Historia 


Bigotudos, borrachos, pendencieros y mujeriegos: Los Húsares de Napoleón

Durante las Guerras Napoleónicas es posible que se hubiera alcanzado el máximo cénit de la elegancia masculina en la uniformología militar así como un extremo refinamiento de modales entre la oficialidad, sin embargo, los regimientos de caballería destacaban por el ser el último baluarte de los hombres recios y rudos que mejor representaban una Europa convulsionada por años de guerras.

Vive l'Emperateur, cuadro de Éduard Detaille donde representa una carga del 5ºde Húsares en

Vive l’Emperateur!, cuadro de Édouard Detaille donde representa una carga del 4º de Húsares en Friedland.

Entre las múltiples unidades de caballería de línea de L’Emperateur, que se diferenciaban según su función, equipamiento y características de sus integrantes, podían distinguirse particularmente tres: la caballería pesada de coraceros y carabineros, la caballería media de dragones –algunos la consideran pesada– y lanceros, y por último la caballería ligera de cazadores y húsares. Especial consideración merecen estos últimos debido a sus comportamientos poco protocolarios y decorosos tanto dentro como fuera del campo de batalla.

Los primeros regimientos de húsares fueron reclutados en la Hungría del Rey Matías Corvino en 1485 para combatir las tropas jenízaras del Imperio Otomano que amenazaban con invadir Europa oriental hasta las puertas de Viena. El término para denominar a estas unidades de caballería ligera proviene del húngaro huszár que a su vez emana de husz que significa 20 en este idioma, por lo que es fácil suponer que los primeros escuadrones de húsares húngaros estaban formados por una veintena de jinetes. Por otra parte, su plural huszárok también podría significar “abanderados del gran camino” que denotaría su consideración como tropas de élite del ejército húngaro en aquellos años. Sea como fuere, las técnicas de combate, equipamiento y funciones de los iniciales húsares fueron rápidamente copiadas y adoptadas por la mayoría de estados europeos en los siguientes siglos, siendo especialmente representativos los húsares alados polacos y los húsares de la muerte prusianos. A su vez, el sable tradicional de los húsares húngaros –de característica hoja curva y con guarda cuadrada– rápidamente se convirtió en el arma de mano por excelencia de los jinetes de caballería ligera, considerándose todo un hito militar en las Guerras Napoleónicas.

Uniformes de húsares en 1812 y 1808

Uniformes de húsares en 1812 y 1808

Sin embargo, y aunque Federico el Grande de Prusia los utilizó en la Guerra de Sucesión Austriaca contra las tropas rusas y austriacas; al igual que los británicos tuvieron regimientos de húsares mercenarios de Hesse durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América hacia 1780; éstos alcanzaron su máximo exponente de uso durante las campañas europeas de Napoleón Bonaparte y fue en la Grande Armée donde se hicieron notorios y reconocibles por todos, llegando a contarse 15 regimientos de húsares.

Las más antiguas tradiciones de los húsares húngaros como lo fueron el sable, los vistosos uniformes à la hongroise y el impetuoso carácter junto con el clásico bigote rizado fueron adoptados sin miramientos en la caballería francesa y hechos suyos. De la misma forma, se mantuvieron las funciones propias de las compañías de húsares que iban desde misiones de reconocimiento e inteligencia haciendo incursiones en territorio enemigo para observar los movimientos y número de tropas hostiles, a contrainteligencia dando caza a la caballería ligera enemiga. De hecho, se podría decir que eran los ojos y oídos de Napoleón ya que ejercían como pantallas del ejército y como mensajeros para tener bien informados a los oficiales superiores del Estado Mayor francés, lo que les permitía ir varios pasos por delante de las tendencias tácticas enemigas que finalmente se traducía en victorias seguras. En batalla,  su función consistía en hostigar continuamente y sin descanso al enemigo, complicar considerablemente sus movimientos organizados, apoderarse de las baterías de artillería enemiga o perseguir a las tropas en retirada. Durante la campaña antes de los combates y en las ciudades ocupadas, los húsares eran usados como una fuerza de represión y aprovisionamiento para el ejército en marcha y a menudo solían causar incidentes y altercados contra la población civil a causa de su peculiar e incívico comportamiento.

