Patrimonio 


Los biombos novohispanos en tres continentes

El comercio marítimo transoceánico en época moderna marcó el origen del actual mundo globalizado no sólo a nivel económico sino también cultural. La llegada de cientos de galeones venidos de todas partes del mundo conocido con pasajeros, obras y productos desconocidos hasta el momento, iniciaron un proceso de eclecticismo que tiene su reflejo en las artes.

En este sentido, los biombos novohispanos jugaron un importante papel como manifestación de un nuevo gusto en las artes. Estos biombos fueron considerados productos de lujo por las nuevas élites surgidas de la conquista americana, que sustituirían a los costosos tapices flamencos de las cortes europeas en los palacios, principalmente, de Nueva España. Se trata de muebles pintados de origen asiático que se utilizaban de manera práctica para dividir espacios en los grandes salones.

Su llegada al continente americano fue gracias a la Nao de la China, o mayormente conocida, como el Galeón de Manila que cubría la ruta entre Oriente a través de Filipinas, los puertos de Nueva España y finalmente Sevilla, desde donde llegaban sus pasajeros y productos al resto de Europa. No era la única ruta por la que estos productos u obras, como los biombos, de origen asiático llegaban a América u Occidente. También los barcos portugueses cubrían las rutas desde Macao, Nagasaki o Goa hasta el puerto de Cavite en Manila.

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Biombo novohispano del siglo XVII. Museo de América, Madrid.

Las relaciones diplomáticas entre Japón y Manila se establecen a partir de 1611 cuando el antiguo gobernador de Filipinas, Rodrigo de Vivero tras acabar su mandato y dirigiéndose rumbo a México, naufraga tras una tempestad en Japón. El shogun Ieyasu le ofrece un buque con una veintena de japoneses como tripulación. Al frente se encontraba Tanaka Shosuke, primer embajador nipón enviado al virreinato. Entre los regalos que se intercambiaron se encontraban cinco de estos biombos de origen japonés, estableciéndose desde entonces un interés por poseer estos objetos de prestigio entre las ricas familias novohispanas.

Los altos gastos de producción, transporte y venta de estos biombos chinos y japoneses, favorecieron su manufactura en serie, aunque no de exportación, perdiéndose cierta exclusividad fuera del circuito diplomático. Se ha relacionado con el arte namban en Japón, mientras que en China existe poca documentación sobre su verdadero origen. Estos biombos “achinados” acentuaban las particularidades de su estilo con temas de gusto occidental.

Estas dos formas de producción asiática promovieron su manufactura local en Nueva España, pero también en el resto de virreinatos, exportándose tanto a Asía como Europa. Se trataba de biombos más baratos. Su producción se extiende a Perú, Guatemala o Colombia, siempre adaptándose al gusto local y la identidad novohispana que buscaba emparentarse con su ascendencia española, pero ligándose a su lugar de origen en el continente americano.

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Biombo de la ciudad de México del siglo XVIII. Museo Franz Mayer, México.

Los temas más representativos eran las vistas de ciudades como “El biombo de la ciudad de México” del XVIII conservado en el Museo Franz Mayer o “El palacio de los virreyes de México” en el Museo de América de Madrid. Era frecuente que aparecieran las Casas Reales de Chapultepec, donde esperaban los virreyes a hacer su entrada triunfal, la Catedral, la Plaza Mayor, el hospital, los mercados, las principales Iglesias y Conventos, fuentes, y por supuesto, la Alameda. Muchos de estos sitios venían acompañados de números y leyendas, ya que los biombos eran además regalos para el nuevo virrey o altos funcionarios recién llegados a esta ciudad que iban a gobernar, pero que era desconocida para ellos. De esta manera se hace alarde del orgullo cívico de la prestigiosa oligarquía novohispana.

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Biombo del Palacio de los Virreyes de México. Museo de América, Madrid.

La temática costumbrista con carácter pintoresco y folclórico representaba los intereses de la clase alta, frente a los advenedizos que acababan de llegar y cuyos antepasados no habían tomado parte en ninguna de las guerras americanas que se sucedieron tras la conquista. Frente a estos temas populares como “El palo volador” también tenemos los de la propia élite en escenas paseando en barcas a Iztacalco o carruajes por la Alameda como vemos en el “Palacio de los virreyes de México”.

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Biombo con desposorio indígena y palo volador (1690). LACMA, Los Ángeles.

También aparecen temas mitológicos como herencia de la tradición clásica europea en el biombo de “Meleagro y Atalanta ofreciendo a Diana la cabeza del Jabalí de Caledonia” de 1750 o “Las artes liberales” de Juan Correa, temas literarios con escenas de Don Quijote de la Mancha, históricos como el biombo de “El encuentro entre Cortés y Moctezuma” o de evangelización en “Las cuatro partes del mundo” también de Juan Correa, en donde Carlos II aparece representado como Europa, como muestra de autoridad en sus territorios transoceánicos.

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Biombo de las cuatro partes del mundo de finales del XVII. Juan Correa. Museo Soumaya, México.

Estos biombos llegaron a España como producto de lujo del Galeón de Manila para adornar las estancias de importantes miembros del Consejo de Indias, la Casa de la Contratación o el Consulado, pero también de la corona y la nobleza. Carlos II según el inventario del Palacio Real de Madrid poseía un biombo de nueve hojas, Isabel de Farnesio dos biombos de “charol y nácar con pintura china” y Carlos III varios de ellos.

Este gusto por los biombos novohispanos era paralelo a las relaciones con el comercio del Pacífico que trajo a la corte de Felipe II a la Embajada Tenshō que partió desde Nagasaki con el jesuita Alejandro Valignano en 1582. Entre los regalos había un biombo para el monarca y otro para el Papa Gregorio XIII a su paso por Roma.

En su viaje por estas rutas, los biombos novoshispanos representan la síntesis del gusto cosmopolita y global de tres continentes que tienen su encrucijada en América. Las barreras para el arte se ven minimizadas por un mundo interconectado desde época moderna hasta nuestros días.

Vía|Carballo, Manuel. El biombo de los cuatro continentes. México: Editorial Jus, 1975. / Baena Zapatero, Alberto. “Un ejemplo de mundialización: el movimiento de biombos desde el Pacífico hasta el Atlántico (s. XVII- XVIII)”. Anuario de Estudios Americanos, Vol 69, Nº 1, 2012.

Más información| Leroy, Iván. Viento detenido, mitologías e historias en el arte del biombo. México: Ed. Museo de Soumaya, 1999

Imagen| Museo de América Museo Franz Mayer Museo de América LACMA Wikipedia

En QAH| El arte plumario de la América prehispánica y virreinal El japonismo en España: Mariano Fortuny

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