Historia 


Ascendencia social en la Edad Moderna

En el periodo moderno nos encontramos con una sociedad tripartita, heredera de la Edad Media: nobles, eclesiásticos y un heterogéneo Tercer Estado, aunque surgirán algunas peculiaridades fruto de las circunstancias históricas, que van a producir un cambio de valores: guerras de descubrimiento, enriquecimiento súbito de una parte de la población, promoción por el estudio, educación del Renacimiento, ideología de la Contrarreforma, burocracia, etc.

Sociedad tripartita medieval, de la cual es heredera la de la Edad Moderna

Sociedad tripartita medieval, de la cual es heredera la de la Edad Moderna

El concepto de movilidad social, el que a través de diferentes mecanismos, va a permitir la perpetuación del sistema, que gracias a ello se está adaptando a nuevas realidades políticas y económicas. El Tercer Estado carece de conciencia de grupo, tiene como meta final alcanzar el estamento noble. Esta penetración en el estamento privilegiado no afecta por tanto al ideal nobiliario, y no hace otra cosa más, que fortalecer el sistema. Por otro lado, el sistema político debía apoyarse en una jerarquía social adecuada y en una red de servidores (burócratas, financieros, letrados) que van tomando el relevo o ampliando las filas de la aristocracia feudal, para formar lo que será la monarquía absoluta.

La organización social descansaba en tres principios. El nacimiento, el estado y la riqueza. A esos tres principios, la sociedad española agregó un cuarto, la limpieza de sangre. Se pertenece a un grupo por nacimiento, aunque también influirá ser eclesiástico o laico.

El factor que alteró con más fuerza las categorías sociales, oficialmente reconocidas, fue la riqueza, que se abrirá paso con gran fuerza, moldeando un nuevo tipo de relaciones entre los hombres El Quijote, Sancho: “dos linajes solo hay en el mundo, el tener y el no tener”. La ocupación también determinará el puesto social, el mando es un factor de superioridad, no pocos miembros del Tercer Estado accedieron hacia la nobleza comprando cargos municipales, introduciéndose en la alta burocracia del Estado o accediendo a la categoría de señor de vasallos, mediante la compra de algún lugar. Las tentativas gubernamentales que pretendían congelar unas situaciones más teóricas que reales, estaban destinadas al fracaso en una sociedad muy dinámica, con muchas oportunidades de promoción, con una acusada capilaridad, como la que el propio Estado favoreció con las ventas de cargos, empleos y títulos honoríficos, con lo cual destruía su papel de guardián del orden establecido.

Dentro de la nobleza hay una fuerte jerarquización interna. Los hombres llanos aspiraban a ser hidalgos por vanidad y por las ventajas legales y reales que suponía el cambio de estado. La Real Hacienda pensó aprovechar esta apetencia vendiendo hidalguías, aunque se consideraba de segundo grado y era más satisfactorio procurarse testigos favorables, manipular escrituras, cambiar apellidos, etc. Como se plasma en la obra de Calderón El Alcalde de Zalamea: “¿hay alguien que no sepa que yo soy, si bien de limpio linaje, hombre llano? La gente diría que soy noble por cinco o seis mil reales y eso es dinero y no es honra, que honra no la compra nadie”.

Miniatura representando a Carlos I en una ejecutoria de hidalguía

Miniatura representando a Carlos I en una ejecutoria de hidalguía

Los 60 títulos de Castilla que había con Carlos V pasaron a 152 con Felipe III. Esta nueva nobleza fue, en un principio, admitida con recelo, luego, por el juego de las alianzas matrimoniales, fue aceptada como igual por la antigua. La multiplicación de los títulos fue haciéndolos cada vez menos apetecibles. Los linajes más

Escritura de la fundación del mayorazgo de Alburquerque

Escritura de la fundación del mayorazgo de Alburquerque

distinguidos pusieron todo su empeño en lograr la Grandeza, el rango superior. Sin embargo no pudieron impedir que en sus filas fueran también filtrándose advenedizos y hasta se vendieron algunas grandezas por dinero. Las instituciones conectadas con la nobleza eran el señorío, el mayorazgo y las órdenes militares. El mayorazgo era una institución medieval, que resultó más accesible desde que las Cortes de Toro (1505) establecieron una normativa muy abierta, como si quisieran facilitar el acceso a los que, sin ser nobles, quisieran seguir las reglas de la “vida noble”: un nivel de vida decoroso, no procedente de un trabajo manual o asalariado, y continuidad de un patrimonio que asegurase la categoría de la familia durante un periodo indefinido de tiempo.

Como conclusión, podemos decir que parte de la burguesía, aprovechará la coyuntura económica para enriquecerse, y la falta de conciencia de grupo, la llevará a querer formar parte de la nobleza, dando lugar a una movilidad social ascendente, que utiliza diversos métodos como la compra de cargos, oficios o matrimonios, en los inicios del capitalismo. Son las propias grietas del sistema, las que van a permitir su regeneración, adaptándola a nuevas circunstancias “el más importante hombre de negocios de Castilla la Vieja no quería ser mercader sino caballero”. Todo esto va a originar que en el periodo moderno, se produzca un fortalecimiento de la idea de linaje, como parte de una preocupación creciente por asentar una sociedad ordenada y una política estable.

En colaboración con QAH | La Historia Heredada

Vía | Casey, James (2001): “España en la Edad Moderna: una historia social”. Editorial Biblioteca Nueva, Madrid; Domínguez Ortiz, Antonio (1999): “El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias”. Alianza Editorial, Madrid; Soria Mesa, Enrique (2007): “La nobleza en la España moderna. Cambio y continuidad”. Marcial Pons Editorial, Madrid.

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