Historia 


¿Borrachos como boches?

El Jägermeister está en boca de todo el mundo; baja por el gaznate y sube al cerebro. Si lo ha bebido y su cabeza, sin ordenárselo, comienza a describir círculos al ritmo de la Gozadera -y no necesariamente ésta suena en el garito de marras-, téngalo por seguro, casi todo está perdido. Usted ha llegado al punto crítico de la disyuntiva: tirar de emético y huir a casa o echarse otro lingotazo al coleto y que Dios reparta suerte (y el Diablo reconozca a los suyos). Eso sí, aviso para abrevantes, dicen que la última opción suele devenir en alucinaciones que sólo son fructíferas si uno ha visto True Detective o Hannibal y aún no ha comprendido la razón de ser de algunos crímenes y pesadillas…

Si en la encrucijada tomó la segunda salida y al día siguiente, aparte de una resaca de tres pares, tiene la agridulce sensación de haberse amorrado a la fuente del Leteo, no está solo; en Facebook existe una Asociación de Víctimas de este brebaje con casi 70.000 damnificados, que no son pocos…

Pero como este no es foro donde hablar de cogorzas sino de Historia, para diciembre -con amenazantes fiestas en ciernes-, voy a narrarles el resultado de mis pesquisas, de gabinete y campo, acerca de este peculiar licor de hierbas alemán, al que sus fieles conocen por el cariñoso diminutivo de Jäger.

Curiosamente todo empezó con una visión (y eso explica muchas cosas acerca esta pócima teutona). Según la hagiografía medieval, san Huberto (siglos VII-VIII) fue cocinero antes que fraile y un despiadado cazador que se llevaba por delante a todo ser que se le pusiera a tiro, por el simple y puro placer de matar. Sin embargo, como es lógico, tratándose de un gentilhombre de la Iglesia, su modus vivendi pronto habría de cambiar. Un Viernes Santo, en lugar de estar en misa como toda persona de bien, el protagonista de esta leyenda se encontraba en mitad de un bosque, acechando nuevas presas. De pronto, en mitad de la fronda, se le apareció un maravilloso ciervo blanco, mas cuando el acechador se disponía a dar cuenta del animal…sobre su cornamenta -¡oh, prodigio!- se materializó una brillante cruz a la par que una voz, desde la espesura, le conminaba a enmendar sus formas; et voilà, convertido al cristianismo y nombrado, a título póstumo, santo patrón de los que no tienen otra cosa que hacer que pegar tiros a los animales.

Aunque les resulte sorprendente, en rigor hay que decir que este milagro no es tan extraño como aparenta, ya que varios siglos antes, en época de Trajano, el mismo portento también fue observado por un tal Plácido, quien a partir de aquel suceso y la adquisición de su nueva fe pasó a llamarse Eustaquio -san, después de muerto-, al que del mismo modo oran los aficionados a la cinegética y los todos los forestales por extensión (¡Ay, Ártemis!). Quédense con ese ciervo y las pías conversiones…

La historia de esta priva prosigue en época contemporánea, pero con un poco más de certidumbre que estas hablillas de apariciones.

En 1878, el pequeño pueblo de Wolfenbüttel (Baja Sajonia, Alemania) vio nacer un negocio de vinagres y bebidas espirituosas de la mano de Wilhelm Mast. Medio siglo más tarde la empresa seguía en pie, aunque al frente de la misma en aquel momento se hallaba Curt -el hijo del dueño-, quien había tomado el relevo a su progenitor con la firme intención de reimpulsar la fábrica gracias a la creación de un nuevo destilado.

Pero es preciso conocer estos datos en su contexto. En 1934 dicho país promulgó una batería de leyes de caza y debido a su consanguíneo gusto por el orden burocrático se creó la figura oficial para la administración de estos cometidos. Como todos ustedes ya se imaginan, el título de este guardabosques con galones, en Deutsch, se dice Jägermeister, literalmente, ‘Maestro Cazador’. El término, en realidad, no fue de nueva acuñación sino que hundía sus orígenes en el medievo, pero fue resucitado, al igual que otras muchas cosas, debido a aquella nostalgia romántica por todo lo que brillara con el aura añeja del Sacro Imperio Romano Germánico o Primer Reich.

