Historia 


Barcos y acero en la segunda mitad del XIX

Durante la primera mitad del siglo XIX comenzó a hacerse patente que el desarrollo tecnológico de la Revolución Industrial permitía una renovada construcción naval, así como una tecnología adaptada que permitía modernizar los sistemas de propulsión y de vida a bordo. Era un proceso visible en el uso del acero para la construcción de barcos, lo cual marca un punto y elemento clave para la tecnología naval junto a la caldera de vapor como elemento motriz.

A mediados de siglo convivían vela y acero en las primeras etapas de uso práctico de las nueva tecnologías navales.

A mediados de siglo convivían vela y acero en las primeras etapas de uso práctico de las nueva tecnologías navales.

Partiendo de este elemento veríamos como a partir de la segunda mitad del siglo hay un impulso en la construcción en acero que permite el paso definitivo de la madera y la lona al acero y al carbón. La adaptación del barco a la coraza tiene en términos generales, un origen y funcionalidad militar. El siglo XIX no solo fue protagonista de avances tecnológicos en la comunicación, el transporte, las ciencias o las artes y ciencias fabriles, sino que también fue protagonista de cómo todos los anteriores se aplicaban a la industria militar y armamentística. Esta aplicación en el armamento dio pie al desarrollo de una artillería naval más cada vez más potente, junto a otras armas de terrestres y marítimas, dejando patente el hecho de que los navíos militares fabricados en madera cada vez eran más débiles ante las nuevas tecnologías bélicas. Nacerían en base a esto los acorazados, siendo navíos de gran desplazamiento, con una construcción basada en el acero para blindar el casco y con una gran potencia de fuego.

Navío La Gloire

Navío La Gloire

La Guerra de Crimea (1853-1856), permitió ver claramente ese avance armamentístico. En lo referente a los combates navales, el uso por parte de ambos contendientes de una artillería mejorada provocó daños excesivos entre los navíos de madera que participaron en el conflicto. Además, el uso de este armamento superior incentivó el blindaje de navíos, apareciendo en el conflicto de Crimea las primeras baterías flotantes blindadas. La efectividad del uso de acero al blindar estos emplazamientos dio pie a que poco después aparecieran los primeros buques blindados, abriendo esta nueva línea constructiva de los ironclad el navío francés La Gloire. Así nacían propiamente dichos los acorazados. Si bien es cierto que estos primeros buques blindados no eran de construcción férrea en su totalidad, sino que eran casco forrados de acero. La impulsión seguía siendo eólica, pero muy pronto empezaron a incorporar hélices y calderas.

Otro ejemplo de avance tecnológico hacia el acorazado se presentó en la Guerra de Secesión norteamericana, apareciendo los monitores, navíos plenamente acorazados, impulsados por hélice y caracterizados por un francobordo muy bajo, pero con una gran potencia de fuego. La clase Monitor se uniría en la década de los 80 del siglo XIX a la línea constructiva de los ironclad post-Crimea, generando en esas décadas los primeros navíos de guerra construidos íntegramente en acero. Además estos nuevos navíos abandonarían la impulsión eólica para ceñirse plenamente a las calderas y la hélice.

Fragata Acorazada Numancia

Fragata Acorazada Numancia

Estamos hablando de los pre-dreadnought, los cuales presentan ya una estructura reforzada y, como decíamos, fabricada en acero íntegramente. En este punto podemos ver como la efectividad de los acorazados de finales del XIX se tradujo en la adaptación de los mismos en las políticas navales de las potencias del momento. El HMS Achilles en Inglaterra, al ser construido enteramente en acero, abrió la veda a la aparición de los pre-dreadnought. También podemos encontrar en España a la fragata Numancia, primer buque blindado en circunnavegar la Tierra.

El éxito de este tipo de navíos marcó la línea de desarrollo que permitió la llegada de los dreadnought en las primeras décadas del siglo XX, con unas mayores prestaciones motrices, sentando las bases del acorazado moderno del periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial. El acorazado mantuvo durante el siglo XX su operatividad como buque blindado de gran tamaño y potencia de fuego, siendo en nuestros días un recuerdo puesto que ante las nuevas tecnologías armamentísticas, el acorazado no tiene cabida, habiendo desaparecido ya de las marinas de guerra del mundo. Quedan por lo tanto como un recuerdo de esa evolución tecnológica que, aplicada en la guerra, permitió al hombre evolucionar su tecnología naval al aplicar los principios creados durante la Revolución Industrial.

Vía | ARTOLA, M. y PÉREZ LEDESMA, M. Contemporánea. La Historia desde 1776. Madrid: Alianza editorial, 2011

DE JUAN Y PEÑALOSA, J. y FERNÁNDEZ-GIMÉNEZ, S. Historia de la Navegación. Madrid: Ediciones Urbión, 1980

SONDHAUS, L. Naval Warfare: 1815-1914. Londres: Routledge , 2001

Imagen | Barcos franceses mediados del XIX, La Gloire, Numancia, USS Monitor

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