Neurociencia 


Atención selectiva: gestionando el exceso de información

Si en este momento te paras a pensar en la cantidad de estímulos a los que tu procesamiento sensorial y cognitivo se está enfrentando, posiblemente te sorprendas y veas cómo éste es capaz de realizar un filtrado fundamental para su correcto funcionamiento. Hagamos un pequeño análisis: quizás estés sentado, recibiendo en tu piel el contacto con la silla y previamente con la ropa, es posible que dada la fecha sientas algo de frío, o por el contrario si estás en un lugar con la calefacción encendida en este momento haga excesivo calor, igual tienes hambre, sueño, o algún dolor muscular latente; estás leyendo este párrafo, a la vez es posible que haya música, la televisión encendida o ruido ambiente de gente que pasa por la calle o coches que circulan, hay otra información que está presente en tu cabeza, ideas, preocupaciones, planes, que en este instante quizás consigues dejar en un segundo plano.

Estamos sometidos constantemente a una inmensa cantidad de estimulación, de la que prácticamente nos somos conscientes, pero que nuestro cerebro de forma magistral es capaz de controlar, filtrar y priorizar, seleccionando en cada momento aquellos estímulos que son especialmente relevantes y que nos convierten en personas funcionales en nuestro día a día.

Atención selectiva

Este procesamiento eficaz es posible gracias a un correcto funcionamiento cognitivo, en este caso fundamentalmente gracias a nuestro complejo procesamiento atencional. La atención es, sin duda alguna, una de nuestras funciones cognitivas más importantes. Su actividad va desde procesos pasivos y primarios, relacionados con mantener el estado de alerta, hasta procesos complejos muy vinculados también al funcionamiento ejecutivo, que nos permiten pasar de una actividad a otra y volver a la anterior de forma eficaz (atención alternante) e incluso realizar dos o más tareas a la vez (atención dividida). En un punto intermedio se encuentra esa capacidad que antes mencionaba, fundamental en nuestro día a día, en cada minuto de nuestra actividad, que nos permite mantener una determinada respuesta ante un estímulo, a pesar de que existan otros estímulos distractores que de forma simultánea compiten entre sí; es decir la capacidad para seleccionar y activar los procesos cognitivos enfocándolos sobre aquella información o actividad que interesa y anulando los que en ese momento resultan irrelevantes.

Desde siempre hemos contado con esta maravillosa habilidad como parte de nuestro procesamiento cognitivo, por ello quizás nunca hayas reparado en la importancia de la misma. Sin embargo, en muchas ocasiones tras sufrir una lesión cerebral, esta capacidad a la que comúnmente denominamos atención selectiva se ve alterada. Se trata de una afectación muy habitual en pacientes con daño cerebral adquirido, que es muy importante trabajar durante la rehabilitación cognitiva, pero que es casi más importante considerar a la hora de dar pautas de actuación al resto de profesionales que trabajan con el paciente y a los familiares de este.

Cuando el cerebro del paciente ha sido sometido a un daño cerebral, se encuentra en una fase complicada dónde esta gran cantidad de estimulación que hemos visto que normalmente podemos gestionar de forma eficaz, se convierte en un problema para un “cerebro dañado” que carece de estos recursos necesarios. Con pautas muy sencillas como hablarle despacio, repetir las cosas las veces necesarias, mirarle directamente cuando se le está solicitando algo para captar su atención, intentar que no haya otra estimulación (radio, música, televisión) cuando se está hablando con él, evitar lugares masificados o ambientes complejos con conversaciones entre muchas personas etc, haremos más fácil esta compleja situación por la que está pasando, ayudando a su procesamiento atencional y en definitiva a su cerebro a irse adaptando y recuperándose poco a poco.

Imagen| Exceso de información para el cerebro

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