Supongo que a estas alturas de la película ya habrán echado cuentas y, conociendo el paño, adivinan por dónde voy…En 1933 el Partido Nazi ascendió al poder con el nombramiento de Hitler como Canciller, ergo nuevas leyes y rangos, como los mentados con anterioridad. En relación a nuestro negociado interesa saber que el orondo Hermann Göring, como buen aficionado a la caza que era, se reservó para sí el rimbombante título de Reichsjägermeister y de cuando en cuando se dejaba caer por las monterías que se organizaban para los nuevos prohombres de Alemania. ¿Adivinan quién preparaba alguno de estos encuentros y era íntimo del segundo al mando del Tercer Reich? Ja, Wilhelm Mast…

Hermann Göring durante una cacería en Jasnitz (1935) [2MB]

Hermann Göring, Reichsjägermeister, durante una cacería. Aparte de la pose, no dejen de admirar su inapreciable pericia en el arte de la mimetización con el atinado aditamento de las hojas de roble que luce en el tocado.

Llegados a este punto cabe señalar que Wolfenbüttel, el sitio donde nació el célebre bebedizo y aún se produce, fue el primer lugar lejos de Bavaria en el que los nazis instalaron un feudo en la temprana fecha de 1922. Para un hombre de negocios que quisiera hacer fortuna, con la esvástica en la cumbre, o se afiliaba al partido o no tenía nada que hacer (hecho muy bien reflejado en La lista de Schindler). Herr Mast lo hizo en 1933. Un año después sería correspondido con el rango de Jägermeister. Fue en ese preciso momento cuando se enfrascó en la labor de hacer un licor ‘oficial’ para los cazadores alemanes al que pondría el nombre del título recibido.

Tirando de su acervo campestre creó un preparado a base de alcohol puro y 56 ingredientes de origen natural (hoy queda más cool hablar de ‘botánicos’ ecológicos y dotar a esta poción artesana y tradicional con la categoría de ‘Premium’). La cuestión es que gran parte de la receta, aún en la actualidad al igual que la de Coca-Cola, permanece en el más estricto de los secretos y ningún consumidor sabe a ciencia cierta la totalidad de lo que se está metiendo en el cuerpo en cada chupito que bebe (eso sí, seguro que no contiene sangre de cérvido como circula por ahí, aunque al paso que va la nouvelle cuisine…). Proporciones desconocidas de exóticas especias, hierbas, flores, frutas, frutos, maderas, raíces y semillas fueron molidas y mezcladas en la marmita de este Panoramix sajón. El mejunje fue cocido, macerado, destilado, fermentado y envejecido durante un año en barricas de roble del Palatinado antes de filtrarse y envasarse ¡pero no en cualquier botella! porque las de Jäger -faltaría- tienen su propia intrahistoria, iconografía e incluso poética.

jagger

El recipiente de dicho licor, al relacionarse con la cinegética, obviamente tenía que ser verde, como la Madre Natura y la indumentaria prescriptiva de los que se echan al monte. A decir de la página web oficial del producto, Curt Mast testó los recipientes ofrecidos por distintos proveedores arrojándolos desde una altura contra un piso de madera de roble (no dicen si este peculiar y bárbaro examen se hizo en estado de embriaguez; tampoco, como es obvio, se menta cualquier relación de la bebida en el pasado con los nazis, porque no son buenos embajadores…). Un solo ejemplar no estalló y ganó la exclusiva productora.

Lo único que restaba era engalanarla con un emblema llamativo que entrara por los ojos e hiciese salivar. Cualquiera que vea ese prótomo de ciervo y la cruz radiante exclamaría -¡qué extraño, vive Dios!- pero ustedes ya conocen su origen, la leyenda de san Huberto. Y para rematar el asunto, en la orla que ciñe al emblema se decidió poner unos versos decimonónicos, en alemán antiguo y letras góticas, del poema Weidmannsheil, obra del naturalista Oskar von Riesenthal: “Es el honor de un cazador proteger y preservar su juego, cazar caballerosamente y honrar al Creador en su caza”.

