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Benditas malas noticias

“Las grandes oportunidades en la vida suelen venir disfrazadas de malas noticias”

La frase la recogí en Twitter, el medio de comunicación con hasta el momento más libertad y menos influencia que existe, escrita por Risto Mejide. Desconozco si es cosecha propia o no. Es lo de menos, a mí me dio mucha información.

Mis 2 últimas semanas no han sido demasiado positivas. Esto es, no han recogido buenas noticias de esas que hacen que amanezcas con una sonrisa cada mañana. Más bien son de esas que hacen que te preguntes qué estás haciendo realmente con tu vida, si no estas perdiendo el tiempo invirtiendo en el Sistema, siguiendo la corriente. Reflexionas sobre si realmente existe la posibilidad de luchar contracorriente o es mejor dejarse llevar y asumir que este río de tu vida se encuentra abocado de una u otra manera a acabar en el mar.

 Lo más relevante de las malas noticias es que te hacen pensar y eso, como escribí en un post hace un tiempo, es algo a lo que las personas nos hemos desacostumbrado a hacer.

 En el sensacional speech de Un Domingo Cualquiera, película de culto para todo aquel que la ha visto, se recoge lo siguiente: “Cuando te vuelves viejo se empiezan a perder cosas, es parte de la vida. Pero, tú solo aprendes eso cuando empiezas a perderlas, te das cuenta que la vida es un juego de pulgadas.” 

Quiero enlazar esta última idea con las consecuencias de las malas noticias. Las malas noticias, al igual que el paso del tiempo, te muestran lo que realmente importa. Con una sutil diferencia: las malas noticias son previsoras mientras que con el tiempo no se puede dar marcha atrás.

 Las malas noticias y los malos momentos te despojan de toda influencia del Sistema, desnudan tu alma para devolverla a ese estado original en el que eras libre de pensar y de soñar. Nos hemos acostumbrado a soñar dormidos porque no somos capaces de hacerlo despiertos. Estamos demasiado confusos, demasiado influenciados por toda la información a la que nos vemos expuestos y no nos paramos ni 5 minutos a luchar por lo que queremos.

 Pero las malas noticias te lo enseñan, pues hieren tu orgullo. Te muestran qué es lo que realmente te hace daño y qué es lo que realmente te hace sentir feliz. Te muestran qué es lo que realmente quieres conseguir, qué es lo que realmente valoras, a quién realmente quieres, quién merece la pena. Te hacen soñar mientras tienes los ojos abiertos.

 Despejan los árboles del bosque para mostrarte el camino. En definitiva: te dan un por qué.

 Y como bien reza la frase más importante que leo cada mañana

 “El que tiene un por qué para vivir, puede soportar cualquier cómo”

Benditas malas noticias.

 

En QAH| El Sistema

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