Especial Abdicación, Historia 


Auge y ocaso de un emperador: La primera abdicación (documentada) de España

 

“Es de estatura mediana, mas no muy grande, ni pequeño, blanco, de color más bien pálido que rubicundo; del cuerpo, bien proporcionado, bellísima pierna, buen brazo, la nariz un poco aguileña, pero poco; los ojos ávidos, el aspecto grave, pero no cruel ni severo; ni en él otra parte del cuerpo se puede inculpar, excepto el mentón y también toda su faz interior, la cual es tan ancha y tan larga, que no parece natural de aquel cuerpo; pero parece postiza, donde ocurre que no puede, cerrando la boca, unir los dientes inferiores con los superiores; pero los separa un espacio del grosor de un diente, donde en el hablar, máxime en el acabar de la cláusula, balbucea alguna palabra, la cual por eso no se entiende muy bien.”

Retrato del joven Carlos de Austria

De esta manera describía el embajador veneciano Gaspar Contarini a un joven Carlos de Austria, a la postre uno de los monarcas más poderosos de España y  de Europa, y que a pesar de contar en ese momento con veinticinco años, ya era Rey de Romanos y Emperador Semper Augusto, y compartía con su madre, Juana I de Castilla “La Loca” los títulos de “Reyes de Castilla, de Leon, de Aragon, de las dos Sicilias, de Ierusalen, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Cordova, de Corcega, de Murcia, de Jaen, de los Algarbes, de Algezira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias islas y tierra firme del Mar Oceano, Condes de Barcelona, señores de Vizcaya e de Molina, Duques de Atenas e de Neopatria, Condes de Ruysellon e de Cerdenia, Marques de Oristan e de Gorciano, Archiduques de Austria, Duques de Borgoña de Bravante”.

Carlos accedió al trono de España como Carlos I de España en virtud del testamento de su abuelo Fernado II de Aragón, en el que le nombraba Gobernador y Administrador de los Reinos de Castilla y León, en nombre de una incapacitada, aunque reina,  Juana “La Loca”, y Gobernador General de Aragón también en nombre de su madre.

No obstante, una incipiente España unificada por sus abuelos, los Reyes Católicos, no se lo iban a poner fácil al futuro Emperador, y no fue hasta 1518, dos años después de la muerte de su abuelo Fernando El Católico, cuando por fin fue reconocido como Rey por las Cortes de Castilla en primera instancia, y por las de Aragón posteriormente en un convulso clima no exento de conflictos. Finalmente fue reconocido como monarca por las Cortes catalanas en febrero de 1519.  Carlos hubo de negociar cada uno de los títulos que le otorgaba su abuelo, en un largo proceso que culminó en la práctica en 1520 cuando ya como Carlos I de España, se convertía en el primer monarca en ostentar las Coronas de Castilla, Aragón y Navarra.

Finalmente, la muerte de Maximiliano I en enero de 1519 propició que fuese proclamado en junio de ese mismo año como Rey de romanos, lo que le convertía en el soberano del Sacro Imperio Romano Germánico, que gobernaría como Carlos V de Alemania.

La herencia de Carlos V

De esta manera, Carlos reunió en su persona todos los territorios procedentes de sus abuelos: Habsburgo, Borgoña, Aragón y Castilla. Fue coronado Rey de romanos en 1520, y coronado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico por el papa Clemente VII en febrero de 1530, otorgándole de esta manera la supremacía de la autoridad imperial sobre todos los reyes de la cristiandad y la defensa a ultranza del catolicismo.

Como monarca español sometió al Estado a profundas reformas en busca de la racionalización del aparato gubernamental, siguiendo de esta manera la senda ya trazada por sus abuelos los Reyes Católicos. En este sentido es de destacar la creación de los Consejos, con capital administrativa en Valladolid hasta 1561. También estableció un férreo control sobre la Iglesia, estableciendo la figura del “Pase Regio”, una especie de derecho de veto del monarca, y nombrándose Patriarca de Indias, para controlar la labor evangelizadora sobre los territorios de ultramar, cuya conquista alcanzó su máximo auge durante su reinado.

En general fue un reinado salpicado de conflictos, donde a nivel interno destacan la guerra de las Comunidades de Castilla entre 1520 y 1522, el conflicto en Aragón (Germanías) entre 1519 y 1523, y la guerra de Navarra en 1521 como principales exponentes.

Felipe, príncipe de Asturias, por Tiziano (1551).

En el exterior, destacan la guerra contra el turco, iniciada hacia 1517 y que ya no cesó hasta la Batalla de Lepanto en 1571, las cuatro guerras con Francia por el control de Borgoña, que se extendieron desde 1494 hasta 1559, y sobre todo la aparición del protestantismo en 1529 que tantos quebraderos de cabeza daría al Imperio.

Como hemos visto, el acceso al trono y posterior reinado de Carlos I no fue sencillo, y así, un desmotivado, cansado y enfermo Carlos I, a su regreso a España hacia 1543, se empieza a plantear la sucesión al trono. Desde su punto de vista, no había podido alcanzar el ideal de imperio universal, había perdido Borgoña a manos de los franceses, y quizás lo que más le abrumaba era que, a pesar de ser el adalid de la  Iglesia romana, no había podido evitar el auge del protestantismo.

Pero Carlos no improvisa su marcha, y así, ese mismo año (1543), establece las Instrucciones de Palamós, que sentaban las bases de la transición a la figura de su hijo. A partir de ese momento, Felipe empieza a desempeñar gradualmente funciones de gobierno, a la par que Carlos renuncia gradualmente a la soberanía de territorios en su favor.En 1553 se concierta la boda de Felipe con María Tudor de Ingleterra, y a principios de 1555 muere Juana “La Loca”. Es en este contexto cuando Carlos  decide abdicar finalmente, estableciendo en la Doble abdicación de Bruselas, acontecida el 25 de octubre de 1555, el reparto del imperio, dejando el gobierno de España y las Indias a su hijo Felipe, y el gobierno imperial a su hermano Fernando.

Finalmente Carlos regresa a España, decidido a mejorar de su enfermedad de gota, y el lugar elegido es la comarca de la Vera, concretamente el Monasterio de Yuste, donde el otrora poderoso emperador pasaría sus días en compañía de la Orden de los Jerónimos hasta su fallecimiento el 21 de septiembre de 1558.

 

En colaboración con QAH| Rumbo a la Historia

Vía| Cervantes Virtual

Imagen| Wikimedia Commons

En QAH| Especial Abdicación de Juan Carlos I; Sobre las abdicaciones reales en España

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