Economía y Empresa, Finanzas 


“Bank runs”, “sudden stops” y prestamistas de última instancia.

Un “bank run”, en castellano pánico o corrida bancaria es una retirada masiva de depósitos de un banco, ante el temor de los depositantes a la insolvencia de la entidad.

Publicidad de una obra de teatro de finales de siglo XIX

Durante el siglo XIX fueron, vistos en retrospectiva, bastante comunes. En la actualidad parecen cosa del pasado, con contadas excepciones, pero en realidad no es así.

 

Avalancha de depositantes en el banco británico Northern Rock a principios de 2008

 

Las décadas posteriores a la II Guerra Mundial se caracterizaron por una extraordinaria estabilidad financiera.

Visto en retrospectiva es bastante intuitivo entender los pilares en los que se asentaba esta gran estabilidad, en comparación con la fragilidad financiera del siglo XIX y la actual.

a)      Limitada movilidad del capital

b)      Un prestamista de última instancia

c)       Un fondo de garantía de depósitos estatal

Detengámonos en la segunda característica. Aunque fue un tema discutido con anterioridad, en nuestros días se atribuye la formulación más precisa a Walter Bagehot. Periodista y politólogo británico, que contribuyó en gran medida al prestigio del hoy mundialmente conocido medio “The Economist”. La lección más influyente en la actualidad que dejó Bagehot está contenida en su libro “Lombard Street” publicado en 1873. Según el barbudo escritor

En una crisis, el prestamista de última instancia debe prestar sin límite, con una penalización, y sobre la base de garantías que son negociables en el mercado durante el funcionamiento normal del mismo, cuando no hay una crisis.

Esto es lo que hicieron algunos bancos centrales en las fases iniciales de la crisis, prestar dinero líquido, a un cierto tipo de interés, en base a unos activos de garantía: en general títulos de deuda pública. Posteriormente han seguido políticas más agresivas, a pesar de lo cual en la eurozona no han sido muy fructíferas, pero eso es otra historia.

Lo interesante es ver el enorme potencial que tiene esto para detener un pánico bancario. De forma simplificada diremos que un banco recibe depósitos y presta la mayor parte de ese dinero, por ejemplo para que la gente compre casas o bien al estado. En consecuencia, si se desata un pánico bancario deberá cambiar esos activos por dinero líquido para poder devolver los depósitos. Durante los pánicos bancarios históricos, esto solo podía hacerse a precio de remate o de liquidación o no podía hacerse, por lo que el banco tenía que liquidarse con grandes pérdidas. Pero cuando existe un banco central capaz de convertir esos activos en dinero líquido, fuera de mercado, la cantidad de depósitos que se pueden devolver aumenta de forma muy considerable. Esta es una de las razones por las que los pánicos hoy en día no son tan comunes.

Sin embargo, desde hace treinta años, un nuevo tipo de pánico se ha desarrollado de forma “invisible”. En la jerga económica se llama “sudden stop”, un parón súbito y debería sernos familiar ya que está ocurriendo en España.

El inversor y famoso especulador George Soros es también un interesante comentarista de la actualidad económica. Aunque no nos caiga simpático, debemos reconocerle que debe ser tanto por edad -82 años- como por oficio, gestor de fondos de inversión, un buen conocedor de eso que ahora se ha dado en llamar “los mercados”. Soros nos cuenta en su página web el inicio de este mercado global de capital.

Al final dela Segunda Guerra Mundial cuando entré en los mercados financieros, los bancos y los mercados financieros estaban regulados estrictamente y los movimientos internacionales de capital financiero se encontraban prácticamente en punto muerto. Las restricciones se estaban relajando gradualmente, pero a un ritmo muy lento. A inicios de la década de 1970, el sistema bancario estadounidense todavía estaba congelado en la inmovilidad. La industria estaba muy fragmentada y reglamentada. Un negocio aburrido atraía a personas aburridas que estaban más preocupadas por la seguridad que por las ganancias. Las acciones de los bancos se negociaban con cita previa. Pero detecté algunos signos de vida. Walter Wriston en Citibank capacitó a un nuevo tipo de banqueros orientados al lucro que se desplegaron desde Citibank hacía otros bancos.

