Ciencia, Neurociencia 


Bendita música II

Hablábamos en la última entrada de las bondades de la música en pacientes con daño cerebral adquirido que, dado el origen de su lesión, padecían afasia fluente (incapacidad para comunicarse verbalmente de forma eficaz). Mencionábamos cómo a través de la música, estas personas en muchas ocasiones incapaces de producir palabras comprensibles o adecuadas al contexto, sí podían cantar, ayudados de la música, como si las palabras ahora saliesen de otra parte de su cerebro sin ninguna dificultad.

Los beneficios terapéuticos de la música no se quedan aquí, otros pacientes con enfermedades completamente distintas pueden favorecerse de la melodía, el tono y el ritmo logrando resultados increíbles en su sintomatología. Este es el caso de las personas que padecen la enfermedad de Parkinson.

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo crónico, caracterizado por la deficiencia del neurotransmisor dopamina en el cerebro. Su sintomatología más representativa es la que afecta al movimiento, siendo además la que primero aparece, aunque son también significativas las afectaciones de la función cognitiva, la expresión de las emociones y la función autónoma. Entre las características clínicas más relevantes, que conducen a un diagnóstico de la enfermedad de Parkinson hay que destacar los temblores, la rigidez muscular y la lentitud en los movimientos, especialmente la dificultad para empezarlos y terminarlos.

Estos pacientes, con las extremidades rígidas, importantes temblores e incapaces en ocasiones de comenzar por sí solos algún acto motor, sufren una transformación cuando una melodía adecuada comienza a sonar. Son capaces de inicial el baile, de dejarse llevar, de seguir el ritmo disminuyendo sus sacudidas. Los movimientos y percepciones de la gente con Parkinson son demasiado rápidos o demasiado lentos, aunque a veces ellos no se den cuenta; pero si la música está presente su tempo y velocidad tiene prioridad sobre el parkinsonismo y permite a los pacientes que lo padecen, regresar mientras dura la música, a la velocidad del movimiento que les era antes natural. La música resiste los intentos de aceleración o desaceleración, e impone su propio tempo.

Basal_Ganglia_and_Related_Structures_es.svgComo se ha señalado, uno de los problemas principales del Parkinson es la incapacidad para iniciar el movimiento de manera espontánea, estos pacientes se quedan “atascados” como “paralizados”. Normalmente existe una correspondencia prácticamente instantánea entre nuestras intenciones y la maquinaria subcortical (principalmente los ganglios basales) que permiten que se realicen de forma automática. Y son estas estructuras cerebrales las que están especialmente dañadas en los pacientes con Parkinson, y que les lleva a ese estado de inmovilidad, de paralización, del que sólo pueden salir con la ayuda de un estímulo externo. ¿Qué mejor estímulo, vivo, rítmico y parcialmente duradero en el tiempo, que la música?

Y cuando la música lleva al baile, al contacto humano, éste se convierte en un segundo estímulo externo, cargado de otros elementos cuyos beneficios son indiscutibles, afectando no solo al componente motor, sino también al emocional. Se consigue de esta manera que entren en juego otras dimensiones terapéuticas.

Más información| Musicofilia, Oliver Sacks

Película recomendada| Despertares, 1990, Penny Marshall

Imágenes| Ganglios Basales, Cerebro notas musicales

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