El néctar estaba listo para degustarse y en 1935 dio inicio su comercialización, hasta hoy. En origen fue concebido para un brindis, medio dulce/medio amargo, antes y después de cada partida montera. Chinchín. Pero, qué duda cabe, también para sobrellevar mejor los rigores del frío propios de estas latitudes si uno se encontraba en el bosque con la escopeta al hombro y golpear el suelo con los pies no le bastaba; este caldo es un poderoso tonificante de 35°, uno detrás de otro. Más tarde alguien si un Almax en el bolsillo descubrió sus beneficiosas propiedades para el estómago y el que estaba a su lado, falto de caramelillos de toda la vida, apuntó sus virtudes aclarando las vías respiratorias…

Y llegó la Segunda Guerra Mundial y con ella las leyendas urbanas. Se dice que fue utilizado abundantemente por los nazis en el frente como sedante médico e incluso como desinfectante. Pues sí y no. A falta de un suministro de analgésicos y sulfamidas más apropiado, seguro que en alguna ocasión se recurrió al Jäger como genérico, pero no era la regla. Si a un alemán le pegaban un tiro le valdría cualquier ‘agua de fuego’ que tuviera a mano para mitigar el dolor; ibidem con respecto a un líquido para limpiar las heridas. Y si se trataba de beber para envalentonarse o quitar las penas existían cosas con mayor graduación…

Hitler y Göbels

Al Reichsjägermeister le gustaba tanto este licor que pasó a conocerse popularmente como ‘Göring-Schnapps’ y su consumo se extendió entre las alas jerarquías del régimen fascista y el ejército a modo de comunión. En esta ilustración satírica le vemos encaminado a beberse un pelotazo –Prost!– ante un escandalizado Führer al que le han brotado las astas del ciervo de san Huberto. En un prurito de ortodoxia iconográfica hay que señalar un error en la estampa, Hitler -aparte de psicópata, vegetariano y no fumador- era abstemio. Eso sí, no tenía reparos en drogarse con un variado cóctel de estimulantes y barbitúricos…e incluso se dice que le inyectaban testosterona antes de sus encuentros con Frau Braun (!)

 

Una vez terminado el conflicto bélico con la rendición incondicional de Alemania, Curt Mast fue llamado a capítulo por la autoridad militar británica para que explicase sus vínculos con el Partido Nazi. Como tantos otros alegó que nunca fue muy vehemente en su ejercicio ni gozó de plenos derechos y fue eximido de juicio (alguno, que formó parte de las Juventudes Hitlerianas, llegó hasta al solio pontificio…). Pasado un tiempo, el cazador y creador de Jägermeister -al igual que san Huberto- recondujo su vida y militancias políticas hallando la redención en las filas de la Unión Demócrata Cristina y llegó hasta el Parlamento…Pelillos a la mar.

Paul Breitner con la camiseta del Eintracht Braunschweig

Y hablando de pelo, el último hecho histórico -menos oscuro y jugoso- que merece la pena señalar en relación a esta bebida es que su nombre y logo fue el primer sponsor que se publicitó en una camiseta de fútbol. En 1973, una vez muerto Curt y estando el negocio en manos de su sobrino Günter, la marca patrocinó al Eintracht Braunschweig de la Bundesliga. Como es bien sabido, el alcohol y el deporte no forman un maridaje apropiado y quizá por ello este equipo nunca ha hecho algo muy meritorio, aunque en sus filas llegó a jugar una temporada Paul Breitner (en la foto), ex del Real Madrid y campeón del mundo en 1974. Desde aquel entonces, la imagen del icónico ciervo fue propagándose y hoy día no hace falta ser muy tabernario para identificarlo enseguida con el famoso licor de hierbas alemán…

Si en las peligrosas fiestas que se avecinan entra en un bar y un ciervo luminoso le hace ojitos, ya sabe de qué va la cosa. Si como práctica histórica se decide a probar la bebida de moda -tanto de hipsters como de rocknrollas– pida que se lo sirvan directamente de su reglamentaria Tap Machine, la nevera oficial donde se mantiene y dispensa a -18° de temperatura, en un vaso escarchado. Si prefiere experimentar en casa (cerca de la cama), guarde previamente la botella en el congelador, junto a las croquetas. Pero Achtung!, aparte de su historia, tenga en cuenta algunas cosas…

