Historia 


Borodino, ¡mi Imperio por un resfriado!

Napoleón cerca de Borodino. Vasiliy V. Vereshagin, 1897.

Napoleón cerca de Borodino. Vasiliy V. Vereshagin, 1897.

William Cowper escribió “La guerra es un juego de reyes, si sus súbditos fueran inteligentes, no jugarían más”, pero en Borodino, el 7 de septiembre de 1812, se vieron cara a cara dos Imperios. La Grande Armée, del todavía invencible pequeño gran corso, frente a los ejércitos del zar Alejandro I, comandados por el mariscal Mijaíl Kutúzov. Dos gigantes. Guerra y paz.

En la primavera de 1812, Bonaparte, teniendo ya demasiados frentes abiertos, inició, con el ejército más grande jamás formado hasta la fecha (más de 500.000 hombres), la famosa Campaña Rusa, dispuesto a imponer otra vez los intereses de Francia en Europa. El zar, de ideas propias, recientemente había desoído la orden de bloqueo continental impuesto a Gran Bretaña –casus belli– y su homólogo francés se dirigía hacia Oriente para enmendar la plana al levantisco. Es de Napoleón aquella frase que reza: “en la guerra, como en el amor, para acabar es necesario verse de cerca”.

El encuentro armado se dio, tal día como mañana hace 201 años, en las proximidades de la aldea de Borodino, junto al río Moskva, a poco más de 100 Km al Oeste de Moscú. Al comienzo, la estrategia seguida por los rusos fue de tierra quemada. En lugar de hacer frente defendiendo la frontera polaca, decidieron replegarse hacia el interior a una posición más ventajosa…mientras, la luenga serpiente de Grande Armée se desangraba en un incesante goteo de bajas, deserciones y problemas de abastecimiento. En un terreno con un flanco guarnecido por el río, otro por un bosque y el centro elevado de un kurgán que ocultaba las reservas, todo debidamente reforzado con reductos artilleros, Rusia, tras algunas escaramuzas, plantó cara al invasor.

La batalla de Moscú (Borodino). Louis-François Lejeune, 1822.

La batalla de Moscú (Borodino). Louis-François Lejeune, 1822.

Napoleón, pagado de sí mismo, subestimó a su enemigo. Deseaba una victoria rápida que postrase al zar a sus pies y en Borodino, dejándose de sus habituales añagazas, puso toda la carne en el asador en un simple ataque frontal. Dragones, coraceros, húsares…más de 100.000 soldados por cada bando, así como cientos de cañones, se dieron los buenos días con una atronadora lluvia de plomo y metralla. Tras una breve maniobra de distracción envolvente, el mariscal Murat, al son de los tambores, envistió de pleno contra el centro de las líneas rusas ¡carga a espada y bayoneta! Las posiciones zaristas caen pero enseguida se contraatacan y la artillería gabacha ha de frenar la ofensiva escupiendo toneladas de hierro que fuerzan un nuevo repliegue. Y hete aquí una de las decisiones militares más discutidas de la Historia. Teniendo la batalla en su mano, Napoleón, con el as en la manga de la Guardia Imperial intacta, la ata en corto permitiendo la huida del enemigo hacia Moscú (se dice que aquel día, Bonaparte, sufría un fortísimo resfriado y no presenció la batalla desde dentro, razón por la cual, no pudo ver con sus propios ojos la posibilidad que se le ofrecía de aniquilar al contrincante y, probablemente, doblegar a Rusia).

Aunque la cuenta del carnicero aún no está clara, la victoria pírrica de Borodino figura en los anales como uno de los mayores exterminios de tropas en una sola jornada. Napoleón “ganó” la batalla y una Moscú desierta y en llamas. En octubre, con el rabo entre las piernas y sin haber cumplido su objetivo, inició la penosísima retirada que, a la postre, le costaría el Imperio.

El General Invierno, que todo lo vio, ya se frotaba las manos, relamiéndose…

 

Más Información| HAYTHORNTHWAITE, P., DENNIS, P., Borodino 1812. Napoleon’s great gamble, Oxford, Osprey, 2012; HOURTOULLE, F.G., JOUINEAU, A., La Moskowa. Borodino. La Bataille des Redoutes, Paris, Histoire & collections, 2000.

Imagen| AllPosters; WahooArt

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