Cultura y Sociedad 


Bertrand Russell, el filósofo activista y pacifista

El 18 de febrero de 1961, el movimiento CND (Campaign for Nuclear Disarmament –Campaña para el Desarme Nuclear- y creadora original del emblema por la paz que todos conocemos (1)) fundado en 1957, convoca una marcha pacifista que terminaría con una sentada en la celebérrima Trafalgar Square de Londres. No era la primera pues, de hecho, entre 1959 y 1965 se organizaron varias manifestaciones con origen en el Atomic Weapons Stablishment en Aldermaston (Berkshire) y finalización en Trafalgar Square. En los años 50, el Reino Unido se había convertido en la tercera potencia nuclear, lo cual generó un enérgico movimiento pacifista en contra (2). Poco tendría de particular esta manifestación, si no fuera porque en su encabezamiento lideraba la marcha nada menos que un más que respetable Premio Nobel con sus 89 años: el filósofo, ensayista, matemático, escritor… Bertrand Russell. (3)

Aquel adolescente solitario, que incluso contempló el suicidio como alternativa a su soledad, y que encontraba en la lectura de Percy Bysshe Shelley su único consuelo (“I spent all my spare time reading him, and learning him by heart, knowing no one to whom I could speak of what I thought or felt, I used to reflect how wonderful it would have been to know Shelley, and to wonder whether I should meet any live human being with whom I should feel so much sympathy“)(4), comenzó a salir de su ostracismo (¡y vaya si saldría tantos años después!) cuando su hermano Frank le presentó los trabajos de Euclides, lo cual cambiaría definitivamente su vida, pasando a la historia –entre otras muchas facetas suyas nada desdeñables- como fundador de la Filosofía Analítica, y una de las personalidades más brillantes del siglo XX.

Tampoco debería resultar completamente extraña su participación en aquella sentada en Trafalgar Square, ya que Bertrand Arthur William Russell –nacido en 1872 en el seno de una de las más eminentes familias de la aristocracia británica, Tercer Conde Russell- manifestó desde muy joven una inquieta y activa rebeldía contra cualquier acto o significado de guerra. De hecho, ya durante la I Guerra Mundial, Russell fue uno de los primeros en liderar el movimiento pacifista en Gran Bretaña, llegando a ser despedido del Trinity College por suscribir, y mantenerse firme en su defensa, el Defence of the Realm Act, un manifiesto redactado apenas unos días después de que el Reino Unido firmase la declaración de guerra. Personajes como Willie Gallacher, John William Muir, y el propio Bertrand Russell fueron enviados a prisión.

Es conocida la anécdota en la que, durante el King’s Birthday Honours de 1949, Russell fue condecorado con la Orden al Mérito del Reino Unido, durante cuya ceremonia Jorge VI, amable pero algo apurado por condecorar a un “ex presidiario”, le dijo: “En ocasiones se ha comportado usted de una forma un tanto inapropiada”, a lo que Russell respondió: “Precisamente, al igual que su hermano”. (5)

De su incesante actividad pacifista se conoce igualmente su rechazo a la Guerra de Vietnam, a la Crisis del Canal de Suez de 1956 (en lo que Russell denominaba un Imperialismo Europeo sobre Oriente Medio) o la Revolución Húngara. Y surge también, el 9 de julio de 1955 -en plena Guerra Fría- el denominado Manifiesto Russell-Einstein, documento en pro del desarme nuclear que, por iniciativa de ambos, fue suscrito por los físicos e intelectuales más relevantes de aquella década. En él se exponían los peligros que supondrían las armas nucleares, y se hacía un llamamiento a los líderes mundiales para que encontrasen soluciones pacíficas a todos los conflictos. El Manifiesto Russell-Einstein dio lugar más adelante, en julio de 1957, al Congreso Científico Internacional llamado Pugwash Conferences on Science and World Affairs, haciendo énfasis en la necesidad de que todas las conferencias fueran políticamente neutrales.