1.-En la actualidad los propios alemanes, haciendo un juego de palabras homofónico, llaman escarmentados a este bebercio ‘Leberkleister’, lo cual viene a significar ‘pegamento hepático’; ahí queda eso…

2.-Meter un chupito dentro de un vaso de Red-Bull -lo que viene a llamarse Jägerbomb-, es lo que su propio nombre indica y una mala idea. Tenga en cuenta que el alcohol es un depresivo del sistema nervioso y las bebidas energéticas justo lo contario y será su estómago el campo de esta batalla antagónica (el borracho de Göring lo mezclaba con morfina, su otra gran ‘afición’, y ya saben cómo acabó). Procure evitar también su mezcla con Kahlua, vodka, y granadina, a este cóctel se le conoce como Widow-Maker

3.-Si, avatares de la noche, da con sus huesos en una juerga de esta marca, no deje de observar que las Jägerettes -normalmente pelirrojas- ofrecen los shots en probetas de 2 cl. Recuerde que no se conocen todos los ingredientes que lleva esta bebida y que esos recipientes son, en origen, tubos de ensayo…

¡Ah! y por cierto…lo de beberlo y ‘salir de caza’ de amores de barra hace tiempo que dejó de ser trend. No lo intente si no quiere que le llamen demodé.

Pero vaya, no se asuste. Yo, que he probado el Jägermeister -siempre con un sentido estrictamente científico-, puedo afirmar que no es para tanto como se dice y les aseguro que su consumo no es peligroso, a menos que la ingesta se realice simultáneamente con una audición de La cabalgata de las Valkirias, se tengan algunas divisiones Panzer a mano y pretensiones sobre el corredor de Danzig…

A Javier Segura Górriz, Brother in Arms.

Vía| CAPEÁNS, J., “Anestesiados por los chupitos de Jägermeister”, La Voz de Galicia, 18 de octubre de 2014; CRIADO, M. Á., “La ciencia del Jägermeister, un licor de 56 hierbas y mucho marketing”, El País, 12 de agosto de 2015; DÍAZ, D., “Jägermeister: Historias para perder la memoria”, El País, 10 de agosto de 2015; HERNÁNDEZ, J., “Jagërmeister: El chupito de Göring”, ¡Es la guerra! Blog sobre la Segunda Guerra Mundial; IGLESIAS, D., “El licor que revolucionó el fútbol”, El Mundo, 29 de octubre de 2015; MARÍN, H., “Viaje a los cuarteles generales del Jägermeister”, El Mundo, 23 de junio de 2015; MATISSE, N., “How Nazis and WWII Changed Cocktails Forever”, Paste Magazine, 30 de julio de 2015; MELCHOR, V., “Una bebida de moda que los nazis usaron como anestésico”, El Correo, 5 de mayo de 2014; PIERCY, J., Slippery Tipples: A Guide to Weird and Wonderful Spirits and Liqueurs, Stroud, The History Press, 2010; RUÍZ JIMÉNEZ, E., “El extraño licor que conquista a la juventud”, El País, 28 de junio de 2015; SANTI, A., “¿Qué es el Jägermeister? Licor alemán originado de una leyenda”, Verema. Blog de licores y destilados; SANTOS MOYA, A., “Jägermeister: el «anestésico» utilizado por las tropas de Hitler que causa furor en las discotecas españolas”, ABC, 30 de abril de 2014; Ibidem, Jägermeister, el licor alemán que marcó un antes y un después en la historia del fútbol, ABC, 4 de julio de 2014. Don Fabian Riebschläger tuvo la gentileza de matizarme algunos detalles de la traducción del poema de la etiqueta que circula por internet.

Más información| Página web oficial: http://www.jagermeister.es/es-es/home/.

Imágenes| Logo; Hermann Göring, cazador; Botella; Hitler y Göring; Paul Breitner.

En QAH| Las drogas y el alcohol en la Prehistoria; Historia económica del Brandy; Carrie Nation y su lucha contra el alcohol.

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