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Botticelli y la llegada de la Primavera

Hablar de la Florencia del Quattrocento supone referirse a uno de los panoramas culturales más fascinantes de toda la Historia. Los artistas florentinos plasmaron en su obra la irrupción de nuevos conceptos filosóficos, propios de la época que se abría paso: la Modernidad. Entre estos pintores destacó Sandro Botticelli (1444-1510). En torno a 1482 realizó la famosa tabla de ‘La alegoría de la Primavera’. Se cree que su comitente fue Lorenzo di Pierfrancesco de Médicis, primo de Lorenzo el Magnífico y miembro menor de esta importantísima familia florentina.

La Primavera de Botticelli

‘Alegoría de la Primavera’ puede admirarse hoy día en la florentina Galería de los Uffizi.

La Primavera está cargada de simbolismo neoplatónico, una corriente de pensamiento que tuvo muchísimos seguidores en la Florencia del momento, entre los que se encontraba el propio Botticelli y sus mecenas los Médicis. La tabla nos muestra nueve personajes mitológicos a tamaño casi natural, toda una revolución temática y formal. Para el neoplatonismo esta obra representa el camino que el alma ha de recorrer en el mundo.

Su descenso a lo carnal o emanatio estaría mostrado a la derecha: el viento Céfiro se lanza a apresar a la ninfa Cloris, de cuya boca aterrada surgen flores que enlazan con las de Flora, personificación de la Primavera. La diosa luce un vistoso vestido y avanza mientras esparce flores que recoge de su regazo.

Flora, Cloris y Céfiro

Flora, diosa de la Primavera, supone el estado avanzado de Cloris, su aceptación del amor (simbolizado con el florecimiento).

El siguiente paso del alma es la raptio o contemplación de la belleza: el alma recuerda su verdadero origen divino. Llegamos al centro del cuadro, dominado por Venus en estado de buena esperanza. Su hijo Cupido dispara flechas de amor hacia Castitas (Pureza), una de las Tres Gracias. No lleva ningún adorno y mira embelesada a Hermes, de quien se ha enamorado. Sus compañeras Pulchritudo (Belleza) y Voluptas (Voluptuosidad) cogen sus manos e inician una danza nupcial. Sus cuerpos son alargados, esbeltos y con el vientre ligeramente hinchado, siguiendo el ideal de belleza del momento.

Finalmente tenemos a Hermes, que simboliza la remeatio o regreso: una vez que el alma ha conocido la belleza puede regresar a su origen tras la muerte. El dios de los mensajeros aparta con su vara la vegetación y deja ver un cielo nocturno; por eso Hermes recibe el nombre de Psicopompos -“guía de almas”-.

Castitas, de espaldas, muestra la mirada del amor.

Castitas, de espaldas, muestra la mirada del amor, mientras sus compañeras enmarcan su figura con las manos.

Emanatio, raptio y remeatio (dar, aceptar y devolver) aluden al ciclo de la vida, al cambio continuo que se experimenta. La llegada de la Primavera suponía el despertar tras el largo letargo del invierno. La mitología nos cuenta que la ninfa Cloris, tras ser apresada por el Céfiro, recibió como regalo de boda un jardín en el que siempre era primavera, convirtiéndose así en Flora. Botticelli nos presenta de esta forma a la misma mujer antes y después de su boda. Flora reina en su jardín junto a Cloris, su yo anterior, acompañada de las Gracias y una tríada divina (Hermes, Venus y Cupido). El tres era uno de los números más importantes para los neoplatónicos.

Estos mensajes ocultos solo podían ser desentrañados por personas de gran cultura, conocedores de temas clásicos y preceptos humanistas. Pero junto a estos simbolismos elevados, Botticelli supo dar a su obra el sabor de una fiesta en honor a la nueva estación, con gracias danzantes, flores por doquier y una divinidad que intenta apartar las nubes invernales que pudieran ensombrecer a la primavera.

Vía| KÖNIG, Eberhard. Los grandes pintores italianos del Renacimiento. Ullmann, Barcelona, 2008

Más Información| DEIMLING, Barbara. Botticelli. Taschen, Madrid, 2007.

Imagen| CuadrosQueVer; 96cartas; Sapere.

Elvira Guerra López Escrito por el mar 23 2013. Archivado bajo Cultura y Sociedad, Patrimonio.





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EDITORA DE LA SECCIÓN PATRIMONIO

Licenciatura en Historia del Arte, 2007-2012, Universidad de León.

Máster de Profesorado, 2012-2013, Universidad de León.

Experto en Conservación Preventiva en Museos y Exposiciones, 2014, Universidad de Alcalá.

Erasmus en Università de la Sapienza, Roma (2009-2010) y Sicue/Séneca en Universidad Complutense, Madrid (2011-2012).

Guía en Museo de San Isidoro de León, 2007-2013.

Voluntaria en el XVII Congreso Mundial UISPP de Prehistoria y Protohistoria, 2014.

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