenant of Wildfell Hall)

(5) Mujer de buen carácter y buenas intenciones, era también de ideas limitadas y grandes prejuicios, incapaz de percibir el talento natural y el genio de los niños a su cargo. No le gustaba mucho Yorkshire y tenía un miedo atávico a resfriarse, por lo que en los últimos años de su vida pasaba casi todo el tiempo y tomaba sus comidas en su habitación. Los niños la respetaban, y la tenían cierto afecto y aprecio, pero no un cariño espontáneo y abierto.

(6) Elisabeth Gaskell, The Life of Charlotte Brontë (1857) La traducción al español es mía.

(7) Robert Barnard; Louise Barnard (2013). “Brontë, Patrick Branwell”. A Brontë Encyclopedia. Wiley.

RELACIONADOS