Jurídico 


Aventuras y derecho de rectificación

En “El Amor Tiene Dos Caras”, una de mis pelis favoritas, Rose Morgan, profesora de Literatura de la Universidad de Columbia le dice a su marido, profesor de mates, algo así como que si quería que sus alumnos asistieran a clase debería contar una historia y ponerle humor. A lo que él contesta, ¿Humor en cálculo?

Como esto no es cálculo…. allá vamos.

Me encantaría decir que desayuno hojeando The Economist. Como abogada que soy quedaría mucho más intelectual decir que leo cosas muy serias con un marcado carácter trágico. Pero la verdad es que combino mis cereales con Phineas y Ferb. Quizás Punset, mi vecino de arriba en el ranking de QAH, diga que se debe a que conservo un espíritu infantil, fruto de algún síndrome de Peter Pan, o algo así. Pero la verdad, y yo me inclino más por esta teoría, es que me encantan las historias de aventuras. Aún me sigo mordiendo las uñas viendo Indiana Jones- Harry, eres el único hombre de éste mundo al que perdono que lleve pendiente-. Alucino con ellas. Ya vengan del mar como las de Kepa Acero, de la montaña como las de los hermanos Pou o del área de los Tres Estados con un ornitorrinco miembro de la Organización Secreta Sin Acrónimo Chulo.

Sin embargo, para mi sorpresa, una mañana apareció en las noticias  una autentica historia de aventuras. Real y de las buenas. De las de bombas, tiros, gobiernos implicados, terroristas, secuestros, muertes y un héroe. Contaban que un joven aventurero español que estaba dando la vuelta al mundo en bicicleta había sufrido un atentado en Pakistán, concretamente en la región de Baluchistán,- para quien no lo sepa, Baluchistán es una las zonas más peligrosas del planeta, está en la frontera con Afganistán y se reúne allí lo mejor de cada casa: narcotraficantes, yihadistas, talibanes…-El escenario de por sí es interesante. Los 7 escoltas personales que había contratado para el tránsito por esa zona habían fallecido, y él tras el ataque había sido secuestrado por el comando terrorista; sin embargo, gracias a una rápida intervención del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y el Pakistaní lo habían puesto en libertad sano y salvo.

Woww! Inmediatamente consulté el oráculo de Google, esa máquina que todo lo sabe, y con un click tuve ante mí noticias de periódicos nacionales e internacionales, blog personal del aventurero, página de Facebook, videos de Youtube y su Twitter…. Me froté las manos con este último caramelito Sugus. Así que una noche de lluvia en casa -entiendan por esto que estaba muy aburrida- mientras me debatía entre dormir o un capítulo más de Breaking Bad, le escribí. Él al momento, para mi sorpresa, desde la otra punta del mundo, probablemente en su tienda de campaña junto a su bici, me contestó. Comenzamos a hablar, me comentó dónde estaba, porqué había comenzado su viaje, cómo se las arreglaba para comer o dormir… Y por supuesto, hablamos del atentado.

Con el atentado flipé. El verbo adecuado es ese, flipar. Porque la historia de las noticias, la que yo había visto en el telediario, era una versión inflada a esteroides más parecida a alguna del M16 británico que la que él me estaba contando. Sí, era cierto que había presenciado un atentado, donde desgraciadamente mujeres y niños habían muerto, también que lo habían herido. Todo sonaba muy fuerte. Pero, ojo a esto, ni había sido secuestrado, ni llevaba escolta privada, ni el Gobierno de España había entrado en negociación con el comando terrorista y desde luego nadie había pagado cantidades millonarias para ponerlo a salvo. Os dejo el video de lo que pasó: “Irán- Pakistán Atentados Colorado On The Road“.

 

 

Debido a las noticias (llamémoslas falsas) hubo críticas y comentarios de todo tipo, para que os hagáis una idea Pérez – Reverte le dedicó un domingo su patente de corso donde lo puso fino en “Sobre aventuras y responsabilidad”.

Ante una situación de este tipo ¿Qué podemos hacer? Yo creo que si quieres salvar tu honor la forma más rápida y eficaz es hacer uso del derecho de rectificación. Os doy las siguientes claves: Qué es, quién es el titular del derecho, quién el obligado, y por último cómo ejercitarlo. 

El derecho de rectificación es un derecho subjetivo que la ley otorga a toda persona que se sienta agraviada por una información de hechos difundida a través de cualquier medio de comunicación social (también llamado de masas, tradicionalmente son la radio, la televisión los periódicos y ahora también Internet). Es de naturaleza no patrimonial, por este medio no se gana pasta, por cuanto el bien jurídico protegido es un derecho fundamental, no susceptible de valoración económica: el derecho al honor.

El titular del derecho es toda persona, natural o jurídica, que haya sido aludida por una información considerada inexacta, difundida por cualquier medio de los arriba mencionados, cuya divulgación pueda causarle algún perjuicio. ¿Acaso no es suficiente perjuicio que digan que 7 personas han muerto por tu culpa?

El obligado será siempre el director o responsable del medio de comunicación. Nunca lo será el periodista que firma la noticia. El escrito de rectificación deberá ir dirigido al director, al recaer en este la legitimación pasiva, ya que el obligado a rectificar es el medio de comunicación social que publicó la noticia.

Respecto a cómo ejercitarlo. El ejercicio del derecho de rectificación depende fundamentalmente de la rapidez con la que el titular pueda ofrecer su propia versión de los hechos. En nuestro caso es muy breve, tenemos que poner el modo Speedy González, porque debe ejercerse dentro de los siete días naturales siguientes al de publicación o difusión de la información que se desea rectificar. La forma de la solicitud es mediante escrito remitido por el afectado. No cabe por ejemplo que nuestro prota mande el video que hemos visto. Debe ser un escrito en el que plasme exactamente lo que quiere que salga publicado, es decir, debe remitir el escrito rectificador mostrando su versión de los hechos. Y la verdad esto último nadie lo hace, o muy pocas personas. Suelen enviar la carta, quejándose, contando su versión de los hechos pero no el texto exacto que desean publicar. Este texto también debe reunir ciertas características de extensión y contenido: por un lado, debe guardar relación directa con la noticia publicada, y por otro lado, la extensión del texto rectificador debe ser semejante a la que tuvo la información que se pretende rectificar.

Javier Colorado o “Colorado On The Road”, como se llama su proyecto, no hizo uso del derecho de rectificación, aunque pudo hacerlo. Prefirió dar su versión de los hechos a través de las redes sociales y hablar con los periodistas que se interesaron por el asunto. Aventuras y Derecho de Rectificación.

Si os pica la curiosidad os dejo su blog

Ésta mañana he recibido un mensaje de él, me cuenta que está en Yellowstone. Javi, menos mal que allí lo único malo que puede ocurrirte es que el oso Yogui te robe tu emparedado. Sigue tu sueño y ya sabes que a la vuelta los últimos kilómetros los pedalearemos juntos. ¿Quién más se nos une?.

Más información| El derecho de rectificación, un instrumento de defensa frente al poder de los medios. Pedro Farré López. Ed. La ley.

Imagen| Colorado On The Road 

Videos| Youtube, Humor en cálculo

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