Patrimonio 


Artistas atormentados (IV): Francesco Borromini

Retrato de Francesco Borromini en la sacristía de San Carlo alle Quattro Fontane.

Retrato de Francesco Borromini

En la cuarta entrega de esta serie trataremos sobre la figura de Francesco Borromini (1599-1667), uno de los arquitectos más originales del arte occidental y figura capital del Barroco italiano. Borromini, nacido en Bissone (Suiza), marchó a Roma en 1620, y allí comenzó a formarse con Carlo Maderno, y pronto, Gian Lorenzo Bernini le empleó en algunas de sus empresas técnicas. Recibió su primer encargo independiente, la iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane, con 35 años de edad, y desde este mismo momento, su arquitectura produjo sentimientos encontrados. Mientras que algunos decían de él que “no había en el mundo nada comparable en mérito artístico, fantasía, excelencia y singularidad”, otros le catalogaban como “un ignorante total, un corruptor de la arquitectura, la vergüenza de nuestro siglo”.

En el ámbito personal, también se ponía de manifiesto esta rareza que caracterizaba sus creaciones arquitectónicas. De él se decía que era irascible, solitario y despiadado cuando estaba enfadado; entre las anécdotas que se cuentan de él destaca la que afirma que, en una ocasión, cuando trabajaba en San Juan de Letrán, sorprendió allí a un hombre estropeando unos bloques de mármol y, como castigo, le mandó apalear tan severamente que murió. Dada su personalidad introvertida y huraña, también se le achacaba una envidia considerable hacia Bernini, su gran rival en la Roma del momento, quien, por su parte, cultivaba todo tipo de amistades y gozó de muy buena reputación durante toda su vida.

Fachada de San Carlo alle Quattro Fontane, Roma (1634-1644)

Fachada de San Carlo alle Quattro Fontane, Roma (1634-1644)

Sin embargo, el episodio más señalado de la vida de Borromini es el final de la misma. En los últimos días de su vida, sufrió unas fuertes fiebres que le provocaban alucinaciones y convulsiones. Los médicos que trataban su caso aconsejaban que no se le dejase nunca solo y no se le hiciese caso en sus peticiones cuando éstas resultaran extrañas. Viéndose ignorado, y creyendo por tanto que todos estaban en su contra, Borromini se dejaba llevar por la ira, lo que empeoraba su estado. A partir de un extracto de su biógrafo, Giovanni Battista Passeri, veremos lo que ocurrió a continuación de estos accesos de furia:

“Una tarde, mediado el verano, se había echado por fin en la cama, pero después de dormir apenas una hora se volvió a despertar, llamó al criado de guardia y pidió una luz y lo necesario para escribir. Al decirle el criado que éstos le habían sido prohibidos por los médicos y por su sobrino, volvió a la cama e intentó dormirse. Pero como no lo conseguía en esas horas calurosas y sofocantes, empezó a dar vueltas agitadamente, como de costumbre, hasta que se le oyó exclamar: ‘¿Cuándo dejaréis de afligirme? Oh pensamientos lúgubres, ¿cuándo dejará de agitarse mi mente? ¿Cuándo me abandonarán todos estos pesares? ¿Qué hallo yo aún en esta vida cruel y aborrecible?’ Se levantó hecho una furia y corrió hacia una espada que, desgraciadamente para él y para el descuido de los que le servían, estaba sobre una mesa; y dejándose caer bárbaramente sobre la punta se atravesó de pecho a espalda”.

Este hecho tuvo lugar la madrugada del 2 de agosto de 1667. No obstante, tras este incidente, Borromini no falleció de inmediato, sino que se mantuvo vivo todo el día y con plenas facultades, de modo que pudo corroborar todo lo ocurrido.

Cúpula de Sant'Ivo alla Sapienza, Roma (1642-1660)

Cúpula de Sant’Ivo alla Sapienza, Roma (1642-1660)

Como ya se dijo más arriba, la arquitectura de Borromini era personalísima. Cabe citar los ejemplos más conocidos, como son la iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane, en la que destaca su magnífica fachada en movimiento y su cúpula ovalada, y la iglesia de Sant’Ivo alla Sapienza, de planta centralizada y que también se caracteriza por hacer uso de un sutil juego de curvas y contracurvas que convierten a este edificio en una de las obras maestras de la arquitectura barroca. No cabe ninguna duda de que Borromini ha sido una de las figuras más enigmáticas del arte occidental, no sólo en lo que respecta a su reservada y tormentosa personalidad, sino también debido a sus construcciones, las cuales se erigen aún hoy en día como verdaderos monumentos a la originalidad y la fantasía constructivas.

 

Vía| WITTKOWER, Rudolf y Margaret, Nacidos bajo el signo de Saturno. Ed. Cátedra, Madrid, 1982.

Más información| Wikipedia

Imágenes| Retrato de Borromini, San Carlo alle Quattro Fontane, Sant’Ivo alla Sapienza

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