Sable de oficial de húsares

Sable característico de oficial de húsares.

Con respecto a su uniforme, son reconocibles además del sable que cuelga, a diferencia de otras unidades de caballería, muy por debajo de la cintura y las correas que lo sostienen unido al portapliegos –un zurrón pequeño para llevar las órdenes o información importante que además va decorado con la enseña del regimiento–, el chacó o csákó característico adornado con un pompón o una pluma frontal –entre 1808 y 1812 llevaban pluma mientras que hacia 1815 pompón–, las botas húngaras y como summum la pelliza sobre el hombro no dominante que hacía las veces de protección en el combate.

Gen. Charles-Antoine Lasalle liderando una carga de caballería

Gen. Charles-Antoine Lasalle liderando una carga de caballería

Si bien los uniformes en esta época eran bien diferenciados y típicamente reconocibles, un hombre en vestimenta civil no movilizado era fácilmente confundible siendo prácticamente solo la envergadura lo que permitiría incluirlo en una u otra unidad –ya que los coraceros solían ser más recios y altos, por encima del 1,80m; mientras los dragones rondaban el 1,75m; y en último lugar debido a su ligereza los húsares donde solo era exigible un 1,70m y a veces únicamente un 1,65m para pertenecer a la compañía–. Ahora bien, altura aparte, un húsar era notorio a metros de distancia: el bigote rizado, el porte arrogante y las trenzas en el pelo eran tan genuinas y características que resultaba materialmente imposible confundirlo con otro tipo de soldado.

Pero si algo los hacía identificables era su conocida reputación de ser los más apuestos, ingobernables y aventureros entre todos los soldados del cuerpo del ejército de la Grande Armée. De hecho, la imagen tradicional del húsar, representada específicamente en la figura del General Charles-Antoine de Lasalle, es de un hombre bebedor, incontrolable, mujeriego, pendenciero, duelista y bigotudo imprudente. El arquetipo de valiente fanfarrón resume a la perfección el modo de vida de los húsares. No en vano, Lasalle es recordado por romper siete sables durante una batalla y perder dos de sus mejores monturas y seguir combatiendo; y que a su vuelta a París fundó la Société des Assoiffés –Sociedad de los Sedientos– que escandalizó a toda la alta sociedad parisina por sus fiestas salvajes, salvo a Napoleón que sería condescendiente con su joven y prometedor oficial comentando simplemente que la idea “se le pasaría en la próxima batalla”. En su nombramiento como comandante del 10º de Húsares pronunció su famoso: “Todo húsar que no haya muerto a la edad de 30 años, es un canalla.” Lasalle murió en la batalla de Wagram a la edad de 34 años.

Escena de la película Los Duelistas, de Ridley Scott, que muestra la vida de dos oficiales de húsares y su forma de vida.

Escena de la película Los Duelistas (1977), de Ridley Scott, que muestra la vida de dos oficiales de húsares y su estilo de vida.

Curiosamente y de forma anecdótica, en francés todavía se conservan vestigios y referencias a sus valientes húsares como por ejemplo en la locución faire (quelque-chose) à la hussarde que significa realizar algo impetuosamente y sin contemplaciones, o también en vivre à la hussarde algo así como vivir del pillaje y sumido en farras perpetuamente.

Nota: Imprescindible la película Los Duelistas, de Ridley Scott, que retrata a la perfección a los húsares.

https://youtu.be/l2KWTEhyVX8

Vía|François Guy Hourtoulle, Le Général Comte Charles Lasalle, 1775–1809, Copernic (1979).

Imágenes|Vive, Uniformes, Sable, Lasalle, Duelistas

Vídeo|YouTube: the duellists (1977) – second duel

En QAH| De la Revolución al Imperio: Napoleón y la nobleza imperial

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