Luego vino la primera crisis del petróleo de 1973. Coincidió en ese momento histórico que los países productores de crudo disponían de una enorme cantidad de dinero que depositaron en los bancos. Formaron compañías conglomerados y subsidiarias que se establecieron en Londres para escapar de las restricciones de la Ley Glass-Steagall. Ese fue el comienzo de los mercados de eurodólares y de préstamos en gran escala a las economías emergentes, se convirtieron en agresivos prestamistas a estos países y el boom de crédito comenzó.

Esos préstamos agresivos condujeron a una crisis de deuda en los países pobres –emergentes en la jerga económica-, en particular en Latinoamérica.

Lo interesante de la narración de Soros es como queda reflejado un hecho que cambia la naturaleza del negocio financiero: los préstamos internacionales. Esta característica distintiva introduce un nuevo elemento que antes no estaba presente “el riesgo divisa”.

Los bancos internacionales querían en pago a sus préstamos, la devolución de capital más intereses en dólares. Si surgían dudas sobre la devolución de los préstamos, estos bancos harían algo parecido a lo que hacían los depositantes antaño, correrían a retirar sus préstamos. Evidentemente un préstamo no es como un depósito, una obligación “a la vista”, es decir inmediata, pero lo que suele ocurrir es una negativa a refinanciar los vencimientos de deuda a corto plazo, el pasivo de las entidades disminuye y para atender a la devolución de los préstamos y depósitos tendrán que liquidar activos, por ejemplo, la deuda pública española, tal y como veíamos en mi anterior publicación.

Es importante resaltar que en este caso un prestamista de última instancia no es de gran utilidad, salvo que pueda crear reservas internacionales de cambio, es decir, oro o divisas. En efecto, aunque pueda actuar según la regla Bagehot prestando al sistema financiero nacional es insuficiente para detener un “sudden stop”, dado que no puede garantizar que se podrá devolver capital más intereses en dólares. La retirada de los préstamos y liquidación de activos suele conducir a una devaluación.

A lo mejor estáis pensando ¡Esto no tiene nada que ver con la crisis global de 2008 originada por la burbuja hipotecaria americana! No es cierto, aunque eso nuevamente es otra historia. Lo que si es evidente es que tiene mucho que ver con la crisis de deuda europea que comenzó en 2010 como consecuencia de la primera.

Cuando Grecia comenzó a tener serios problemas para financiarse, y por lo tanto para devolver los préstamos, algunos empezaron a pensar que quizás el euro no era una moneda irreversible. Se trata de un pensamiento bastante lógico, para devolver los prestamos la balanza de pagos internacionales tiene que tener un superávit en la cuenta corriente, es decir, hay que generar muchas exportaciones de bienes o de servicios y la forma más rápida de hacerlo es devaluando la moneda. El “riesgo divisa” volvía a la Unión Monetaria Europea. Este hecho es suficiente para declarar el fracaso de la moneda única con su diseño actual, y contribuyó en parte al “sudden stop” que está sufriendo España y otros países europeos, que se ha agudizado tras la crisis de Bankia, un auténtico “bank run” invisible, que provoca que un país con una deuda pública presente y futura en un nivel alto pero razonable se financie a un precio muy caro.

 

Más información| Soros

Imágenes| BdE

Está la belleza y están los humillados. Sean

cuales sean las dificultades que la empresa pueda presentar, jamás debería

desear ser infiel ni a los segundos ni a la primera.

Sea verdad o no, se nos dice continuamente que

las posibilidades son ilimitadas y que cuanto tenemos que hacer es elegir las

que nos vayan mejor; y lo que es más importante, se nos castiga por no

conseguir encontrarlas, como si lo que se nos había dicho sobre su

accesibilidad fuera cierto.

El capitalismo moderno volvió borrosas muchas

distinciones, incluyendo la que existía entre la miseria legítima y la

ilegítima, y las remitió al mercado de valores del poder para que encontrasen

su propia cotización.
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