Patrimonio 


Los bellos manuscritos irlandeses

Para valorar en su justa medida los bellos manuscritos irlandeses, debemos trasladarnos a los siglos VII y VIII de nuestra era, y contemplar desde la espiritualidad y la inocencia sus admirables páginas ilustradas.

El pueblo irlandés, ajeno al Cristianismo hasta el siglo V, se había venido desenvolviendo dentro de una cultura celta que no se vio afectada por la romanización del Imperio. Pero cuando San Patricio “abre los ojos” del irlandés a la religiosidad cristiana y funda las Casas de Dios en las verdes tierras insulares, los libros miniados se convirtieron en testigos de sus palabras, habitáculos que cobijan letras e imágenes que sirvieron de guía a una religión que se desarrolló incipientemente y ha continuado vigente hasta nuestros días.

El desarrollo de los monasterios y las comunidades cristianas necesitó prontamente de libros religiosos y Biblias, es por ello que también, rápidamente, surgieran numerosos scriptoria donde se elaborarían manuscritos que no tardaron en hacerse famosos en todas las Cortes Europeas. La escritura fue el medio para fijar el pensamiento cristiano, pero de igual forma, se convirtió en un “arte”, puesto que del alfabeto se pasa a la caligrafía y ésta conduce al adorno y a la imagen.

La labor del paciente copista que gastaba sus ojos y sus fuerzas en la transmisión de los manuscritos supuso el medio fundamental para difundir la cultura medieval y las bellas ilustraciones, su rico colorido, sus exóticos motivos o la fantasía céltica, que hicieron soñar al fiel que las contemplaba con un Paraíso en la tierra. Los libros fueron así respetados, cuidados con celo y con mimo, convirtiéndose junto a las Cruces Altas y la Orfebrería en un legado artístico del cual aún hoy en Irlanda deben sentirse orgullosos.

San Mateo. Libro de Durrow

San Mateo. Libro de Durrow

Entre las reproducciones de libros más frecuentes en la Isla se encuentran las Biblias, los Evangelarios y los Libros de Perícopas, siendo estos dos últimos los libros iluminados irlandeses por excelencia. En todos ellos puede contemplarse la influencia de los diferentes pueblos que poblaron la zona a lo largo de su historia. De hecho, podría decirse que el arte insular irlandés es la suma de diferentes realidades: unas profundas raíces célticas unidas a modelos importados por los pueblos bárbaros, una floreciente iconografía cristiana y el buen hacer del mundo clásico entrelazado o mezclado con elementos llegados del exótico Oriente y con la maravillosa fantasía de los motivos desplegados en las piezas de orfebrería local. Todo lo mencionado dio como resultado un arte miniado que ha sabido encajar sabiamente el puzzle de realidades tan diferentes y tan hermosas, creando con ellas un mundo de fantasía y misterio, recreado en cada una de sus páginas.

Cabe destacar entre sus características intrínsecas la abstracción o despego del realismo; la integración en un todo de las diferentes partes que los conforman (decoración, caligrafía y texto); el horror vacui o su valor epigramático, pues como señala el estudioso A. Luce “En ninguna otra parte de Europa se ha manejado la escritura con mayor intensidad, imaginación y libertad, que en la ilustración de libros realizados en la isla entre los siglos VII y IX”.

Se trata asimismo de un tipo de arte escasamente figurativo. Cuando la figura aparece lo hace sin un sentido plástico. Son figuras planas, sin volumen y con una ignorancia de la perspectiva que nos lleva a la frontalidad y el hieratismo. Son típicas las caras impasibles con las comisuras de los labios hacia abajo, abundando los personajes de cejas vigorosas, cabellos rubios y rostros sembrados de simpáticas pecas.

Más frecuentes, sin embargo, son las representaciones zoomórficas: pájaros, sabuesos, peces, nutrias, liebres, ratones o gatos, pasean libremente por las páginas. Sus cuerpos, las más de las veces aparecen estilizados, llegando prácticamente a la abstracción y haciéndose únicamente visibles, cabezas y patas.

Detalle de animales. Libro de Durrow

Detalle de animales. Libro de Durrow

Ahora bien, uno de los motivos por antonomasia del arte irlandés lo supone el entralazado, tanto nórdico como copto. Este último aparece oculpado fundamentalmente por figuras geométricas (círculos, cruces, rectángulos) que se repiten una y otra vez sin abandonar el marco al que quedan sometidos, mientras que el primero aparece más ligado a las espirales y las formas animales mostrando una mayor imaginación. Junto a ellos rivalizan por protagonizar las ilustraciones otros detalles ornamentales como las series de puntos que suelen bordear las letras, las trompetas que juegan con las líneas y las curvas, el cuerpo de arlequín o los famosos triskeles, que provenientes de la cultura celta, se presentan como símbolos solares.

Todas estas características suelen repetirse insistentemente en las ilustraciones de las diferentes obras, teniendo entre algunos de sus más bellos ejemplares las imágenes custodiadas en los libros de Durrow, Lindisfarne o el conocidísimo manuscrito de Kells.

Página Evangelio de San Marcos. Libro de Durrow

Página Evangelio de San Marcos. Libro de Durrow

El libro de Durrow se halla en la biblioteca del Trinity College y se trata de uno de los ejemplares más importantes conservados. Los estudiosos dudan en cuanto a su origen y cronología, acercando su datación hacia el año 675 y el ámbito de su creación al cenobio de Durrow fundado por San Columba o a la zona de Northumbria. En la obra aparecen copiados los cuatro Evangelios según La Vulgata de San Jerónimo, con ilustraciones de los evangelistas, así como de algunas letras capitulares majestuosamente ornamentadas.

El manuscrito de Lindisfarne, conservado en la British Library, lleva el nombre del monasterio en el que fue ejecutado entre los años 687 y 721, y fue dedicado a San Cutberto, el que fuese abad del lugar cuando a finales del siglo VII este espacio se encontraba en su máximo apogeo. La obra contiene 258 hojas escritas en latín y consta de cuatro imágenes de los evangelistas, 16 tablas de concordancia, 5 páginas de las denominadas “tapiz” por cubrir toda la superficie y ricas iniciales de original decoración. Destaca en su elaboración la riqueza de colorido y el empleo de un rebaño de 100 becerros para obtener de su piel, el pergamino necesario para su creación.

Ahora bien, por unanimidad se considera que el ejemplar más rico, lujoso y de mejor calidad de todos los manuscritos irlandeses es el libro de Kells. Ubicado en el Trinity College, se considera que fue concebido como un volumen conmemorativo destinado a su exposición pública, posiblemente para un altar mayor, lo que explicaría que en la obra se preste más atención a las ilustraciones que al texto.

Se trata de una obra de gran tamaño y cuenta con 340 páginas escritas en latín. Contiene los cuatros Evangelios y solamente para su elaboración se empleó la piel de 150 becerros. Cabe destacar, asimismo, el empleo de un colorante azul para sus ilustraciones, que conocido con el nombre de lapislázuli, se trataba de una piedra tan apreciada como el oro, lo que no deja duda del interés y cuidado con el que se realizó esta obra.

Introducción al Evangelio de San Juan. Libro de Kells

Introducción al Evangelio de San Juan. Libro de Kells

Vía| PIJOÁN, J. (1972): “Arte bárbaro y prerrománico, desde el siglo IV hasta el año 1000” en Historia General del Arte, Summa Artis, Ed. Espasa-Calpe S.A. Madrid

Más información| SWEENEY, J.J. (1965): Manuscritos irlandeses primitivos, Ed. Hermes, S.A. Buenos Aires

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