Patrimonio 


Balthus o ¿lo perturbador en el arte?

En este artículo nos ocuparemos de un artista poco estudiado debido a lo inclasificable y perturbador de su obra, pero el cual fue una figura muy admirada por otros artistas como Picasso, Miró o Man Ray. Se trata de Balthasar Klossowsky de Rola, más conocido como Balthus (1908-2001).

Su formación fue completamente autodidacta y tomó como modelos a grandes maestros de la historia del arte como Giotto, Piero della Francesca, Poussin o Ingres. Comenzó trabajando como ilustrador y en 1924, en París, comenzó a pintar sus primeros cuadros, los cuales tenían como temática central vistas de la ciudad que recordaban a la técnica impresionista. Pronto, su obra se fue focalizando hacia los interiores domésticos que tenían uno o dos personajes como protagonistas, todo ello envuelto en un cierto aire misterioso. Balthus mantuvo este estilo, prácticamente sin variaciones, a lo largo de más de 60 años de producción.

Pese a lo poco habitual de su figuración, Balthus gozó de cierto renombre y entabló amistad con artistas de la talla de Alberto Giacometti y André Derain y escritores como Antonin Artaud y Albert Camus. Recibió incluso el reconocimiento de ser nombrado director de la Academia de Francia en Roma. Por tanto, no puede decirse que fuese un pintor marginado o poco reconocido. Entonces, ¿por qué ha pasado a ser un pintor olvidado? Sin duda, por el contenido de su obra y por la mala interpretación que hoy en día se hace de la misma.

Sus pinturas son interiores en los que el o los personajes representados suelen ser niñas (a veces niños) púberes en actitudes desenfadadas de gran impudicia. Este tipo de representaciones han llevado a que tanto la crítica como el público acusen a Balthus de ser un provocador, un polemista, de buscar la sexualidad en la infancia y de ser, incluso, un pedófilo. El artista se vio toda su vida perseguido por este tipo de acusaciones y en numerosas ocasiones se vio obligado a declarar que nunca pintó a las niñas con intenciones eróticas, sino como seres dulces y puros con total naturalidad, como entes que simbolizan el tránsito del mundo de la infancia al de la madurez, esto es, la metamorfosis de la inocencia.

Balthus, La habitación (1953)

Balthus, La habitación (1953)

Lo que sí es cierto es que Balthus buscaba incluir en su obra una cierta turbación inquietante que hiciera al espectador plantearse si estaba viendo únicamente lo que había en el lienzo o si estaba viendo lo que creía saber que había en el lienzo. Jean Clair, el gran experto en su obra, sugiere que esa infancia equívoca puede simbolizar la tradición occidental, una tradición que da la impresión de ser una cosa y luego resulta ser otra.

Esta interpretación puede aplicarse a casi toda la obra de Balthus. En Thérèse soñando (1938) aparece una joven recostada con las piernas abiertas impúdicamente y mostrando su ropa interior. A sus pies, aparece un gato bebiendo leche de un plato. ¿Es aquí el gato una alusión al aparato genital femenino como ocurre en otras obras de arte? ¿O no es más que una escena cotidiana? En La habitación (1953) una joven desnuda duerme sobre un sillón ante una ventana, al tiempo que una niña más pequeña abre la cortina para dejar pasar la luz al interior de la estancia. ¿Es posible que la niña pequeña pretenda exhibir el cuerpo de la mayor mostrando su desnudez completa ante la ventana descubierta? ¿O, de nuevo, no es más que un interior doméstico?

Las obras de Balthus resultan todas igual de equívocas e inquietantes, porque el espectador no sabe qué ha de pensar, cómo ha de interpretar el cuadro, si realmente está viendo sólo lo que hay o si se esconde algún significado perturbador y reprobable tras aquello que ve. El artista polaco se aprovechó al máximo de este efecto que sabía que causaba su obra inevitablemente en todo aquel que la observaba. A este respecto, dejó una frase que resulta extremadamente clarificadora y que resume a la perfección su idea sobre su arte y, en definitiva, sobre la condición humana: “[los retratos de niñas] para mí son sencillamente ángeles y en tal sentido su inocente impudor es propio de la infancia. Lo morboso se encuentra en otro lado”.

Balthus, Thérèse soñando (1938).

Balthus, Thérèse soñando (1938).

 

Vía| EducaThyssen

Más información| Revista Digital Fronterad, Periódico 20 minutos

Imagen| La habitación, Thérèse soñando

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