Russell comenzó su conferencia diciendo:

I am bringing the warning pronounced by the signatories to the notice of all the powerful Governments of the world in the earnest hope that they may agree to allow their citizens to survive.
(6)

Si bien, de todo lo que allí se dijo, una frase del físico polaco Sir Joseph (Józef) Rotblat resultó en lema del Congreso para la posteridad:

Remember your humanity, and forget the rest.

Desde 1965, The Pugwash Conferences on Science and World Affairs se convirtió en una Organización Internacional que reúne a notables investigadores e intelectuales que trabajan por reducir el peligro que supone cualquier conflicto armado y por hallar soluciones a las amenazas contra la seguridad global, y promovió la creación de la International Foundation for Science “con el fin de abordar las condiciones asfixiantes en las que los profesores más jóvenes en las universidades de los países en desarrollo tratan de ejercer su labor de investigación” y otorga ayudas a jóvenes científicos de países desfavorecidos que trabajan en biología y en la búsqueda de recursos naturales de agua.

Sir Joseph Rotblat, en calidad de Secretario General de la Conferencia, junto con el pleno de The Pugwash Conferences, recibieron el Premio Nobel de la Paz en 1995.

Pero el activismo político y social de Russell no acaba aquí. Durante toda su larga y prolífica vida, dedicó ímprobos esfuerzos en favor de cualquier causa justa (desde la igualdad de las mujeres hasta los derechos de los homosexuales) participando en numerosos actos –con sentadas incluidas, si fuera necesario- firmando manifiestos o escribiendo personalmente a los grandes líderes políticos.

Bertrand Russell abogaba por una “sociedad científica”, donde la guerra fuese abolida y la prosperidad fuera universal y compartida. En su lucha por la paz, para Russell, la única cosa que puede redimir a la Humanidad es la cooperación.

El autor de La Conquista de la Felicidad (The Conquest of Happiness) – no se resistan a leer esta joya- resume en su autobiografía su proyecto vital:

Tres pasiones simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.
He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Eso era lo que buscaba y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.
Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.
El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.
Esta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad.

(Autobiografía, 1967-1969)

Bertrand Russell murió plenamente lúcido en Plas Penrhyn, su casa de Penrhyndeudraeth, Merionethshire (Gales), el 2 de febrero de 1970, a los 98 años de edad.

_______________________

(1) Diseñado por el artista Gerald Holtom en 1958

(2) Un importante detonante para ello fue el editorial publicado en The New Statesman por el novelista John Boynton Priestley, en el que decía: “(…) Ahora que Gran Bretaña ha divulgado mundialmente que tiene la Bomba-H, debería igualmente anunciar lo antes posible que ahora que se ha hecho con ella, piensa renunciar, en cualquier circunstancia, a una guerra nuclear.”

(3) El Premio Nobel de Literatura le fue concedido en 1950

(4) “Pasaba todo mi tiempo libre leyéndole, aprendiendo de él de corazón, al no conocer a nadie a quien pudiese hablar de lo que pensaba o sentía, me acostumbré a reflexionar sobre lo maravilloso que hubiera sido conocer a Shelley, y a preguntarme si encontraría algún alma humana viva con quien pudiera sentir tanta empatía”

(5) Es sabido que Jorge VI ascendió al trono a consecuencia de la abdicación de su hermano, Eduardo VIII, en favor de su relación con la estadounidense y dos veces divorciada Wallis Simpson.

(6) “Traigo el pronunciamiento de todos los signatarios alertando a todos los Gobiernos más poderosos del mundo con la más vehemente esperanza de que acuerden permitir la supervivencia a sus ciudadanos.”

NOTA: Todas las traducciones son mías.

_________________________

Vía:
Russell, B.: The Conquest of Happiness Ed. The Routledge Classics, 2006
Russell, B.: Autobiography Ed. The Routledge Classics, 2009
Russell, B.: What I Believe Ed. The Routledge Classics, 2004
Russell, B.: Unpopular Essays Ed. The Routledge Classics, 2009
Russell, B.: Power: A New Social Analysis Ed. The Routledge Classics, 2009

Imagen:
Russell (centre) alongside his wife Edith, leading a CND anti-nuclear march in London, 18 February 1961.

RELACIONADOS