Patrimonio 


Barroco expirando

Dedicamos el artículo de hoy a tratar la figura de uno de los escultores quizá menos conocido del panorama escultórico andaluz. Nos referimos a Francisco Antonio Ruiz Gijón, cuya vida se extiende desde 1653 a 1720. Nació en la localidad sevillana de Utrera, pero pronto y debido al fallecimiento de su padre, se trasladó a Sevilla donde en 1669 entra como aprendiz en el taller del escultor Andrés Cansino, taller que pasó a heredar cuando éste fallece.

Además en 1673, Ruiz Gijón asiste a la “Academia” fundada en Sevilla por aquel momento por artistas como Murillo o Valdés Leal. Hay estudios que establecen una vinculación entre Ruiz Gijón y otro de los escultores más brillantes del momento, Pedro Roldán, aunque no existe constancia documental que lo avale sí que ambos muestran similitudes estilísticas.

Su fama se basa en sus interpretaciones sobre los valores del realismo iconográfico latente en la “Escuela Sevillana” barroca de la segunda mitad del siglo XVII, donde su máximo exponente era por entonces Pedro Roldán, quien  influiría artísticamente sobre él. No son muchas sus obras destacadas pero su habilidad técnica como imaginero y escultor quedaron reflejadas, sobre todo, en las obras que realiza para diferentes hermandades de la Semana Santa sevillana. Muestra de ello es el movido paso procesional  de Jesús del Gran Poder realizado entre 1688 y 1692 con el que da forma a un modelo seguido e imitado posteriormente por distintas cofradías, no solo sevillanas sino también del resto de Andalucía.  La talla de la canastilla alterna las formas cóncavas con las convexas, sirviendo de basamento o gran peana para la imagen procesional y se compone de elementos clásicos del Barroco como los roleos, rosetas y tallos vegetales más cuentas de collar que se intercalan. Una trama vegetal se mezcla con otra de lazos geométricos en las tres fajas de la canastilla, haciendo el juego de los dorados en mate y en brillo. Además, en la talla se intercalan una serie de elementos de índole vegetal, floral o animal que completan el extenso programa iconográfico figurativo.

Pero el motivo de este artículo no es tratar a Ruiz Gijón desde el punto de vista del artista-creador de una tipología de andas procesionales. Aunque es un aspecto sin duda interesante, hemos preferido ver a este escultor en su faceta de imaginero al encuadrarse en el marco del barroco final. Para analizar la obra de Ruiz Gijón nos vamos a centrar en el crucificado que realizó en 1682 para la Hermandad del Patrocinio de María Santísima, conocidas, hermandad e imagen, con el apelativo popular de “El Cachorro”. Antes de profundizar más en esta escultura echaremos la vista atrás para hacer un recorrido por los grandes crucificados sevillanos empezando por el de la Clemencia, realizado por Martínez Montañés en torno a 1605, para detenernos en el Cristo del Amor que el cordobés Juan de Mesa y Velasco realizara alrededor de 1618 – 1620. Como cumbre en los crucificados sevillanos trataremos la imagen de “El Cachorro”.

El Cristo de la Clemencia  esculpido por Martínez Montañés hacia 1605 muestra la elegancia y belleza formal dentro de la mesura y equilibrio propios del estilo del maestro. El cuerpo cuelga de la cruz sostenido por cuatro clavos, detalle propio del arte andaluz del momento y que ya justifica Pacheco basándose en las Revelaciones de Santa Brígida. Montañés rompe el paralelismo de las piernas al disponer los pies cruzados, consiguiendo una de las más bellas representaciones iconográficas del crucificado.

El Cristo del Amor  realizado por el escultor cordobés Juan de Mesa y Velasco  entre 1618 y 1620. Se trata del primero, de una serie de 11 crucificados, que el escultor realizó entre 1615 y 1627. En su realización Mesa tuvo muy presente la imagen de Montañés que hemos comentado anteriormente pero introduce algunas modificaciones y avances técnicos y estilísticos propios del momento y representando un crucificado que se fija solo por tres clavos, quedando la figura inscrita en un perfecto triangulo. Destaca su tono realista de cuidado modelado y marcada expresividad.

Cristo de la Expiración. Ruiz Gijón. 1682.

Cristo de la Expiración. Ruiz Gijón. 1682. Detalle.

El Santísimo Cristo de la Expiración,  conocido popularmente al igual que la hermandad con el sobrenombre de “El Cachorro”, fue tallado por Ruiz Gijón en el año 1682 como se desprende de las actas notariales que se conservan. Está realizado en cedro real de Flandes y mide 1.89m. Se considera  por los estudiosos de la escultura barroca como el último de los crucificados de la imaginería barroca española. Ruiz Gijón lleva a la escultura el instante en el que Cristo aparece en esa línea entre la vida y la muerte. Dirige su mirada hacia arriba, aparece desnudo y el paño de pureza, sostenido tan solo por una cuerda, deja ver toda su silueta. La imagen, que hincha el tórax y tensa los músculos en busca del último aliento, se plantea con movimiento y ritmo ascensional. Pero donde vemos la mayor capacidad técnica del escultor utrerano es en el paño de pureza donde lleva a cabo un tratamiento pormenorizado y casi individual de los pliegues, que parecen estar movidos por el viento. 

Más obras de Ruiz Gijón son: Simón de Cirene de la hermandad de las Tres Caídas, Iglesia de san Isidoro, Sevilla. 1687. Nuestro Padre Jesús atado a la Columna, Utrera, 1671-72.

Vía | islapasionforos.mforos.com, lalineacofrade.com, hdad.gran-poder.es, www.hermandaddelcachorro.org, artehistoria.com

Más información | leyendasdesevilla.blogspot.com

Imagen | El Cachorro

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